Beato JUAN XXIII, el Papa bueno

Cristianismo, Testimonio de vida Dejar un comentario
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Del blog Anunciando, de José María Salaverri, sm:

Carné de identidad
Nombre: Angelo Roncalli (Juan XXIII)
Padres: Angelo y Mariana, labradores
Nace: Sotto il Monte (Italia), 25 noviembre 1881
Profesión: sacerdote, obispo y Papa
Muere: 3 junio 1963
Beatificado: 3 septiembre 2000
Fiesta: 11 de octubre

Su vida
“La Providencia me sacó de mi pueblo natal y me hizo recorrer caminos largos por el mundo entre Oriente y Occidente; conocí gentes de religión y de ideologías diversas; me puso en contacto con los más arduos y decisivos problemas sociales; pero siempre he conservado la paz y el equilibrio y he procurado apreciar las cosas en su justo valor; me preocupa más lo que une que lo que separa…” Así se presenta en Venecia al ser nombrado arzobispo.
Cuarto de ocho hijos. Seminario en Bérgamo. Servicio militar. Ordenación sacerdotal en 1904. Secretario del Obispo. Profesor del seminario. En 1914, movilizado al declararse la guerra. Vuelta al seminario en 1918. Benedicto XV le encarga dirigir la “Obra de la Propagación de la Fe”. En 1925 Pío XI lo manda a Bulgaria como ‘delegado apostólico’. En 1935 a Turquía y Grecia: una misión muy difícil, pero con su bondad gana muchas amistades. En 1939 estalla la Guerra Mundial II y los alemanes invaden Grecia. Ángelo Roncalli, a las órdenes de Pío XII, visita hospitales, pide ayudas, interviene para que Atenas sea respetada. El Papa lo envía de nuncio en París en 1944, misión difícil por las circunstancias políticas, pero de nuevo se gana a todos, cristianos y ateos. Patriarca de Venecia en 1953, atiende sobre todo a los pobres. Al morir Pío XII en 1958, es elegido Papa y toma el nombre de Juan XXIII. Su encíclica ‘Paz en la Tierra’ conmueve al mundo. Convoca el Concilio Vaticano II. Al final de la primera sesión fallece el que sólo había deseado ser un sencillo cura de aldea.

Un momento de gracia en su vida
A los dos meses de ser Papa, -25 de enero de 1959-, ante la sorpresa de propios y extraños, convoca un Concilio Universal.
“¿Qué otra cosa es un Concilio Ecuménico sino la renovación de este encuentro de la faz de Cristo resucitado, rey glorioso e inmortal, radiante sobre la Iglesia toda, para salud, para alegría y para resplandor de la humanas gentes?”
Pío XII lo soñó, lo preparó, y no se atrevió. Juan XXIII se fió del Espíritu Santo. La Iglesia, pensaba, tiene que prepararse a los nuevos desafíos apostólicos del mundo de nuestros días. Debe tomar conciencia de sí, aproximarse a las realidades actuales, dialogar con las personas de buena voluntad, intentar la unión de los cristianos.
Un momento de gracia también para la Iglesia entera.

Para meditar: unos pensamientos suyos

  • “Dios sabe que existo y eso me basta.”
  • “Hoy sólo seré feliz con la certeza que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.”
  • “Jesús vino a derribar las barreras, a proclamar la fraternidad universal; no podemos encerrarnos en casa cerrando las puertas y pensando ‘me ocupo sólo de mí mismo’, ‘los demás no me interesan’… De cada uno de nosotros depende la renovación moral del mundo.”
  • “La paz en la tierra, suprema aspiración, detona la humanidad a través de la historia, no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.”
  • “El camino de la unión de las varias confesiones cristianas es la caridad.”

Para rezar con él y como él
Oh María, tu nombre está en mis labios
y en mi corazón desde mi más tierna infancia.
Desde niño aprendí a amarte como madre mía,
a invocarte en todos mis peligros,
a tener confianza en tu intercesión.
Oh María, puedes leer en mi alma el deseo que tengo
de buscar la verdad y de practicar el bien;
de ser prudente, justo, fuerte y paciente; de ser hermano de todos.
Oh María, afianza mi decisión de vivir como fiel discípulo de Jesús,
para edificación de la sociedad cristiana y alegría de la santa Iglesia católica.
Oh María, te saludo mañana y tarde; te invoco a lo largo de mi camino.
Espero de ti inspiración y fuerza para cumplir
los compromisos de mi vocación aquí en la tierra:
dar gloria a Dios y llegar a la salvación eterna.
Oh María, como tú en Belén y en el Calvario,
quiero también yo estar siempre cerca de Jesús.
Él, que es el rey inmortal de los siglos y de los pueblos.
Amén.
Juan XXIII



Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez Bio de  Daniel Pajuelo VázquezEntradas escritas por Daniel Pajuelo Vázquez


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Daniel Pajuelo Vázquez
 
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