Marxismo y capitalismo prometieron la libertad y engendraron nuevas formas de esclavitud. Y ¿ahora qué?

Cristianismo, Justicia, Paz e Integridad de la Creación, Sociedad Dejar un comentario
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Continuación de ¿Reconocerías a un revolucionario por sus escritos?

No olvidemos que el marxismo comenzó su trayectoria como la gran fuerza política de nuestro siglo sosteniendo que introduciría un nuevo mundo de libertad y liberación humana. […] Nadie puede seguir negando seriamente que este ostensible movimiento de liberación ha sido, junto con el Nacional Socialismo, el mayor sistema de esclavitud de la historia moderna.[…]

Estos procesos han mostrado la superioridad moral del sistema liberal en la política y la economía. Sin embargo, dicha superioridad no es motivo de entusiasmo. Ciertamente, es demasiado grande el número de aquellos que no tienen participación en los frutos de esta libertad, perdiéndola en todas sus formas. […] Ha comenzado una época notable y sin precedentes de desarrollo uniforme. Y de pronto se ha visto, probablemente por primera vez en la historia, que existe únicamente una fórmula, un camino, un modelo y un método para organizar el futuro. Y el ser humano ha perdido fe en el significado de las revoluciones que están ocurriendo. También ha perdido la esperanza de que el mundo pueda cambiar y su transformación valga la pena (…)

Ratzinger, J. “Verdad y libertad”

¿Por qué buscando la radical libertad la humanidad ha engendrado la esclavitud? ¿Dónde está el problema?



Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez Bio de  Daniel Pajuelo VázquezEntradas escritas por Daniel Pajuelo Vázquez


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One Response to “Marxismo y capitalismo prometieron la libertad y engendraron nuevas formas de esclavitud. Y ¿ahora qué?”

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    Luis Soriano Ferriol Says:

    Para simplificar el análisis, conviene hacer abstracción de los aspectos financieros, y olvidarse del dinero, yendo directamente a los bienes tangibles: casas, coches, ropas, comida, por ejemplo. Las desigualdades sociales son un problema de reparto; pero también de producción. Un régimen comunista pondrá su atención en el reparto: una casa por familia, un coche, un traje (el famoso “traje Mao” de los chinos), etc. Un sistema capitalista pondrá su atención en incrementar la producción y, por término medio, habrá dos casas por familia, dos coches, etc; pero el reparto no será uniforme, y habrá quien tenga dos, mientras otros tengan cuatro, o tres, o una,… o ninguna. En un sistema comunista la producción es menor, porque nadie quiere trabajar más que los demás, ya que no obtendrá mejor nivel de vida, quedando incentivada la vagancia, el pasotismo, etc. En un sistema capitalista, quienes controlan los medios de producción, sean propietarios o sólo gestores, tienden a efectuar un reparto desigual que, en parte, premia al que más trabaja; pero que, sobre todo, beneficia al que manda. Como dice el viejo refrán: “el que parte y reparte, se lleva la mejor parte”. Me temo que las crisis, las revoluciones, y también las epidemias medievales de peste negra, no son el problema, sino la solución temporal y provisional a un mundo que tiende inevitablemente al desequilibrio. Es muy triste y lamentable; pero la esclavitud medieval de los siervos de la gleba, desapareció tras la peste negra, por ejemplo. Es una suerte que los hombres seamos mortales. Si fuésemos inmortales, las desigualdades crecerían imparables, hasta el infinito. El proceso se mitiga porque a menudo hay herederos que dilapidan su herencia, como no podía ser de otra manera. Como el poder económico siempre ha estado asociado a la fuerza física, se ha cometido tradicionalmente el error de dejar los medios de producción en manos de los herederos varones. La solución la ha dado la sabia Naturaleza: la inteligencia se hereda en zig-zag entre los sexos: de padres a hijas, y de hijas a nietos; de madres a hijos, y de hijos a nietas. Así, el despilfarro de las herencias es su destino inevitable. Hay un diagnóstico que hizo Jesucristo, y que, diecinueve siglos después, repitió el bolchevique Lenin: “Hace falta un hombre nuevo”, básicamente, que sea generoso, que anteponga el bien común al suyo, que ame al prójimo como a sí mismo, etc. Mientras tanto, seguiremos con los cuatro jinetes del Apocalipsis: el Hambre (las crisis), la Guerra (revoluciones), la Peste y la Muerte.

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Daniel Pajuelo Vázquez
 
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