
La primera vez que te escuché era novicio jesuita, y acababan de asesinar a toda tu comunidad en El Salvador.
Gracias por pensar y buscar, por formular el evangelio de un modo que hoy es acicate y propuesta.
En la prensa se especuló con una condena tajante, de ti y de toda tu obra. Cuando se ha clarificado la notificación, que se centra únicamente en aspectos concretos de dos de tus libros, he respirado, pues la rumorología hacía creer que ibas directo a la hoguera.
Nos sentimos parte de una Iglesia común, santa y pecadora, humana en su fortaleza y su fragilidad.
Carta abierta a Jon Sobrino
Por Jose María R. Olaizola, SJ
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 25 de Marzo de 2007 |


