En 2004 Rachel se curó de un cáncer terriblemente agresivo. Su doctor está totalmente convencido de que no hay una explicación médica. Ella, su familia y algunos amigos sostienen que esta curación fue un milagro que pidieron por la intercesión del Beato Guillermo José Chaminade. Leer más
Este año he estado estudiando italiano en el Instituto de Cultura Italiano de Madrid. En algún momento Óscar se cruzó conmigo, me reconoció como el ‘chico de Nova Bella’, pero no llegamos a hablar. Ahora ya han terminado las clases y nos hemos conocido por email. Le he pedido que comparta con nosotros el testimonio de como llegó a crear esta web: http://www.grupocircular.org. En estas pequeñas historias uno ve con nitidez como Dios enamora nuestros corazones y los transforma en fuentes de su amor para tanta gente que le necesita. Gracias Óscar por compartirlo
Hi cibernautas
Nova Bella me ha dado la oportunidad de presentar una “empresa” apostólica que nació un fin de semana de octubre de 2006, cuando me encontraba de retiro espiritual.
En aquel momento no era nadie especial –tampoco lo soy ahora-, sólo era un joven más de 18 años que veía como sus colegas iban abandonado la fe a medida que crecían (¿te suena esta historia?). Al principio, no lo comprendía. Increpaba a Dios preguntando por qué en la parroquia, entre los amigos, en la diócesis, iba quedándose gente por el camino.
Tenía dos opciones: una fácil y otra difícil. O dejarme llevar por la corriente y despreocuparme; o responder a esa llamada del corazón que me decía –citando a Juan Bosco- “no hay jóvenes malos sino mal orientados”. En ese finde de oración Dios me pidió que le ayudase a llegar a mis colegas y compañeros. Desde ese fin de ese retiro me preocupé por mi formación humana y cristiana, y busqué compartir lo que aprendía con mis amigos. Así nació CIRCULAR, unos correos semanales a modo de catequesis. Sin embargo, no todo es camino de rosas, Dios pide fidelidad y que sólo hagamos las cosas por Él y no por nosotros.
Al año pasé una mala temporada, que afectó también a mi labor en CIRCULAR. ¿Para qué dedicar tiempo a esto si seguro que nadie lo lee? Como siempre, el hombre pidiendo pruebas a Dios. Hasta que, gracias a un amigo, comprendí que no debía de hacer esta labor por los resultados o por mí, sino sólo por Cristo. Debía imaginarme cómo esperaba nervioso Dios con su portátil en cielo tener en su bandeja de entrada del correo el CIRCULAR de esa semana. Es decir, ¡hacerlo sólo por Él y para Él!
Ese acto de fe me bendijo al poco tiempo con la conversión de mi mejor amigo, un ateíllo que se ría de mí cuando dedicaba tiempo a Dios y a sus cosas. Ahora es él mi máximo ayudante en CIRCULAR. De ahí se creó GRUPOCIRCULAR que englobaba las catequesis dominicales que llamamos ‘el circular’, un blog, un espacio en youtube con una gran clasificación de videos y material audiovisual propio, un página web, etc. Buscamos evangelizar con un material hecho por jóvenes y para jóvenes.
Este año, al equipo se han unido cinco personas más. Un regalazo del Jefe!
Desde que llevo esta labor me escribe mucha gente de diferentes partes del mundo pidiendo recibir nuestras catequesis -sobre todo desde América latina- y hemos sido testigos de varias vocaciones específicas entre los que recibían las catequesis.
Jamás entenderé por qué yo -por qué nosotros-, si valemos menos que las monedas de céntimo… No lo sé, lo único que sé es que cuándo Dios te pide algo hay que hacerle caso. Él se sirve de nuestra debilidad para mostrar su fortaleza.
¡Gracias por tu tiempo herman@! Que Dios te bendiga!!
Óscar de la Fuente
El día del estreno fuimos a ver “La última cima” y volvimos con lo último en decepciones cinematográficas, no sólo porque no vimos la película, que no proyectaron por problemas técnicos del cine, sino porque, ya que estábamos, entramos a ver otra película de la que ni siquiera me molestaré en poner el título.
Tras este primer intento frustrado, y ya sin esperanza de poder ver la película por problemas de agenda, finalmente ayer sin esperarlo, las cosas surgieron de tal manera que pudimos volver al cine y verla. También en esta ocasión falló el comienzo de la proyección, pero tras la preocupación inicial lo arreglaron y la pudimos ver sin más sobresaltos.
Pero vamos a lo importante. Personalmente considero que ha valido la pena el esfuerzo de ir a ver esta película, en realidad documental. Está muy bien hecho, consigue mantener la atención y el interés hasta el final, y sobre todo, transmite en todo momento, un gran sentimiento de gozo y esperanza de lo más real, y en absoluto de ciencia ficción como ocurría simultáneamente en el resto de salas del cine. No se trata de una película basada en hechos reales, sino de hechos reales contados en pantalla grande, de la boca de familiares, amigos, alumnos y conocidos. Está hecho además con mucho gusto cinematográfico. Simplemente, merece la pena verla, para recordar que no todo es una mierda, algo que fácilmente se nos olvida, inmersos en el día a día de nuestras debilidades y las de los demás.
Gracias al director, Juan Manuel Cotelo y a infinito +1 por llevar a cabo esta iniciativa. Si no me equivoco, es la primera vez que las salas de cine ven algo así en sus pantallas, aunque esté costando mucho su proyección en las distintas ciudades. Desde la página oficial de La última cima se puede solicitar su proyección y ver en qué ciudades y salas se proyecta
ATENCIÓN: Este vídeo puede herir la sensibilidad de algunas personas. En él aparecen seres humanos que se alimentan de los desechos de otros seres humanos.
Al ver este vídeo mi atención quedó fijada en la bendición que hace la familia pobre de la mesa, la señal de la cruz. Bendecir la mesa es reconocer que todo nos ha sido regalado. Si una familia da gracias de corazón sincero por poder comer basura, me pregunto, por qué los que tenemos el estómago revuelto de tanto comer podemos maldecir a Dios porqué no ha hecho un mundo a nuestro gusto.
Cuando tenía 11 años mi hermana Elena, que escribe en este blog, vino al mundo. Las circunstancias de su alumbramiento fueron complicadas, tanto ella como mi madre sufrieron mucho, Elena estuvo a punto de morir. En medio de dificultades inmensas el amor de Dios la rescató. Los médicos no daban crédito.
El curso pasado tras publicar una entrada en su blog relacionado con esto y el trabajo que desempeñaba como enfermera en neonatos sucedió lo inesperado, su testimonio tocó muchos corazones. Le pidieron que compartiera este testimonio en un congreso de medicina perinatal que hubo en Granada la semana pasada. Aquí os lo dejo. Vale la pena escucharlo y compartirlo.
Gracias Señor por la vida de Elena que nos ayuda a reconocer la grandeza de lo pequeño. Concédenos el regalo de vivir dando vida, en actitud agradecida por tanto amor como hemos recibido
La grandeza de lo pequeño
Elena Pajuelo Vázquez. Año 2010
Soy la pequeña de tres hermanos. Cuando mi madre se quedó embarazada, mi hermano Dani tenía ya 11 años y Sara 8. La noticia del nuevo miembro en la familia fue toda una sorpresa, y aunque inesperada, fue bien recibida por todos.
El embarazo fue controlado y sin incidencias, como cualquier embarazo. Un día 24 de Octubre de 1988, un mes antes de lo previsto, mi madre empezó con contracciones. Un tercer embarazo suponía un riesgo añadido, por haber sido los dos anteriores con cesárea. Así que tras consultar con su médico ingresó en el hospital, y después de monitorizarla decidieron practicar cesárea urgente, porque el feto estaba sufriendo.
Nací a las 21.30 de la noche, en el Hospital de la Salud de Valencia. Presentaba un Apgar de 3/7. Tenía distrés respiratorio que iba cada vez más en aumento, por lo que me pusieron oxígeno y me trasladaron de urgencia al Hospital de la Fe.
Mi madre al despertarse de la cesárea no me vio, y nadie le explicó dónde estaba ni qué me había pasado. Ella me cuenta que lloraba desconsolada porque no podía verme mientras estuviera ingresada en el hospital. Cuando llamaba preguntando por mí, las noticias eran pocas y no muy halagüeñas. Fue mi padre el que subió en la ambulancia cuando me trasladaron a la Fe, el que venía día a día a mirarme detrás de ese cristal de la unidad de Intensivos, el que esperaba pacientemente las horas de visita para poder asomarse a la incubadora y tocar esas manitas minúsculas que buscaban calor humano. Mis padres cuentan que estaba llena de tubos, tan pequeñita, tan indefensa.
Las noticias no eran buenas. La primera fue que mis pulmones no funcionaban en toda su capacidad, tenía Membrana Hialina, que vieron en una radiografía al tercer día de vida. Los primeros días 7 días estuve intubada con oxígeno con una FiO2 hasta el 80%.
Al 5º día detectaron un soplo sistólico con sospecha de ductus, pero que se cerró a los días con tratamiento.
Al 8º día comencé con una poliuria intensa, hiponatremia, hipercalcemia, aumento de la tensión arterial y signos de deshidratación. En dos días perdí un kilo y medio de peso. El riñón no funcionaba porque tenía trombosis aórtica en el riñón derecho. A mis padres no les dieron muchas esperanzas. A pesar de que me rehidrataron en altas dosis el pronóstico no era favorable.
Los días que estaba ingresada en la Salud estaba casualmente la Virgen de los Desamparados en la capilla del hospital, la sacan una vez cada cincuenta años. Mi madre y mi padre iban cada día a rezarle, a compartir la oración y el sufrimiento, la incertidumbre de no saber que va a pasar. A veces por mucho que queramos, hay cosas que no dependen de nosotros. Dejarlas en manos del Señor nos da tranquilidad y confianza, él provee y vela por nosotros en cada momento.
Los que creemos en Dios le llamamos milagro, los médicos dicen que fue simplemente fascinante. Sacando fuerza de no sé sabe de dónde, comencé a tolerar la alimentación vía oral a los 10 días. El trombo persisitía pero parecía que yo iba mejorando, a pesar de seguir con tiraje y polipnea. Fui ganando peso y al mes de estar ingresada pesaba 2960, peso y estado de salud adecuado para el alta hospitalaria. El trombo seguía en el conducto de mi riñón derecho, pero parecía estar controlado, así que me mandaron a casa. El recibimiento fue por todo lo alto, para mis hermanos fue toda una fiesta recibir a la hermanita que había estado malita y que habían visto a través de un cristal durante un mes.
Cada semana iba al hospital para radiografías, pruebas, analíticas…para que los médicos comprobaran que mi crecimiento era normal. Estaban realmente asombrados. El trombo desapareció con el tiempo. Y crecí como cualquier niña, entre risas, calidez y rodeada de mi familia.
Abril del 2009. Me levanto por la mañana con algo de nervios, ilusionada, pensando cómo será la sala del hospital dónde voy. Cómo serán las enfermeras, el funcionamiento de la sala, los bebés a los que voy a cuidar. Estoy nerviosa. Durante estos años de prácticas me he ido reafirmando de que esta es mi profesión, y que tengo vocación de cuidar, de dar, de estar cerca de las personas. Cuando empecé la carrera muchos me preguntaban que por qué no Medicina, si tenía nota, si podía aspirar a más. Y yo, sonriente, siempre les decía que no, que yo quería ser enfermera, que era mi vocación. Y que sería la mejor.
El corazón me da un vuelco al llegar a la unidad neonatal, y ver tantos bebés pequeños, cada uno aislado en la incubadora con sus tubos, sondas, sábanas… Me asomo viéndoles la carita, acariciando sus frágiles manos, y me dan ganas de cogerlos y abrazarlos; instinto protector.
Dentro de mí siento contradicción. No merecen sufrir, por qué tienen que estar llenos de tubos, luchando con la vida a cada minuto. Por qué les ha tocado a ellos, por qué… Nadie sabe qué calidad de vida les espera cuando crezcan, qué secuelas quedaran de su prematuridad, y si todo eso merece la pena. Y miro a Roxana, a Martina, a Jose, y me encantaría poder cuidarles hasta que salgan del hospital, verles crecer.
Al llegar a casa uno de esos días de abatimiento, llamo a mi madre, y le cuento mi desconcierto, la sensación de impotencia que siento al ver la fragilidad de la vida. Ella me dice que yo también fui uno de esos bebés, que cómo no acordarse. Sufrieron, pero nunca dudaron en que la vida me empujaría. Cuando cuelgo me quedo bloqueada, vaya sensación. Yo estuve ahí, hace 20 años, al otro lado, en la cuerda floja. Y casualmente ahora soy enfermera y estoy viendo mi imagen reflejada en los bebés, estoy viendo en los padres que pasan las horas allí a mis padres, estoy sintiendo una conexión y una afinidad increíble con todo lo que ocurre allí.
No puedo dejar pasar esto, tengo que escribirlo, tengo que contarlo a alguien. Así que nada más llegar a casa enciendo el ordenador. Las palabras brotan solas, escribo sin saber muy bien el alcance que puede tener y la gente que lo leerá.
El periodo de prácticas pasa volando, y cuando he conseguido asimilar el día a día allí, ya me tengo que ir. Una de las últimas tardes en el hospital, abro el blog en un rato tranquilo de silencio, y descubro varias respuestas, entre ellas las de mi padre y mi hermano. Y me emociono. La enfermera con la que pasaba esa tarde me preguntó qué me pasaba. Le miro, y le señalo el ordenador.
Lo demás vino solo. El blog lo leyó más gente de la que nunca hubiera pensado, y mi testimonio sirvió para padres de prematuros, como un chorro de esperanza, de vitalidad.
Hago balance de este tiempo, de mi corta vida, 21 años. Y me reafirmo en que hay que luchar por todo, dar vida a raudales, sacar lo que llevamos dentro, que es mucho. Descubro a cada paso la grandeza de lo pequeño. Y sé que dentro de mi profesión puedo dar mucho, y ser instrumento de cuidados y paz.
En sintonía con la entrada anterior de Dani, me gustaba rescatar este vídeo.
Vivimos unos tiempos complicados para la Iglesia, y para todos los que somos parte de ella. Las últimas noticias han provocado una reacción atacante contra el Papa y todos los sacerdotes.
Muchos tenemos amigos, conocidos o familiares sacerdotes y sabemos el daño que hacen muchas palabras. Un vídeo como este puede ayudar a no generalizar y saber que hay mucha gente buena en el mundo y mucha gene que vive auténticamente la llamada a la vida sacerdotal.
Carta del sacerdote Martín Lasarte, sdb, misionero Uruguayo en África, al New York Times.Abril 2010.
Querido hermano y hermana periodista:
Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.
Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.
Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.
¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños… No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.
No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.
No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.
La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.
No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…
Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.
Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.
Hoy celebramos en la Iglesia la solemnidad de la Santísima Trinidad, y estamos invitados a rezar por los religiosos y religiosas que se han consagrado a la vida contemplativa.
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador» (Lc 1, 46s.). Con las palabras de nuestra Madre la Virgen y viviendo bajo su amparo no puedo más que decir que estoy profundamente agradecida al Señor, y reconocer con el profeta que «me has agarrado y me has podido» (Jer 20, 7), el Señor ha sido más fuerte que yo, me ha vencido.
Me ha vencido y me vence, no me ha aplastado, ni me coloca una argolla en el cuello, no fuerza mi voluntad, es el Amante paciente que con inmensa ternura espera, me concede la gracia de decirle «sí». En su gran poder, el Señor es un Guerrero valeroso que lucha contra el enemigo y va derribando cada día mis idolatrías. Dios Todopoderoso en su infinito amor por todos nosotros, con el único deseo de que seamos felices, para que sea y viva tal y cómo él ha pensado en mí, que es sencillamente que yo sea feliz, que pueda ser sólo para Él, lucha cada día con mis enemigos: con mi soberbia, mis envidias, mi deseo de ser… «Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies, debajo de tus pies» (Sal 110, 1). Sí, en este combate no me he cansado, ni se han desgastado mis sandalias, antes al contrario puedo decir con el salmista «has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino» (Sal 4).
La historia de todos tiende a un único fin: ser en plenitud, para que así participemos ya aquí en esta tierra de la Vida Eterna. Para mí el Señor ha pensado en esta comunidad de Buenafuente del Sistal, una pequeña comunidad cisterciense que desde el año 1243 alaba ininterrumpidamente al Señor desde este bello rincón del Alto Tajo en la provincia de Guadalajara.
No es el monasterio que yo hubiese escogido, ni la comunidad… Sin embargo
todo lo ha dispuesto el Señor para que día a día vaya siendo un poco más para Él y un poco menos para mí, para que pueda salir de mí misma, dejar de vivir haciendo ladrillos para el faraón, que es mi «yo» que nunca se sacia, y empezar a ser libre para entregarme,
todo esto en la precariedad de mi pobreza, pobre de solemnidad, todo lo recibo del Señor, solo he de pedírselo y salir a recoger «el maná» cada día.
Monja, que significa sola, sola a Solo, sola para el Señor en un monasterio, un cenáculo eucarístico donde la hermana es Cristo, la comunidad es Cristo resucitado y vivo para el mundo, Cristo encarnado en las pobres y pequeñas mediaciones que somos cada una de las hermanas que conformamos la comunidad. Y en la comunidad igual que en el altar, el Señor obra el milagro de comunión, a pesar de mi lepra, la autosuficiencia y la razón, que me aíslan y excluyen de la vida comunitaria; por gracia del Espíritu Santo y por su infinita misericordia, a pesar de nuestras miserias y debilidades, estamos llamadas a ser la humanidad de Cristo resucitado hoy para tantos hermanos nuestros que no conocen el amor de Dios.
Ante tal abundancia y prodigalidad de amor del Señor por esta su pequeña, sólo le pido que no me suelte de su mano, aunque yo lo intente, y caminar siempre por el abismo de esta vida con paz y alegría porque voy agarrada de su mano.
Se va acercando el verano, y se presenta un tiempo para descansar, pero también para seguir construyendo juntos un mundo mejor y un tiempo para poder ayudar de una manera especial a quien más lo necesitan. Entregar nuestro tiempo, con aquellos que menos tienen o que más lo necesiten.
En la institución donde trabajo, Hermanas Hospitalarias, el equipo de Pastoral Juvenil hemos organizado unos Campos de Trabajo en diferentes provincias de España, con personas que sufren enfermedad mental.
Hoy como ayer Hospitalidad es apostar por la dignidad de la persona, ofreciéndola cuidados en todas sus dimensiones: humana, psicológica, espiritual, etc.
Tienes la oportunidad de ser protagonista de esta historia de humanidad.
Se trata de una experiencia Hospitalaria y Cristiana donde podrás brindar al que sufre espacios de escucha, alegría, acogida, tiempo de ocio, calidad y calidez humana.
Te invitamos a que puedas dar un color diferente a tu vida, a que descubras el color de la Hospitalidad.
Si te inquieta la idea, te cuestiona, si te apetece pasar unos días de compartir y vivir con estas personas, favoritos de Dios, o simplemente quieres saber algo más sobre esta experiencia, puedes pinchar en el siguiente enlace y podrás estar informado.
Tim es un bebé abandonado por su madre, un niño maltratado por su padre, un adolescente violado en las calles de París. Su objetivo: “matar a mi padre a puñetazos”. Su odio y su coraza contra el dolor, le convierten en campeón nacional de boxeo y en líder de una banda que siembra el caos. Pero en la cima del éxito, el rencor le asfixia. Sólo respira el día en que descubre el amor de Dios Padre, el “Big Boss”.
Joe Eszterhas, el famoso guionista de Instinto Básico, Show Girls o Pulp Fiction ha vivido una conversión a la fe cristiana. En 2008 publicó el testimonio de su conversión al catolicismo en un libro que se llama “Crossbearer: A memoir of faith (Portador de Cruz: un recuerdo de FE).
En el verano del año 2001, Eszterhas fue diagnosticado con cáncer de garganta. Debió someterse a una delicada cirugía y recibió la orden médica de dejar el alcohol y el tabaco. Eszterhas tenía 56 años, siempre tuvo un estilo de vida alocado y sabía que cambiar sus hábitos no sería fácil.
Un día, que Eszterhas describe como “infernalmente caluroso”, estaba caminando por la calle cuando se dio cuenta que su vida había tocado fondo.
“Me estaba volviendo loco. Estaba muy nervioso. Temblaba. No tenía paciencia para nada. Cada terminación nerviosa demandaba un trago y un cigarrillo”, recuerda.
Se sentó en el piso, comenzó a llorar y de repente comenzó a rezar. “Por favor, Dios, ayúdame”, dijo.
En ese momento, se dio cuenta de que no rezaba desde niño. “No podía creer lo que había dicho. No supe por qué lo había dicho. Nunca antes lo había dicho”, recuerda.
Inmediatamente, Eszterhas se sintió sobrecogido por un sentimiento de paz y se acabaron sus temblores. En ese momento, tal como le ocurrió a Saulo camino a Damasco, vio “una luz brillante, deslumbrante, casi cegadora que me hizo cubrir mis ojos con las manos”.
Para Eszterhas, esta experiencia fue determinante. Pasó de dudar sobre poder vivir sin tabaco ni alcohol, a saber que podía vencerse a sí mismo y triunfar.
En ese momento comenzó su camino de regreso a la Iglesia pero el escándalo sexual que afectó duramente a los católicos en Estados Unidos se convirtió en un escollo para terminar su retorno. Por eso optó por asistir a servicios no denominacionales, pero finalmente se convenció de que no podía dejar de ser católico.
“La Eucaristia y la presencia del cuerpo y sangre de Cristo está en mi mente y es una experiencia sobrecogedora. La Comunión es poderosa y es casi un sentimiento celestial”, afirma.
Nos narra su testimonio de fe también en este vídeo:
Esta conversión viene a sumarse a otras como las de Kirk Cameron, Samuel L. Jackson, Martin Sheen o Jim Caviezel ¿Qué está pasando en Hollywood?
Querida Paca,
la semana pasada, llevado por el don de la amistad hasta tu casa, nos sentamos a charlar en tu terraza. Protegidos del frío por sus cristales miramos el cielo azul moteado por pequeñas nubes. A medida que el día se apagaba se encendía en nuestra conversación la luz interior del que es capaz de disipar toda tiniebla. Juntos, tu hermana, tus nietos, tú y yo compartíamos nuestra mirada de fe sobre las cosas.
De mi primer encuentro contigo guardo en mi corazón el testimonio de tu fe luminosa y tierna, acompañando a tu marido en el paso final. De este segundo encuentro me llevo la certeza de que el Señor te escucha por tu humildad y obra maravillas en ti. Ahora entiendo porque en tu casa me sentía como en la casa de María.
Gracias por la verdurita, las pechugas de pollo y ese rico postre totalmente original, gracias por invitarme a tu mesa, por permitirme compartir mi fe bajo ese cielo azul que tan bien se contempla desde tu terraza.
Son casi las siete de la tarde, miro a través de mi ventana el mismo cielo bajo el que nos movemos y existimos.
Señor, que cuantos contemplen este cielo, obra de tus manos, descubran tu inmensidad y el profundo amor que les tienes. Amén
Somos Elena, Paco, Vicente, Daniel, Sergio, María, Luis María y Javi, intentamos buscar día a día la voluntad de Dios y crecemos compartiendo con sencillez nuestros dones, inquietudes y esperanzas. Nova Bella está tintada de los colores de nuestras vidas: la informática, la educación, el diseño, la lectura, la búsqueda de Dios…
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