De Álex - Foros de Ágora:
Me pongo en tus zapatos, pero mis pies ya no son mis pies, sino los tuyos. Por eso el zapato nunca me viene tan pequeño como para que me resulte incómodo; por eso el zapato nunca me viene tan grande como para que ya no pueda rozar mi piel, que es la tuya.
Me pongo, entonces, en tu piel, pero, desde el momento en que lo hago, la siento como mía y me atrevo a sentir como tú sientes, no como yo siento, ni como –torpe de mí– querría que sintieras. Y descubro cuán diferentes somos las personas, cuánto de especial hay en cada una… y qué poco derecho tengo a juzgarte.
Me pongo a mirar, por último, a través de tus ojos, y entonces descubro por qué alguien inventó la palabra perspectiva. ¡Qué sorpresa! Miramos lo mismo… y vemos diferente. Pero a mí no me importa. Porque sé que luego nos tomaremos de la mano y trataremos, juntos, de acercarnos a aquello que miramos… y de acercárnoslo el uno al otro.
Y entonces entiendo un poco más por qué aquel de Nazaret dijo que nos amáramos los unos a los otros.
Y entonces, también, le pido que, si esto es comprender –quién sabe…–, me ayude. Me enseñe. Porque yo, que soy torpe, me doy cuenta de cuántas veces pongo tus zapatos en mi pie, me cubro con tu piel y te regalo mis gafas.
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 5 de Mayo de 2006 |


