Pensemos un poco sobre los Derechos de Autor, el copyright

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En mi país la persecución de los delitos contra la propiedad intelectual va en aumento. El gobierno actual quiere implantar una ley por la que, sin necesidad de una orden judicial, te desconecten Internet, si tras tres avisos sigues descargando contenido protegido por los derechos de autor. A la par los jueces reconocen, como ha sido siempre aquí, el derecho a la copia privada, y las entidades de defensa de los autores (SGAE a la cabeza) hacen campañas coaligadas con el gobierno para demonizar a los que copian música o cine.
En todo este debate se olvidan las cuestiones importantes, ¿qué es el copyright? ¿qué es la propiedad intelectual? ¿en qué se fundamenta? ¿se puede poner precio a una idea? ¿existen ideas originales, propias de una sola persona o grupo? ¿a quién beneficia esta concepción de la propiedad privada intelectual? ¿hay explotación por parte de los intermediarios? ¿produce pobrezas, excluídos y paradojas este sistema? ¿tiene algo que decir la Iglesia con respecto a esta cuestión? ¿qué principios rigen la moral cristiana en este sentido?

Al hilo de estas cuestiones me ha gustado una reflexión de José María Lancho, abogado. Extraigo parte. Creo que es muy clarividente:

Un sabio francés, un tal Descartes, ima-Lancho
ginaba el mundo constituido por una sola
materia homogénea, con completa ausen-
cia de vacío, un “verdadero cuerpo, per-
fectamente sólido, que llena por igual
todas las longitudes, anchuras y profundi-
dades de ese gran espacio. Bueno, los
modernos juristas que se enfrentan a los
inmateriales no han ido mucho más lejos,
han llenado lo invisible de estacas y alam-
bres, parcelando, hasta lo inverosímil, los
productos del espíritu y la conciencia. Así,
desde las líneas de código para ordenador,
las creaciones intelectuales de todo orden
e incluso los axiomas de la experiencia
económica (el denominado know how),
han sido todas cubiertas con el “manto
cosificador de la propiedad”, parafrase-
ando a Francois Ost, el gran jurista belga
de la defensa de la naturaleza.
Estamos en un momento de la ciencia
jurídica, y de la eficacia hipertrófica del
Estado que la sustenta, en que práctica-
mente nada que pueda nacer del pensa-
miento puede escapar de la apropiación y
de la divisibilidad hasta el infinito, en
valores susceptibles de comercio. No
podemos extrañarnos: en el núcleo ideoló-
gico y técnico de nuestro derecho civil se
encuentran las herramientas para transfor-
mar y patrimonializar todas las cosas,
incluso las invisibles concepciones de
nuestro pensamiento.
Este proceso, aplicado al ámbito de lasSoftware libre
creaciones del pensamiento, ha producido
enormes paradojas en beneficio de pocos,
y no sólo en el ámbito privado, sino abu-
sos que han condicionado el propio fun-
cionamiento del sector público. Por consi-
guiente, no es de extrañar que haya
habido una reacción global y contraria y
negacionista de la propiedad intelectual.
Ese no ha sido el camino emprendido por
el software libre. Pero de hecho, cualquier
movimiento que cuestione las experien-
cias abusivas de la propiedad intelectual
corre el riesgo de ser interpretado como
un movimiento antipropiedad intelectual.
Eso, precisamente, ha acontecido en
buena manera con el software libre.
Sin embargo, el software libre es una
reacción desde la propiedad intelectual
desde la propia legalidad para, utilizando
la norma, impedir su uso abusivo, y en
concreto, que unas pocas empresas pue-
dan cerrar desarrollos y adecuar la liber-
tad de innovación informática a su exclu-
sivo ritmo de beneficios.
La búsqueda de libertad parece exigir
una huida de las normas, sin embargo,
cuando esa libertad no se busca en sole-
dad y no se persigue para uno solo, exige
el compromiso visible e igualitario de las
normas. Esa opción la tomó muy lejos en
el tiempo el software libre.

José María Lancho en Linux Magazine, nº55, pg 91

Vosotros/as, ¿qué pensáis?



Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez Bio de  Daniel Pajuelo VázquezEntradas escritas por Daniel Pajuelo Vázquez


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One Response to “Pensemos un poco sobre los Derechos de Autor, el copyright”

  1. 1
    Sergio Miguel Martín Says:

    “Estamos en un momento de la ciencia
    jurídica, y de la eficacia hipertrófica del
    Estado que la sustenta, en que práctica-
    mente nada que pueda nacer del pensa-
    miento puede escapar de la apropiación y
    de la divisibilidad hasta el infinito, en
    valores susceptibles de comercio. ”

    A mi parecer, esta es la clave del problema, han surgido nuevos nichos de mercado que se les escapan de las manos a los que buscan negocio fácil y quieren recuperarlos como sea. Cuando hacer copia de un cassette era una odisea, a nadie le preocupaba que la gente intercambiara su música, ahora que el papel del intermediario es cada vez más innecesario en ciertas áreas para el consumidor, viene la preocupación y la criminalización. Y por supuesto, el argumento ideal para subir los precios de cualquier cosa a costa de un presunto delito. Es como si un día vas a la frutería y te dicen que te van a cobrar por entrar porque últimamente algún vecino va al campo a recoger la fruta que van a consumir ese día y están perdiendo dinero (ganando menos).

    Las patentes se inventaron para fomentar el conocimiento de los nuevos avances, de forma que se fomentase el desarrollo de nuevas ideas en base a las existentes en las patentes como fuente de información común, aunque protegida, pero no se pensaron en cualquier caso para hacerse millonarios a costa de ser el primero en patentar una idea.

    Existe una realidad nueva y no se sabe qué hacer con ella, pero nadie se quiere quedar sin un trozo de pastel.

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Daniel Pajuelo Vázquez
 
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