Podríamos explicarlo de esta forma: el sufrimiento humano actúa como un gas en una cámara vacía; el gas se expande por completo y regularmente por todo el interior, con independencia de la capacidad del recipiente. Análogamente, cualquier sufrimiento, fuerte o débil, ocupa la conciencia y el alma entera del hombre. De donde se deduce que el ‘tamaño’ del sufrimiento humano es absolutamente relativo. Y a la inversa, la cosa más menuda puede generar las mayores alegrías.
“El hombre en busca de sentido” (Viktor Frankl)
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 7 de Enero de 2008 |

