En muchos momentos de la vida, queremos hacer las cosas con prisas, sin prestar atención a los detalles, y nos dejamos llevar por lo que queremos conseguir, sin pararnos en cómo se va realizando.
Después cuando lo conseguimos, pensamos que somos los mejores, y nos olvidamos de que todo lo que hacemos, lo hacemos por los demás. Que nada es nuestro, sino de Dios.
Sin embargo, hagamos lo que hagamos, sus manos y su aliento siempre van a estar con nosotros.
El cortometraje que hay a continuación, además de ser una maravilla en 3D, escenifica muy bien esta situación. Es muy bonito como aprendizaje y reflexión personal.
Publicado por María Arias Cabello el 29 de Noviembre de 2006 |


