
Con los ojos pegados por el cansancio, la espalda dolorida del duro trabajo y la mente llena de ruidos, vengo a tus brazos Señor. Acurrucado en tu pecho siento latir tu corazón, y todo vuelve a estar en calma, como el primer día.
En el silencio de la oración siento latir tu corazón.
Imagen tomada de pARTido
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 7 de Octubre de 2007 |

