El canto de la letanía de los santos (las “Laudes Regiae”) sustituía al canto de entrada de la Misa. En lengua latina se pedía a Jesucristo, por la intercesión de Santa María y de todos los santos, que ayudase a la Iglesia y al Romano Pontífice: “Santa María, San José, San Juan Bautista… Ayudad a tu Iglesia, ayudad al Papa”. Esta acción litúrgica, el canto de las letanías, explicaba el Papa en su homilía, manifiesta una realidad profunda: “el que cree no está nunca solo”, estamos siempre “rodeados, conducidos y guiados por los amigos de Dios”. Más aún, nosotros mismos, los bautizados, formamos parte de esta gran familia de los santos, porque el Señor nos ha hecho nacer por el Bautismo y nos alimenta y nos hace semejantes a Él por la Eucaristía. Una realidad sensible - el canto - expresa una realidad invisible: el misterio de la Iglesia como asamblea de los santos, vivificada por el agua bautismal y por la Eucaristía.
Benedicto XVI
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 10 de Febrero de 2006 |


