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Los niños no son ni abstracciones ni números: cada uno difiere algo de los demás, cada uno ha recibido de Dios su invidualidad, sus facultades, su vocación y su misterio propio. El educador debe esforzarse en reconocer con respeto esta individualidad y en desarrollarla con amor. La persona humana es un ser único con toda su riqueza de facultades, toda su fuerza y toda su belleza.

FRANCISCO KIEFFER, sm
<Espiritualidad Marianista>

Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 15 de Junio de 2007
Categoría: Cristianismo, Educación, Meditación
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