Los lentos molinos de Dios, Benedicto XVI en España

Cristianismo, Sociedad Dejar un comentario
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De José María Salaverri, sm:

La obra de la Sagrada Familia va lentamente, porque el Dueño de esta obra no tiene prisa…”, así decía su genial creador, Antonio Gaudí.

Todos tenemos en la mente la imagen de esas torres, originales y majestosas, que se elevan hacia el cielo como una oración de belleza en piedra. Esa imagen de la Sagrada Familia se ha convertido en el símbolo visual de la ciudad de Barcelona. Por fin se abre a la oración, a la eucaristía, con -¡nada menos!- que un Papa consagrándola. Se puso la primera piedra en 1882. No está terminada, necesita recibir todavía más belleza durante unos cuantos años más… A ella consagró su vida Gaudí: “Dejemos -decía- una vigorosa muestra de nuestra huella y que las generaciones venideras sientan el estímulo de hacer el resto”.Lo están haciendo.

Todo esto me recordó algo que leí hace muchos años. Charles A. Beard (1874-1948) fue un historiador norteamericano nada conformista. Hacia el final de su vida, en una entrevista, le pidieron que resumiese en un breve libro las lecciones que había sacado de sus muchos años de estudios históricos. Contestó: “¿Un libro? No hace falta. Las puedo resumir en cuatro frases”. Unas frases simbólicas, muy acertadas, que dejó sin comentario alguno. La tercera era la siguiente: “Los molinos de Dios muelen lentamente, pero la harina que resulta es fina”.

¡Cuántas veces nos hemos quejado de lo que llamamos ‘lentitudes’ de la Iglesia! En este siglo de la inmediatez queremos aplicar a las cosas de Dios y de la naturaleza las leyes de la técnica, la ley de la velocidad supersónica. En una palabra: suprimir la espera. ¡Cuántos han querido transformar la sociedad, hacer un hombre nuevo a base de revoluciones! A base de ‘ordeno y mando’, de eliminar lo que y los que estorban. Robespierre, Napoleón, Lenin y Stalin, Hitler, Pol Pot… y algunos más de nuestros contemporáneos. Todas han cortado cabezas con resultados bastante exiguos y poco alentadores.

Dios no tiene prisa. Porque cree “en la l-e-n-t-a eficacia del amor”, como escribió en cierta ocasión José Luis Martín Descalzo. Y así ha ido produciendo, a lo largo de la Historia, “harina más fina” y más duradera. La Iglesia, única institución humana que dura desde hace 2000 años, es su obra maestra. Los grandes santos -pensemos en un san Ignacio de Loyola, en una Teresa de Jesús y tantos…- siguen ejerciendo su influencia hoy, a pesar de los siglos que nos separan de ellos. Harina fina. Pero, como bien señalaba Charles Beard, los granos de trigo -nosotros- han de ser ‘molidos’ -como el Hijo de Dios-, para transformarse en la harina fina de la comunidad eclesial. También esto lo vio claramente Antonio Gaudí cuando le encargaron un templo “expiatorio”, detalle que hoy pasa un tanto desapercibido. Decía:
“El templo de la Sagrada Familia es expiatorio. Esto quiere decir que ha de nutrirse de sacrificios, si no se pudiese nutrir de ellos, sería una obra reprochable y no se terminaría. La palabra expiatorio subleva a los sectarios (y, añado yo, a nosotros los católicos mediocres de hoy). El sacrificio es necesario para el éxito de las obras, incluso las que son lentas”.

Pero, atención, la lentitud de Dios no es indolencia, es maduración. Algo que nunca se alcanza con las prisas. Lo mismo podría decirse del otro lugar que visita el Papa: Santiago. Su camino, que dura desde hace siglos, está ahí, para ser recorrido a pie, para que las monótonas, y a veces dolorosas pisadas maduren el alma.

Las torres de la Sagrada Familia y las ya centenarias de la basílica del apóstol Yago, son muestra de una espiritualidad que se transforma en fina belleza en los lentos molinos del Señor. Ahí están recordándonos que las raíces sobre las que se han levantado, -las de España y las de Europa-, son cristianas. Pero, que somos nosotros, cristianos del siglo XXI, quienes tenemos que mantenerlas enhiestas. Con nuestra fe y nuestro sacrificio. Benedicto XVI nos anima, con su ejemplo y sus enseñanzas, a entrar sin miedo en los lentos molinos de Dios. Fabrican una fina harina de santidad
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José María Salaverri sm
(23 de octubre de 2010)



Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez Bio de  Daniel Pajuelo VázquezEntradas escritas por Daniel Pajuelo Vázquez


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3 Responses to “Los lentos molinos de Dios, Benedicto XVI en España”

  1. 1
    Carmen Says:

    Tienes razón, Dios no tiene prisa… con los enfermos, con los niños, con nosotros… si llega a esperar por nosotros…! paciencia. No vemos su mano que nos coge y nos lleva, santa paciencia!, sus caricias que son un “Anda, vamos, apóyate en mí, estoy contigo” Si nos abandonáramos en sus brazos, sabiendo que todo lo que nos ocurre es porque Él permite que ocurra, que todo es para bien, aunque en ese momento no lo entendamos. Además, nos dejó el ejemplo de su Madre, siempre paciente (sabiendo lo que se le venía encima Ella dijo “sí”), siempre a su lado, y nosotros a nuestras cosas, vaya!

  2. 2
    María Inés Says:

    Estuve visitando la Sagrada Familia, en 1992, todavía sin finalizar… y me dio la sensación de paz y tranquilidad, de saber que la estamos en camino, en marcha, como la Iglesia misma.

  3. 3
    Manuel Hugo Perez Buendia Says:

    Hola, Hno: Dani, te saluda hno: manuel de la comunidad terapeutica jesus roca que salva de Lima-Peru, tienes mucha razon. Dios nos tiene paciencia infinita, siendo aun desorejados, es el unico con su gran Misericordia infinita, Dios te Bendiga y oraremos desde lejos ok, que Dios te guie hno.Dani, sigue motivandonos, con el Don que Dios te regala.

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Daniel Pajuelo Vázquez
 
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