Tu palabra es mi gozo, tu palabra es más dulce que un torrente delicioso. Dame lo que amo, porque amo y ese amor es un don tuyo. No abandones tus dones, no desdeñes tu brizna de hierba sedienta. Que yo proclame todo lo que descubra en tus libros; haz que escuche la voz de tu alabanza. Que yo pueda beber tu palabra y considerar tus maravilas desde el primer instante en que has creado el cielo y la tierra hasta el reino eterno”
San Agustín
Sé el portero de tu corazón y no dejes que entre ningún pensamiento sin someterlo a escrutinio. Interroga a cada uno de los pensamientos por separado, preguntándole: «¿Eres uno de los nuestros o te cuentas entre los enemigos?». Y si pertenece a la casa te llenará de paz. Pero si es del enemigo, te confundirá con la ira o te excitará por medio de algún deseo.
“El camino a través del desierto. 40 dichos de los padres del desierto” Anselm Grün
¿Eres libre? Entonces elige qué quieres que entre en tu vida y la afecte ¿qué pensamientos quieres, los que te dan paz o los que te perturban?
Demostremos que somos libres eligiendo lo que me hace bien y rechazando lo que me hace mal.
La elección repetida de algo malo puede convertirlo en adicción y hacer que perdamos la libertad de seguir eligiendo y nos volvamos esclavos. Somos lo que elegimos.
Estar en la muerte
Buenos Libros, Cita, Cristianismo, Meditación, Testimonio de vida No hay comentarios »Simplemente estar a su lado es lo último que se puede hacer por un enfermo; es lo más inútil probablemente, pero también lo más esencial. Estar: no perderse ese momento, que es el del misterio. No dejar a nadie a solas con la muerte, pues ya la muerte es la experiencia de la máxima soledad.
Pablo D’Ors, Olvido de sí, (biografía del beato Charles de Foucauld)
Ser testigo del evangelio no significa simplemente testimoniarlo ante el mundo, sino ser capaz de captar los testimonios que de él hay por todas partes. El Evangelio está de pié, y vivo, pendiente sólo de que venga alguien y lo cea y se asombre. Lo increíble es que Dios está mucho más cerca de lo que imaginamos. Basta abrir una puerta, o una ventana, y podemos encontrarlo; basta abrir los ojos o hacer silencio durante unos minutos. Nunca nos acostumbraremos a la proximidad de Dios: a su impregnarlo todo, todo…., a su no imponerse nunca. Me asusta pensar de que Dios está aquí…”
Pablo D’Ors, Olvido de sí, (biografía del beato Charles de Foucauld)
Tienes que estar loco de amor. Si no estás loco no puedes amar”
Charles de Foucauld
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Meditación y silencio: coloquio de amor
Buenos Libros, Cita, Meditación, Testimonio de vida No hay comentarios »Por meditar entiendo hacer silencio, es decir, percatarse del silencio que somos. Por meditar entiendo ver sin pensar. Por meditar entiendo examinar la conciencia, poder recrearse en una palabra, mantener un coloquio de amor y, por supuesto, escuchar. Quien sepa hacer todo esto es para mí una persona.
Pablo D’Ors, El olvido de sí,(biografía del beato Charles de Foucauld)
Dios del desierto. Dulcísimas mociones
Buenos Libros, Cita, Oración, Testimonio de vida 1 Comentario »El Dios del desierto me ha enseñado que lo que instruye es lo que acontece, solo lo que acontece, y que toda la vida, por anodina o gris que pueda resultar, es una infinita secuencia de divinas y dulcísimas mociones, a cada cual más seductora.”
Pablo D’Ors, Olvido de sí, (biografía del beato Charles de Foucauld)
Seewald: Hace muchos años, usted hablaba en términos proféticos sobre la Iglesia del futuro: la Iglesia —decía entonces— «se reducirá en sus dimensiones, hará falta recomenzar de nuevo. Pero de esta prueba saldrá una Iglesia que habrá sacado una gran fuerza del proceso de simplificación que habrá atravesado, de la renovada capacidad para mirar dentro de sí misma». ¿Cuál es la perspectiva que nos espera en Europa?
Card. Ratzinger: Para empezar, la Iglesia «se reducirá numéricamente». Cuando hice esta afirmación, me llovieron de todas las partes reproches de pesimismo. Y hoy […] cada vez son más los que admiten la disminución del porcentaje de los cristianos bautizados en la Europa actual: en una ciudad como Magdeburgo el porcentaje de los cristianos es tan sólo del 8% de la población total, incluyendo todas las confesiones cristianas. Los datos estadísticos muestran tendencias irrefutables. En este sentido se reduce la posibilidad de identificación entre pueblo e Iglesia en determinadas áreas culturales. Debemos tomar nota con sencillez y realismo. La Iglesia de masa puede ser algo muy bonito, pero no es necesariamente la única modalidad de ser de la Iglesia.
La Iglesia de los primeros tres siglos era pequeña, sin por esto ser una comunidad sectaria. Por el contrario, no estaba cerrada en sí misma, sino que sentía una gran responsabilidad respecto a los pobres, los enfermos, respecto a todos. En su seno encontraban sitio todos aquellos que se nutrían de una fe monoteísta, en búsqueda de una promesa. Esta conciencia de no ser un club cerrado, sino de estar abiertos a la comunidad en su conjunto, siempre ha sido un componente no eliminable en la Iglesia. Al proceso de reducción numérica que estamos viviendo hoy, tendremos que hacerle frente también precisamente explorando nuevas formas de apertura al exterior, nuevas modalidades de participación de aquellos que están fuera de la comunidad de los creyentes. No tengo nada en contra de que personas que durante el año no han pisado la iglesia vayan a la misa la noche de Navidad, o con ocasión de otra festividad, porque también ésta es una forma de acercarse a la luz. Debe, por tanto, haber formas diversas de implicación y participación.»
P. Seewald / J. Ratzinger: «Dios y el mundo» 2002.
“para el apostolado no hay mejor camino que el fracaso del apóstol”
Pablo D’Ors, El olvido de sí ( biografía del Beato Charles de Foucauld)
«Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada. Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura– hasta la renovación del siglo XIX. Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.»
Joseph Ratzinger (1970), en Fe y futuro, Salamanca 1973.











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