Preparad el camino al Señor,
enderezad sus sendas

que se ha dormido en las cosas
y ya no tiene fuerzas para amar.
Despierta Señor mi ilusión,
que se ha apagado en ilusiones pobres.
Despierta Señor mi sed y hambre de Tí,
porque bebo aguas de sabor amargo,
y como manjar que me deja vacío.
Depierta Señor, mi deseo de felicidad,
porque me pierdo en diversiones caducas.
Despierta Señor mi silencio hueco,
porque necesito palabras de vida para vivir.
Despierta Señor todo mi ser,
porque hay caminos que sólo se hacen
con los ojos abiertos para reconocerte.

II Domingo de Adviento
Publicado por María Arias Cabello el 10 de Diciembre de 2006 |

