Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh

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-Seguir sola, simplemente. ¿Cómo puedo saber lo que voy a hacer? Tú me conoces totalmente. Sabes que no estoy hecha para una vida de luto. Siempre he sido mala. Es probable que vuelva a ser mala, y volveré a ser castigada. Pero cuando peor soy, más necesito a Dios. No puedo estar fuera del alcance de su misericordia. Eso es lo que significaría empezar una vida contigo; sin Él. Lo único que puedo desear es ver un paso más adelante. Pero hoy me di cuenta de que hay una cosa imperdo­nable, como las cosas de la infancia, tan malas que sólo mamá podía arreglarlas, la cosa mala que estaba a punto de hacer, pero no acabo de ser lo bastante malvada para hacerla: situar a un rival a la altura de Dios. ¿Por qué se me permite a mí entender esto y a ti no, Charles? Quizá sea a causa de mamá, de Nanny, Cordelia, Sebastian, quizá Bridey y la señora Muspratt, que siempre me han tenido presente en sus oraciones; o quizá sea un trato privado entre Dios y yo: si sacrifico lo único que quiero de veras, por mala que sea no me abandonará totalmente al final.

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Cuando, al leer el prefacio a esta obra, descubrí que el autor decía que “Retorno a Brideshead” trata de “la influencia de la gracia divina en un en grupo de personajes”, quedé expectante. ¿Cómo saldrá de ésta? Se pregunta uno cuando ya lleva las cien primeras páginas, entrañables, intimistas, inteligentes.

Al final descubrimos que la acción de Dios se comprende en el conjunto de la historia, en la suma de las vidas, de unas vidas que en sí mismas, aisladas, resultan tristes y vacías pero que, en conjunto, nos permiten vislumbrar cómo Dios ensambla las piezas de la historia en un mosaico de increíble belleza. Imprescindible.



Escrito por Javier Sanz Sendra Bio de  Javier Sanz SendraEntradas escritas por Javier Sanz Sendra






One Response to “Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh”

  1. 1
    Carolina Says:

    Esa es la gran disyuntiva del ser humano dejarse seducir por Dios y abrazar el mundo desde la sabiduria divinda, o ser seducido por el mundo y sentirse distanciado de Dios, aunque no de esa misericordia divina que se deleita en nuestra infinita pequenez y le lleva a amarnos inevitablemente sin importar la realidad en la que estemos.
    Quien como Dios? Nadie como Dios.

    Gracias por la referencia bibliografica, tratare de leerlo…
    Un Saludo desde Colombia.

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Javier Sanz Sendra
 
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