Santiago Agrelo, obispo de Tánger. Pederastia y persecución

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Carta del Obispo de Tánger sobre los ataques del laicismo a la Iglesia, que la acusa de pederastia:

“En medio” colocaron a la adúltera sus acusadores. “En medio” se quedó la mujer cuando los acusadores, uno a uno, se escabulleron, dejándola sola con Jesús. “En medio” pusieron a la mujer, pero a quien pretendían comprometer y acusar, a quien de verdad querían poner en medio, era a Jesús (Cfr. Jn 8,1-11).

Hoy, letrados y fariseos han colocado “en medio” al monstruo, al clérigo sorprendido en flagrante delito de pederastia, y no lo han llevado al tribunal competente para juzgarlo conforme a justicia, sino que se lo han llevado a su madre, a la Iglesia, lo han tirado como basura a sus pies, para ponerla “en medio” a ella, para avergonzarla a ella, para comprometerla y condenarla a ella.

Letrados y fariseos, gente estéril, senos que nunca han conocido la vida ni la ternura, pretenden que una madre condene a su hijo: si no lo condena, no es justa; si lo condena, no es madre.

Letrados y fariseos, arrogantes, soberbios e hipócritas, insisten en preguntar a la madre: “Tú, ¿qué dices?” Preguntan como si ellos fuesen inocentes del crimen que fingen perseguir. Y se lo pregunta a ella, a la Iglesia que, como supo y como pudo, ha intentado siempre educar en el amor y en la virtud a sus hijos. Se lo preguntan a la madre los mismos que han destruido a su hijo: los profetas de la revolución sexual, los que instigan a los niños a masturbarse, los mercaderes de pornografía, los expertos del turismo sexual, los que consideran la prostitución un trabajo y la castidad una aberración.

Hoy la Iglesia, como ayer Jesús, encara a los acusadores con la realidad de sus propias vidas: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”.

Hoy como ayer, la Iglesia como Jesús, habrá de inclinarse para cargar con el peso de sus hijos, con la culpa de sus hijos, con la muerte de sus hijos. Cuando se incorpore, allí, “en medio”, estarán solos ella y sus hijos, con un dolor sin palabras y un amor sin medida.

+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

Via Arsuaga Blog



Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez Bio de  Daniel Pajuelo VázquezEntradas escritas por Daniel Pajuelo Vázquez


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7 Responses to “Santiago Agrelo, obispo de Tánger. Pederastia y persecución”

  1. 1
    Francisco Says:

    Querido Dani,
    Yo no comparto la impresión de que estemos siendo perseguidos por una campaña laicista, en ocasiones nuestra iglesia cuenta con personas que no lo hacen del todo bien y eso debemos reconocerlo, asumirlo y perdonarlo en función del evangelio. Creo que venimos de una época de cristiandad donde todo lo proveniente de la iglesia debiera ser necesariamente bueno, y no tiene porqué. Resulta cuanto menos curiosa la persecución que de algunos teólogos se ha hecho y se sigue haciendo por manifestar a un Jesús profundamente humano y al lado de los pobres.
    Por otro lado, esa misma tolerancia que ahora pide el hermano obispo, sería bueno que la aplicáramos nosotros mismos con aquellos que no piensan como nosotros, con los homosexuales, etc.
    Pues eso, que nuestra familia es muy compleja, que nos debemos querer y perdonar, pero que también debemos asumir nuestros errores y pedir perdón cuando haga falta, porque si seguimos buscando el problema fuera creo que todo irá aun peor.
    Un fuerte abrazo en Cristo resucitado que nos anima a seguir luchando por un mundo mejor.

  2. 2
    pilar Says:

    Dificil tema y sin embargo importante, está haciendo mucho daño…sí hay campaña, claro que si… no podemos ser ingenuos, además afecta más a los paises donde hay más católicos: Irlanda, EE UU,España…SE HAN ATREVIDO YA A DAR EL SALTO AL PAPA…Creo que la Iglesia tiene que ser prudente, humilde, sincera y no salirse por la tangente…
    Contesta como Jesús, pero no se mueve en este mundo como Jesús y hay esta la contradicción…El Vaticano y la Jerarquía se mueven como poder y tienen por tanto que contestar con sabiduria diplomática.
    Si vive más como Jesús, acoge como él y respeta como él a todos los que piensan con honradez,podrá dar los argumentos de Jesús…pero hay que darlos siempre: cuando es acusada y cuando acusa.

  3. 3
    Daniel Pajuelo Vázquez Says:

    A mí me gustaría pensar que no hay fuerzas en contra, pero la realidad es aplastante, está bien orquestada, y tiene muchos fondos económicos. Creo que decir lo contrario es más una opinión o un buen deseo que una verdad.
    “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Tenemos mucho por lo que pedir perdón y lo estamos haciendo. La Iglesia ha sido la primera institución que públicamente ha reconocida verse afectada por esta lacra y toma medidas, ¿cuántas otras lo van a hacer? Porque si tiramos de la manta van a salir colegios públicos y privados, soldados y ejércitos, familias…
    En mis años de vida nunca había visto una Iglesia jerárquica tan abajada, y humilde. Sin duda el Espíritu está soplando en estos momentos.

  4. 4
    Sergio Miguel Martín Says:

    Me gusta mucho el paralelismo que hace el obispo de Tánger, creo que acierta plenamente en un problema que es distinto al hecho mismo de la pederastia, por eso en sus palabras, como comentáis, no se encuentra una solución, porque no creo que la esté dando, sólo pone, a mi entender, de manifiesto, que los que denuncian o denunciamos a costa de este asunto a la Iglesia, tampoco buscan o buscamos la solución, sino la ocasión de atacar, dejando a las víctimas, como de costumbre, más humilladas y desamparadas. Cada vez nos pasa más, utilizamos las tragedias humanas para enfrentarnos, en lugar de trabajar unidos por curar las heridas.

    La Iglesia tiene mucho de qué avergonzarse, y como apunta Dani, también me alegro de que se esté abajando cada vez más para pedir perdón, aunque aun le quede mucho camino por andar, y muchas cosas por destapar, pero humillar más al que se abaja, no ayuda a curar ni a madurar. Creo que el camino del perdón exige la humildad del agredido y del agresor (directos o indirectos), así que más vale que no perdamos esta oportunidad de crecer con la jerarquía y animarla a seguir creciendo.

  5. 5
    Ana Blázquez Ubach Says:

    Hermoso paralelismo. Es cierto que a quien se pone en medio no es al pederasta sino a la Iglesia. Pero no es menos cierto que la Iglesia también tiene mucho poder y medios económicos, Dani, y que los ha utilizado durante muchos años para ocultar este mal y mirar hacia otro lado. No creo que haya millones de sacerdotes pederastas, habrá el porcentaje habitual de enfermos en cualquier organización, pero sí parece que no se atajó el problema en su día sino que se le echaba tierra. En la Iglesia somo expertos en usar medios, poder y dinero, ahora no podemos protestar porque otros hagan lo mismo, aunque sea exagerado. La dichosa ley del péndulo nos persigue.

  6. 6
    Daniel Pajuelo Vázquez Says:

    No sé Ana, pero decir que: “En la Iglesia somo expertos en usar medios, poder y dinero” creo que es faltar a la verdad. En la Iglesia institucional hay corrupción como en toda institución (yo creo que mucha menos que en las instituciones políticas) pero decir que ‘somos expertos’ en ello. Creo que tenemos imágenes diferentes de lo que es la Iglesia.

  7. 7
    Ana Blazquez Ubach Says:

    Cuando hice ese comentario, estaba pensando en nuestra larga historia de Iglesia, no me estaba limitando a la Iglesia contemporánea. Y sí, históricamente hablando, somos expertos.

    Volviendo al tema que nos ocupa, como doctores tiene la Madre Iglesia, quiero aportar al debate la palabra de alguien más sabio que yo. Este es un artículo de Juan Masiá Clavel, sacerdote jesuíta y experto en bioética:

    SECRETO ÉTICO Y SECRETISMO INMORAL

    Ante la escalada de denuncias sobre acosos sexuales en la iglesia, se han producido dos reacciones. Desde dentro, miedo paranoico a un complot. Desde fuera, ensañamiento morboso por parte de algunos medios. Sin sumarnos al miedo ni al ensañamiento, conviene reflexionar sobre el punto álgido de la cuestión: el ocultamiento de delitos con pretexto de evitar escándalos mayores.
    Algunas instancias eclesiásticas -¿con buena intención equivocada?- defienden el secreto por «un bien universal», incluso apelando al secreto profesional. Pero hay que recordar la distinción estudiada en clase de moral: una cosa es la obligación ética del secreto profesional y otra la inmoralidad del secretismo que manipula o chantagea, escabulle la obligatoriedad de la transparencia para dar cuenta de responsabilidades morales o penales y viola el derecho a la información, sobre todo para defender la dignidad de las personas, tanto de las injustamente acosadas como de las falsamente acusadas.
    Hay un secreto ético y un secretismo inmoral. Los manuales tradicionales describen las condiciones del secreto a que están obligados, por ejemplo, en el ámbito profesional: un abogado, para salvaguardar la privacidad del cliente que defiende; un médico, para respetar la autonomía de su paciente; o un sacerdote, para no romper el sigilo sacramental que garantiza el funcionamiento del ministerio de la reconciliación.
    Pero ese secreto ético no debe confundirse con el secretismo burocrático inmoral, que oculta irresponsablemente injusticias contra las víctimas de un acoso. Este secretismo es una de las patologías más serias que afectan al funcionamiento de algunas instancias jerárquicas, conocidas en el lenguaje eclesiástico con el nombre de ‘curias’, ya sea la Curia romana o las diocesanas.
    Uno se acuerda del secreto con que apresó a Jesús el Sanedrín. A Judas le dieron treinta monedas en dinero negro, sin justificante: «Si te chivas, no sabemos nada». A los testigos de cargo les insinuaron que delataran a Jesús por blasfemo contra el Templo. Al pueblo le azuzaron para que gritase: «Crucifícalo. Suelta a Barrabás». Todo eso se hizo, como cuenta la tradición evangélica, a escondidas. Los agentes responsables se lavaron las filacterias, como Pilatos se lavó las manos. «Nosotros no hemos hecho nada, el Nazareno se lo buscó, sembró vientos y recoge tempestades, son los suyos quienes piden proceso y sentencia, nosotros no sabemos nada…».
    Uno se traslada a veinte siglos después y recuerda un caso de acoso sexual cometido por un cura. El coadjutor lo descubre y avisa. Lo cambian sigilosamente de destino. Las víctimas se quejan al obispo. Éste, a través del coadjutor, les paga por prometer silencio. Años más tarde, cuando ya ese coadjutor había recibido una mitra, se encuentra un caso semejante y repite la actuación en secreto, aprendida por experiencia.
    Lo curioso es que ese mismo secretismo se utiliza por instancias eclesiásticas para silenciar la disidencia. Uno recuerda un caso de acoso moral, en el que la víctima pasa de ser acosada a ser acusada. Desde la Curia de cierto mitrado de la cúpula eclesiástica del país animan a la ultraderecha político-religiosa para que delate a un teólogo disidente. El mitrado, aparentando sorpresa, muestra las acusaciones a su auxiliar. Éste, a su vez, con igual rostro sorprendido, persuade a los superiores académicos y religiosos del disidente para que lo silencien por imprudencia, pero sin decir de qué honda sale la piedra. De palabra y sin pruebas por escrito prometen al superior académico proteger su institución. Aseguran al superior religioso. que dejarán de poner zancadillas a su congregación, si se portan bien y no disienten de la Curia. Algún testigo de los hechos recuerda el relato de Marcos sobre Herodías y la entrega en bandeja de la cabeza del Bautista. Abre su Bilbia y le sale por casualidad el pasaje que dice así: «Llegará un momento en que lo que se dijo de noche, se gritará en pleno día; lo que se sussurró al oído se proclamará desde las azoteas…». (cf. Mt 10,27 y Lc 12,3).

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Daniel Pajuelo Vázquez
 
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