Desde el principio se apuntaba y finalmente se ha confirmado, la serie de televisión Perdidos, que en el último mes se ha hecho mundialmente famosa, iba más allá de contar una historia trivial de aventuras y misterio. Personalmente me parece un gran éxito que 12 millones de personas hayan recibido ansiosos un mensaje como este: La muerte no tiene la última palabra, la tiene el amor. (El dato de espectadores está tomado al vuelo de internet, la cifra exacta no se puede saber si tenemos en cuenta descargas y futuros espectadores)
“Lost” con este final confirma lo que ya venía ofreciendo: la preocupación por las relaciones humanas lleva a la apertura a la cuestión creyente. Este tema sigue siendo recurrente en las narraciones audiovisuales contemporáneas que en alguna medida tienden a sustituir a la práctica religiosa. El problema estriba en que los guiones ofrecen simplificaciones al servicio de la historia y la implicación del espectador, por mucho que llegue a fans, no deja de ser bastante efímera. El relato si actúa como provocación debe ser bienvenido aunque si termina en la sustitución es claramente insuficiente.
Planteada especialmente como una añoranza de la comunidad en tiempos del individualismo, “Lost” aspira a recuperar la confianza en los otros y en la posibilidad de unas relaciones fundadas en el encuentro y la bondad.
Para los espectadores de “Lost” se a llegado al final de su serie aunque seguirán visitando los 121 capítulos de las seis temporadas. Sin embargo, sería de desear que la actitud de espectador pasara a protagonista, que la interrogación reemplazara a la pasividad de la recepción.
Tim es un bebé abandonado por su madre, un niño maltratado por su padre, un adolescente violado en las calles de París. Su objetivo: “matar a mi padre a puñetazos”. Su odio y su coraza contra el dolor, le convierten en campeón nacional de boxeo y en líder de una banda que siembra el caos. Pero en la cima del éxito, el rencor le asfixia. Sólo respira el día en que descubre el amor de Dios Padre, el “Big Boss”.
El árbol entero está contenido en la semilla. Basta con cuidarla de la forma adecuada para que llegue a desarrollarse y mostrarse en todo su esplendor, de lo contrario morirá sin dar fruto.
Lo mismo pasa con muchas otras cosas de la vida, por ejemplo con aquello que llevamos todos dentro desde que nacemos… aquello que sembró en nosotros el que nos dio la vida, aquel que sólo puede amar.
También esa semilla necesita un cuidado especial, no basta con dejarla ahí y esperar.
¿Qué fue de aquella se milla? ¿Qué será de aquella semilla?
Propio es de Dios y de sus ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo spiritual, quitando toda tristeza y turbación, que el enemigo induce; del qual es propio militar contra la tal alegría y consolación spiritual, trayendo razones aparentes, sotilezas assiduas falacias.
Sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación a la ánima sin causa precedente; porque es propio del Criador, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amorde la su divina majestad. Digo sin causa, sin ningún previo sentimiento o conoscimiento de algún obiecto, por el qual venga la tal consolación mediante sus actos de entendimiento y voluntad.
Llegan días de dolor, dolor que es sufrimiento. El sufrimiento me empuja al abismo de la soledad, cuanto más sufro más sólo me siento. Nada ni nadie puede cerrar el vacío que se abre ante mí. La incomprensión y la indiferencia de los que me rodean exacerba este sentimiento. Pareciera que todo lo anterior fuera un sueño ingenuo y este dolor fuera la única verdad eterna de mi ser. Sé que sólo lo parece.
Señor, miro tu cuerpo inerte clavado en la cruz, y atisbo a comprender la soledad infinita en la que te encuentras.
Si la soledad del sufrimiento no me devora es porque tu amor, oh Padre, me sostiene. Abrazado a tu cruz quiero gritar a una voz con tu Hijo: “Todo está cumplido“, y con la ofrenda de mi sufrimiento dar a luz la nueva vida.
Tres causas son porque nos hallamos desolados: la primera es por ser tibios, perezosos o negligentes en nuestros exercicios spirituales, y así por nuestras faltas se alexa la consolación spiritual de nosotros; la segunda, por probarnos para quánto somos, y en quánto nos alargamos en su servicio y alabanza, sin tanto estipendio de consolaciones y crescidas gracias; la tercera, por darnos vera noticia y cognoscimiento para que internamente sintamos que no es de nosotros traer o tener devoción crescida, amor intenso, lágrimas ni otra alguna consolación spiritual, mas que todo es don y gracia de Dios nuestro Señor, y porque en cosa ajena no pongamos nido, alzando nuestro entendimiento en alguna soberbia o gloria vana, attribuyendo a nosotros la devoción o las otras partes de la spiritual consolación.
El que está en desolación, considere cómo el Señor le ha dexado en prueba en sus potencias naturales, para que resista a las varias agitaciones y tentaciones del enemigo; pues puede con el auxilio divino, el cual siempre le queda, aunque claramente no lo sienta; porque el Señor le ha abstraído su mucho hervor, crecido amor y gracia intensa, quedándole tamen gracia sufficiente para la salud eterna.
“¡Ven!”, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, en dirección a Jesús. Pero al sentir la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ¡Señor sálvame!
(Mt 14, 22-33)
El que está en desolación, trabaxe de estar en paciencia, que es contraria a las vexaciones que le vienen, y piense que será presto consolado, poniendo las diligencias contra la tal desolación, como está dicho en la sexta regla.
Llamo consolación quando en el ánima se causa alguna moción interior, con la qual viene la ánima a inflamarse en amor de su Criador y Señor, y consequenter quando ninguna cosa criada sobre la haz de la tierra puede amar en sí, sino en el Criador de todas ellas. Assimismo quando lanza lágrimas motivas a amor de su Señor, agora sea por el dolor de sus pecados, o de la passión de Chirsto nuestro Señor, o de otras cosas derechamente ordenadas en su servicio y alabanza; finalmente, llamo consolación a todo aumento de esperanza, fee y caridad y toda leticia interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su ánima, queriéndola y pacificándola en su Criador y Señor.
Llamo desolación todo el contrario de la tercera regla; así como escuridad del ánima, turbación en ella, moción a las cosas baxas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a infidencia, sin esperanza, sin amor, hallándose toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Criador y Señor. Porque así como la consolación es contraria a la desolación, de la misma manera los pensamientos que salen de la consolación son contrarios a los pensamientos que salen de la desolación
La redención y el amor de Dios, es algo que nos presentan dos películas: Dogma y Constantine de una forma muy similar planteando una fantasía en la que los ángeles envidian al hombre y constatan su condición de privilegiado ante Dios.
Es hora de empezar a reaccionar ante el amor, en lugar de ante el horror. No seamos esclavos del sufrimiento.
Somos Elena, Paco, Vicente, Daniel, Sergio, María, Luis María y Javi, intentamos buscar día a día la voluntad de Dios y crecemos compartiendo con sencillez nuestros dones, inquietudes y esperanzas. Nova Bella está tintada de los colores de nuestras vidas: la informática, la educación, el diseño, la lectura, la búsqueda de Dios…
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