Sacias de favores a todo viviente. Inmensidad. Meseta, cielo y tierra

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Hornillos del camino-Itero de la Vega
12ª etapa

Sacias de favores a todo viviente, inmensidad, meseta, cielo y tierra

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo.

Se juntaban el cielo y la tierra en un inmenso horizonte.

A las seis nos ponemos en camino, atravesando la calle de Hornillos, en medio de un silencio que anuncia el alba. Dejamos nublado a la espalda, las últimas estrellas al frente. Comenzamos a subir una ladera que, en lo alto, nos abre a la inmensidad de la meseta.

Si cabe, mas sensación de infinito que ayer. Paro y contemplo admirado. En medio de los trigales, el camino, una raya de pasos y siglos, surcada en la tierra, con el arado de Santiago.

Hace fresco, un día espléndido para caminar. Nos estas regalando una temperatura deliciosa. Peyo comenta que hace dos años estuvo a punto de morir abrasado de calor en estos mismo parajes. En la provincia de Burgos nos has mostrado tu frescor, Señor. Gracias.

Hacia Castrojeriz, por un valle en el que aplauden los árboles del bosque y las colinas se orlan de alegría; las laderas se visten de mieses que aclaman y cantan: bendito sea el Señor, Dios nuestro. Mientras voy caminando te alabo con la oración del corazón, fuente que mana incesantemente durante toda la etapa, en el camino. Unas veces con la boca, otras con los ojos, con los pies, con el corazón, “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí”. Siempre contigo.

Llegamos a Castrojeriz y seguimos hacia Itero de la Vega. Es mediodía, tenemos una brisa en las horas de fuego que nos permite avanzar, y subir a la meseta, que desde el pueblo parece un himalaya de zigzag. Desde arriba, el paisaje incomensurable que no me canso de describir. En el valle, dorado, Castrogeriz. En la meseta, cielo y tierra, y un mar de trigo.

Sin parar, paso a paso, desde Roncesvalles, ahora comiéndonos Burgos, vamos avanzando. En varios momentos siento desfallecer el ánimo, pero sigo avanzando. Un espejismo, o un mareo: las nubes moviéndose, como un tornado, absorviéndome desde el horizonte.

Ponte Fitero, con el hospital de peregrino, bajo la tutela de los caballeros de la Orden de Malta. Los hospederos lavan los pies a los peregrinos, que se alojan allí.

¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, vuestro maestro y Señor, os he lavado los pies, lo mismo debéis hacer vosotros unos con otros. Os he dado ejemplo: debéis portaros como yo he hecho con vosotros. Seréis dichosos si lo ponéis en práctica.

Por primera vez hoy me niego a hacer un cálculo de kilómetros de la etapa de mañana, de vivir pendiente de la guía, de las etapas, de los posibles albergues. Caminar…y Dios dirá. En tus manos.

Celebramos la eucaristía en la parroquia de San Pedro, frente al albergue. Albergues e iglesias, juntos. Dios con nosotros, dando reposo, posada, y alimento al peregrino. Preparas un banquete, reparas nuestras fuerzas. Tu presencia, Señor, permanente.

No solo en el corazón, si no al alzar la vista, cada tarde. Hoy suenan los tres toques de campana, nos convocas. Preside el párroco, un venerable anciano. La sacristana nos lo enseña todo, y está encantada de ver que algunos peregrinos vienen a misa. La eucaristía renueva las fuerzas.

El hospedero, un alcohólico, violento. Por la noche cierra la puerta, con llave, por fuera, y nos deja encerrados. A las cinco y media de la mañana tendremos que salir por la ventana, como si juanes de la cruz fuésemos. Me gustaría estar tan enamorado de ti.

Acaba de sonar el primer toque de campana para la eucaristía. Abres tú la mano y sacias de favores a todo viviente. En tus manos.



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Homo viator. Belleza sencilla. Unión.

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Villafranca Montes de Oca-Hornillos del Camino
11ª Etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

A las 6.30 dejamos Olmos de Atapuerca, iluminados por la linterna que lleva Marlon en la cabeza, como un minero que desciende a las entrañas de la tierra, como un faro que rompe la noche y abre el día.

A las 3.15, hora del calvario, llegamos a Hornillos del Camino, y atravesamos su espina dorsal de piedra y siglos.

Desde Tardajos no tengo palabras para describir. El dicho señala: “De Tardajos a  Rabé, libéranos, Domine”. Menos mal que no me has liberado, que nos hemos decidido a seguir caminando hacia Hornillos y no nos hemos quedado, como pensábamos, en el hospital de peregrinos de esa localidad; hemos avanzados unos kilómetros más, a medio día, sin excesivo calor y….

…blanco de nube, azul intenso de cielo, trigales, inmensidad del mar castellano, olas de lomas, espuma de cúmulos y algodonales. Belleza sencilla de lo visto, en una soledad y un silencio plenos, que resuenan al describirlo y hacen callar las palabras.

…campos granados, penachos de oro, gasas de albañales, cal viva, brochazos de cielo, infinito abierto y envolvente.

Solo por el camino. Con la seguridad de que los demás venían detrás, amparado, con las espaldas cubiertas por la compañía cierta, por la amistad que va haciéndose profunda y hundiendo sus raíces a la vera del camino.

Dos horas y media de una hermosísima experiencia de plenitud, en medio de los campos castellanos. La luz va con la luz. El sol con el sol. La nube con la nube. El viento arrastra la luz, el sol, la nube y al peregrino. Dicho sea parafraseando al poeta, que hace música con las piedras y con el viento, del que líneas más allá pondré unos versos. Soledad entre camino y el cielo, que me da una sensación de unión suave contigo, en tu creación, que se mueve en el aire. Sin parar de caminar.
Todo había comenzado subiendo una ladera, continua, muy de mañana, con fresco. Robles y olmos. A lo lejos, divisamos Burgos, y dejamos atrás todo un horizonte andado, con los Montes de Oca como telón de brumas. Iba andando, muy fastidiado de la rodilla, con fuertes dolores. La sigo forzando demasiado para no cojear, y es peor el remedio que la enfermedad. Apenas me pregunto ya, ¿dejaré el camino?. No hay pregunta, hay caminar.

Llovizneaba, al igual que en mi corazón, la oración del peregrino: “Señor Jesús, hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador”. Tu Palabra desciende y me hace germinar. Cuando tú quieras.

Ante la puerta de la catedral, en el parteluz, me entran escalofríos de emoción. En Burgos. Ante ti y contigo, Señor. En tus manos.

En tus manos, Señor, nuestra vida peregrina. Nuestro camino, que eres tú. Cada día me anticipas, me  haces entrar en el pórtico de la gloria. Gracias.

Sin mayor misterios me estás educando en el camino de la vida. Enseñándome a vivir. Enseñándome cómo vio. Homo viator. Por amor a tu nombre. Por eso peregrino. Porque te amo.



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Calma infinita. Orígenes de la humanidad. Historia de salvación.

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Villafranca Montes de Oca-Olmos de Atapuerca
10ª Etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras.

En Olmos de Atapuerca; muy cerca, un cráneo de más de hace 300.000 años. Hay cifras que te dejan con un vértigo de tiempo en la boca del estómago y un asombro parecido al mirar las estrellas de Abrahán más la Vía Láctea, en una noche despejada y profunda.

Creó Dios al ser humano a imagen de suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Les bendijo y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos.

Desde entonces, historia de salvación. Que también llega a este pueblo pequeño, como llegó a Nazaret, a Belén a cada uno de nosotros. Veinte habitantes en invierno, nos dice el cura, que se encarga del albergue, en nombre del pueblo, y que nos recibe barnizando la puerta del hospital de peregrinos, no digáis albergue, por favor.

No hay tienda; la comida y la cena en la taberna, auténticamente de pueblo. Unas lentejas cocidas en puchero de barro. Deliciosas. Eso sí: hemos tenido que esperar a que viniera el panadero con el pan; sin pan no hay comida, y menos para unos peregrinos. El que coma de éste pan vivirá para siempre. Una taberna con sabor a muerte reciente, según nos cuentan, un cambio de dueños, un emigrar a la ciudad…muerte rural.

Escribo en la plaza. Una calma infinita. Pasan peregrinos (nos hemos juntado unos cuarenta en un pueblo tan pequeño, antiguo paso de peregrinos, hoy fuera de las guías y de los itinerarios establecidos). El horizonte, abierto, cruzado por la autovía que lleva a Burgos, por la vía del tren, a lo lejos. Atravesado por el Camino de Santiago. Veo la torre de la Iglesia, que hoy es espadaña. Otro ritmo, otra vida, Señor.

La salida de Villafranca Montes de Oca es un bosque continuado, tres horas de pasos cojos, hasta llegar a san Juan de Ortega. Pinos, robles, monte bajo.

Dice la guía que los grandes bosques de roble y la ausencia total de ruidos sumergen al caminante moderno en un mundo cercano al que debieron de vivir y sentir los primeros peregrinos.

Sí y no. Sí porque tú sigues caminando con el hombre desde Atapuerca, pasando por Abraham y por los que siguieron a Jesús en Palestina, y por este camino de Santiago, hasta nuestros días. Y a la vez que uno avanza en el camino interior, ahí estás tú, en el silencio. No porque por mucha ausencia de ruidos estamos con móviles, con tarjetas de crédito, y no hay ni la inseguridad del silencio de los que amas, a los que puedes llamar en cualquier momento, ni la soledad medieval, ni el miedo a los mil peligros que acechaban a los primeros peregrinos. Siempre hay sopa de ajo en el hospital de San Juan de Ortega. Sí porque sus ojos, como los nuestros, vieron el bellísimo capitel, milagro de luz.

Me siguen diciendo que ando cojo. Pongo cara de ser cojo de nacimiento. Ando. Tú en el camino.

Hago la marcha en silencio y soledad. Soledad y compañía.

Celebramos la eucaristía con Pedro, el cura, algunos peregrinos y gente del pueblo. Josune, con la que venimos coincidiendo desde Grañón, nos dice que ha sido un regalo tuyo entrar en la Iglesia (la natividad de la Virgen) y encontrarse con que estábamos celebrando la eucaristía. Leemos la plegaria eucarística de Jesús nuestro camino. Cada vez que leo la palabra camino la hago especialmente mía. Tú eres mi camino, Señor. Me enseñas el camino de la Vida. Prolongada acción de gracias.

Paseamos por las lindes del pueblo. En la conversación las vidas que llevamos en Madrid, en …los horarios de locos, el ritmo de taquicardia, el ir y venir y no tener presente sino un futuro que te atropella el presente…Estos días nos das una hora de sesenta minutos en presente, un camino desde que sale el sol hasta el ocaso, la luz, la mirada, el ritmo renqueante, cada uno el suyo. Adagios de una existencia consumada.

Sale el sol que te acaricia la espalda, cada mañana, mientras caminas; si está nublado simplemente descubre los perfiles de la oscuridad y los va atravesando de contornos reales. Caminas hacia el ocaso. Llega el ocaso y entras en la muerte del día, para resucitar cada mañana. Vida y muerte. Un paso. Una pascua.

Al regresar al hospital de peregrinos veo Venus. Cae la noche. Hasta de noche me instruyes internamente, Señor..



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Ser visitado. ¿Turista o peregrino? Tú mi camino, mi verdad mi vida.

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Nájera-Grañón
8ª etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo.

Dimos una vuelta casi a la redonda para encontrar la puerta del albergue, en la torre de la iglesia, en Grañón, con un calor de alferecía. A veces la solución más sencilla, la puerta en nuestras narices, es la que más rodeos nos hace dar. Gracias, Señor, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has manifestado a los sencillos.

En el albergue hay silencio y cuidado exquisito en la relación.
En la cartelera un lema: la diferencia entre el turista y el peregrino es que el turista visita y el peregrino es visitado. Con esto ya tengo para toda una contemplación de tu amor. Visítame tú, Señor, desde el seno Virginal de María. Que mis entrañas salten de gozo. Proclama mi alma…

Salimos de Nájera a las seis. Campos de paja. Solo se ve camino. Voy repitiendo con el corazón, con los labios, con los pies, señor, ten misericordia de mi. Solo veo camino, camino; y los pies al andar.

Marlon me cuenta su búsqueda, el por qué de su caminar. No es religioso. Quiere encontrarse. Hasta ahora no hablaba castellano. Hoy me habla, en portuñol, de su soledad después de sus varios matrimonios…que su camino le recupere. Muéstrale tú, Señor, lo que tiene oculto en su corazón.

Llegar desde Santo Domingo a Grañón nos ha hecho para momentos duros de calor. Junto al cementerio, un nogal, ha sido la bendición de tu sombra. Hemos optado por empezar a frecuentar albergues pequeños, donde haya dos o tres reunidos en tu nombre y no los ciento cuarenta y cuarto del Apocalipsis, que te alaban con demasiada algarabía.

En tus manos, Señor. Se tú camino, mi verdad, mi vida. Se tú el camino que me desvela sin mostrarme nada en particular. Contrasta mi vida. Hazme disponibilidad.

Después de las liturgias diarias, sacras y profanas, pues todo de todo se hace un culto agradable a ti, intento dibujar en mi cuaderno la ventana gótica de la sala, geminada, con su ojiva, traspasada por mi bordón. Dibujar no es lo mío, pero pone un toque artístico a tanta letra de bitácora. Colgamos la ropa recién lavada en las vigas del campanario. Deliciosa estampa de contraluces. Gracias.

Tengo las rodillas hechas polvo y cojeo excesivamente. Me admira que no se me ocurra ir a un médico, con lo aprensivo que soy. Igual el médico me dice que deje el camino, y prefiero continuar mientras el cuerpo aguante. ¿No quiero aceptar la realidad? ¿Quiero forzarme para descubrir el verdadero límite? ¿Me intento demostrar algo? Preguntas que aletean, e incordian, como las moscas. El hospitalero me dice que si quiero me puedo quedar un día más. Le digo que por la tarde no puedo con los pies, mientras que por la mañana, en cuanto me caliento, camino.

Tú verás. Pero no vas a llegar muy lejos. ¿Llegaré a Burgos? Ya has llegado hasta Grañón.

Mis pies, todo mi ser, en tus manos.

Miro por la claraboya, la torre, el cielo, el anochecer. Gracias por el día.



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Brisa en las horas de fuego. Bastan el amor y la Gracia. Peregrino, ¿quién te llama?

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Logroño-Najera
7ª Etapa

Dadme vuestro amor y gracia, que ellas me bastan. Valga hoy, en la onomástica del santo de Loyola, una de las frases de los ejercicios espirituales que más rezo. Otro mantra.

Salimos a las seis en punto del albergue, con los yogures en el estómago y un farmatón que me pone las pilas. Promete ser un día de calor invencible. De hecho, a esta hora tan temprana, los termómetros de las calles marcan un infierno.

Debían ser las siete de la mañana, ya clareado, y por el pantano de la Grajera el calor era sofocante. Quedan tan solo 600 kilómetros hasta Santiago. Me parece mentira haber caminado ya casi 150. Llegamos a Navarrete empapados de sudor.

El día se promete horrible, caluroso, un horno abierto sobre La Rioja. No defrauda. A tres horas de Nájera, subiendo hacia el alto de San Antón, por monte bajo, lleno de matorrales y de piedras puestas una encima de otra, como pirámides tibetanas, (seguro que algún significado esotérico tiene), empieza a sentirse un ligerísima brisa, como la de Elías junto a la cueva. Pues a pesar de tan ligera y vaporosa, como una gasa transparente, airea las entrañas y da una esperanza de frescura. Como un regalo que nos haces para no sucumbir a la asfixia. De pronto me viene el verso el Veni Sanctus Spiritus, “brisa en las horas de fuego”, y se me abre la inteligencia a la realidad. Tu Espíritu da la vida así, permite seguir avanzando en medio de las tórridas realidades de la vida, anima, reconforta, imperceptiblemente. Unas chicas norteamericanas que deben añorar el fresquito de Arizona escuchan mi traducción al inglés. No me entienden, pero ven que eso del Holy Spirit debe ser algo delicioso, porque se me ha mudado la expresión.

En la pared de una vieja fábrica de harinas, unos versos: ¿peregrino, quién te llama? ¿Qué fuerza oculta te atrae?. Dos flechas amarillas y una bandera de España.

Hoy he dejado que el sonido de las pisadas, tan rítmico, con cojera incluida, fuese el respirar de mi oración: Señor, paso, Jesús, paso, ten misericordia, paso, de mí, paso. Arrastrar la planta del pie por el asfalto, por el sendero, por la tierra, por la piedra, por la vida, tú eres el camino.

He sentido en algunos momentos tanto cansancio que me daba rabia. Dejaba de respirar la oración y, al faltarme el aire, era peor. Aquí deben entra los orgullos, las soberbias, y todos sus campos semánticos.

La mochila. Tres camisetas, tres calzoncillos, tres calcetines, una sudadera, la capa de lluvia, media pastilla de jabón lagarto, el cuaderno que me compró Giovanna en Venecia, la guía, el bañador, un pijamilla, una toalla mínima, unos pantalones de pintor, el nuevo testamento en hoja de papel de fumar, el saco, poco más. Parece mentira vivir con tan poco, estando habituados a tanto consumo, tanto cacharro inútil. Como el cargador del móvil, que es de lo más pesado. Todos los días con la casa acuesta. Un aprendizaje de sobriedad. Gracias, Señor, por esta llamada a la pobreza.

A pesar de los días que llevo andando, cuando paro, voy como un auténtico zombi. Dolor que es también penitencia. Me cuesta dar un paso, dos pasos, diez pasos. Parezco un patizambo, un tanto ridículo.

Vamos a misa a una parroquia cercana al refugio. Parábola del grano de mostaza. Así se está haciendo el camino para mí.

Antes de entrar en el albergue, en el marco incomparable de la plaza, un convierto de canto medieval. Melodías que nos transportan a los primeros peregrinos. Todos por amor a tu nombre. Hasta en esos pequeños detalles me regalas. Mañana es un concierto de los coros del ejército ruso. Que silencio. El del peregrino ruso.

Sea lo que sea te doy las gracias.



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La primera caída. Velando medito en Ti, Señor. Acumular tesoros.

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Los Arcos-Logroño
6ªetapa

Padre, me pongo en tus manos, sea lo que sea, te doy las gracias.

Me desperté dos veces por la noche. Brotó espontáneamente la oración de Jesús. Velando medito en ti, Señor.

Bajando el camino, desde Torres del Río, con su maravilla octogonal, Beltrán tropieza con una piedra y cae cuan largo es. A los ángeles he dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Ahí estaba yo, como ángel tuyo, pues en ese momento caminábamos juntos, no como habitualmente, que camino sin verle. Durante unos instantes se quedó como aturdido, mareado, no respondía a la pregunta tan boba, pero tan necesaria, ¿te has hecho algo?, y a las caricias que si no merman el dolor al menos consuelan pues uno entiende que no está solo, que hay alguien caminando con él.

Gracias, Señor, pues un peregrino que iba delante, al ver lo que pasaba, vino dispuesto a socorrernos. Camina con su hijo autista, muchos veranos realiza el camino con él, dice que es una buena terapia, por las noches el autista pega alaridos en el albergue, la niña tonta de los santos inocentes, llena de ternura recibida y compasión.

La primera caída. Esto es lo que pasó. Para qué pensar lo que podía haber pasado, lo que puede pasar.

De pronto me dices que no acumulemos tesoros en la tierra, no te agobies por el futuro, (sigo pensando en Santiago, en las etapas, en los kilómetros…) A cada día le basta su propio afán: levantarse, los dos yogures azucarados, caminar mirando el camino interior, de vez en cuando una panorámica, sudar como un guarro, vencerse, llegar, ducharse, sentir la lluvia de la ducha que te hace revivir, lavar la ropa, comer, descansar, escribir, hablar con los peregrinos, pasear en medio de calambres, agujetas y tirones, participar en la eucaristía, cenar, dormir…abiertos a ti.

Una francesa me dice que hace el camino porque es cristiana. Un italiano que quiere encontrar lo que lleva buscando desde hace años, tu rostro, Señor. ¡ Misterio de la fe! Tú entre nosotros, con nosotros, Emmanuel.

Al salir, por la tarde, me acerco hasta la parroquia de Santa María. Casualmente, en tu Providencia, me encuentro con el párroco; al verme peregrino me abre el templo – ¡abrid las puertas, no veis que estoy a la puerta y llamo! –. Puertas que se cierran, puertas que se abren, puertas que se entornan. Siempre en la puerta.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos –respondía–,
para lo mismo responder mañana!

¡Cuántas puertas en el camino…! ¡Cuántas llamadas!

En la Iglesia me quedo un rato contemplando la imagen de Santa María del Ebro. Un rato en tu paz, con María, haciéndome disponible para ti.

Vuelvo al albergue. Desde la terraza veo la torre románica, las cigüeñas, el cielo. Repito tu nombre siguiendo la danza de las cigüeñas. Tu nombre que me enciende el corazón. Gracias, Señor.

Sigo caminando. Tú en mi camino. Te vislumbro también en los caminos de Madrid, en las aceras, en las líneas de metro, en los pasos elevados, en los túneles. En el camino de cada día.



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Oración en el corazón, cojera en el pié. Unificación. Nada de nada.

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Estella-Los Arcos
5ª Etapa

Oración en el corazón cojera en el pie

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

Me he vuelto a despertar pronto, con el primer canto del gallo. Estuve un rato con la oración en la boca. Oración del corazón que me ha acompañado hoy, muy particularmente, a lo largo de toda la marcha.

Salimos por la calle mayor, o la calle Santiago, o la calle principal, siguiendo la flecha amarilla. Siempre hay una flecha que guía, que muestra, que evita perderse. Una fecha anónima, pintada por sabes tú quien. Una flecha como don que muestra el camino. La flecha de tu Palabra, la flecha del hermano, la flecha de la comunidad. Siempre, en los lugares más recónditos, al principio y al final. Los ojos la buscan, el corazón la desea, los pies la siguen, los miedos desaparecen.

Salimos y voy cojeando. Me entran los siete males ¿Me tendré que parar? Me fuerzo, y a medida que me caliento parece que el pie responde, o al menos no se para.

Hoy estaba cubierto y la luz del amanecer estaba tamizada, si cabe aún más.

La verdad sea dicha, camino y no pienso. Y viene: me sigues llamando, ¿cómo?, a una aceptación disponible del futuro, sin manipularlo, sin organizarlo, sin preverlo, sin querer controlarlo. Como venga, con disponibilidad total. Abierto a ti, como María. Receptivo. Ay, ese pecado de intentar disponer todo según mi voluntad y no la tuya.

Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten misericordia de mí.

La marcha ha tenido un momento particularmente unificado. Un largo paseo entre trigales segados, todo el horizonte un campo dorado a cepillo. Yo solo en el camino. Ni rastro de nada. Nada, nada, nada. Nada de nada. Ni rastro de n, ni rastro de a, ni rastro de d, ni rastro de a. Ni rastro del mudejarillo. Y sin embargo, tú presente con una dulzura infinita, tú presente en la inmensidad sencilla de tu creación. He parado un momento para dejar serenarse a tanta consolación regalada, un infinito. He parado, he alzado las manos, te he alabado.

Apoteosis barroca en la Iglesia de Santa María. En un pueblo tan pequeño, con unas casas de adobe, hace siglos , entrar en una iglesia así sería entrar en el paraíso del oro. En lo sagrado. Gozo estético. Sobrecogimiento. Admiración. Desde el coro el espectáculo es increíble. Adorar…

Participamos en la eucaristía. Al final, la oración del peregrino:

Oh Dios, que sacaste a tu siervo Abraham de la ciudad de Ur de los caldeos, guardándolo en todas sus peregrinaciones, y que fuiste el guía del pueblo hebreo a través del desierto; te pedimos que nos guardes a nosotros, siervos tuyos, que por amor a tu nombre, peregrinamos a Santiago de Compostela:

Se para nosotros
Compañero en la marcha
Guía en las encrucijadas
Aliento en el cansancio
Defensa en los peligros
Albergue en el camino
Sombra en el calor
Luz en la oscuridad
Consuelo en los desalientos
Y firmeza en nuestros propósitos

Para que, por tú guía, lleguemos sanos y salvos al término del camino, y enriquecidos de gracias y virtudes, volvamos ilesos a nuestras casas, llenos de saludable y perenne alegría.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Por amor de tu nombre.

Por amor.



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Itinerario espiritual. Misterios del camino. Soledad acompañada.

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Puente la Reina-Estella
4ª Etapa

Ya ha pasado el día. Atardece cuando escribo estas líneas. Trina un canario, en la jaula, en el albergue de Estella.En una pared me encuentro una receta con los ingredientes del camino como un itinerario espiritual:

• Silencio. Para escucharte a ti, a mi, en mi, en la creación.
• No tener prisa. Es lo que tengo yo para llegar a Santiago. Sigo calculando kilómetros y días. Algo obsesivo.
• Soledad. Yo solo, en mi mismidad, frente al cielo, a la tierra, a Dios.
• Esfuerzo y sacrificio. Andar, andar, andar y no preguntar.
• Sobriedad y dominio del espíritu.
• Gratuidad.
• Arte y belleza natural para contemplar.

Para el camino y la vida. Dame tú, Señor, los dones que me quieras seguir dando. Que ya me das.

Albergue magnífico, comparado con el de ayer. Uno no debería tenerlo en cuenta, procuro no tenerlo, pero salta a la vista. Quiero recordar que las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos pero el Hijo del Hombre no tiene un sitio donde reclinar la cabeza.

Nunca pensé que habría tantos peregrinos. Ayer se hospedaron aquí ciento treinta y cuatro. Hoy no le anda a la zaga. La hospedera comenta que muchos vienen a pasar las vacaciones de una manera barata y ecológica. En el camino entra todo. Como en tus brazos, Señor.

Al final de la marcha un poco de desesperación. Estella no llegaba nunca, solo se veía, amenazante para la historia, Montejurra. Al doblar una curva, imprevisiblemente, apareció la ciudad. Cuando menos te lo esperas, cuando más has bajado las defensas, cuando la desesperación se ha sosegado y uno se ha lanzado al abandono, entonces, zas, encuentras y llegas. O eres encontrado y te llegan. Misterios del camino y de la vida. De tu amor.

Estallo, al ver Estella, en un alarido de gozo. ¡Qué alegría cuando me dijeron, cuando mis ojos vieron! Me pregunto: ¿hubiera podido continuar? Probablemente, sí.

En la soledad y el silencio, cómo se repiten estas palabras, pisadas verdaderas del camino, he dejado que la oración del corazón calara en mis entrañas. Estás en mi corazón, Señor, vas y vienes como la sangre, en un latido de vida, sonoro como el bordón. Juntos, tú y yo, pasamos por Mañero. Llegamos a Cirauqui, nido de víboras, dice la etimología, y pienso en María aplastando la cabeza de la serpiente; paramos a desayunar en la fuente de su plaza. Todavía el cuerpo, y la mente, no se saben peregrinos, y andan como un tanto extraviados de sí mismos, con un bostezo existencial, sin saber bien de qué pié cojean, intuyéndolo…

Soledad acompañada.

Al llegar me dolían mucho las plantas de los pies, ahí experimentaba la mayor limitación física. Ungir mis pies que van por el camino…no se si es una oración, un poema, o una adaptación de mis sentimientos. Pero la hago. No podía dar un paso más y lo seguía dando.

No ha hecho calor. La nube negra, amenazante, nos ha ido acompañando con su sombra mosaica. Así cubrías con tu presencia al Pueblo de la Alianza. Gracias Señor, por tu compañía.

Me quejo de mis pies. Las ampollas de un francés, a la puerta del albergue, me dejan alucinado. ¿Qué fuerza interior le mueve? ¿Yo lo hubiera dejado…?

Sigo deseando silencio y soledad y me muevo en medio de una multitud. La muchedumbre, desde la que me has llamado tantas veces, se hace una vez más presente. Multitud como ovejas sin pastor. ¿Qué presencia soy?

En fin, Señor, que aquí te escribo. Sabiendo que estás ahora, que te busco y te deseo. Que es don tuyo esta peregrinación, éste no estar nada en lo extraordinario, sino en lo cotidiano.

Hemos celebrado la eucaristía en una pradera, al borde del río, junto al tímpano románico de la Ultima Cena. De una manera tan simple vienes hasta nosotros.

Sea lo que sea, te doy las gracias.



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Despertarse el mundo. Respetar la realidad. El Alto del perdón.

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Pamplona-Puente la Reina
3ª Etapa

Aprendo que cada día tiene su propio afán. Dejar de lado las ansiedades. No agobiarse por el mañana. Mirad los lirios del campo, y las avecillas, herrerillos, pinzones, gorriones y colorines. Me cuesta mirarles.

Procuro vivir cada momento del camino, respetando la realidad. Tomar conciencia de mí en ti, de tú en mí, Señor y Creador de tantas maravillas que estoy contemplando, de mi ser.

Habremos visto despertarse el mundo mil veces, pero siempre resulta distinto y maravilla aún más. Al principio el alba lo baña todo con una claridad que se parece mucho a la leche en la que se hubiera vertido mucha más agua, y no hay ningún ruido. Es como si el campo contuviera por unos minutos la respiración, y eso es lo que hace que las cosas se sumerjan en una claridad subacuática, escribe el diarista y su lectura mientras transcribo este diario del camino me permiten rendirle este mínimo y desapercibido triduo de homenaje.

Me parece increíble que con lo deshecho que estaba ayer, casi descuartizado por dentro, hoy me ponga a caminar. Domino la tentación de aquí me quedo. Destierro la pregunta, dejo pasar la nube de ¿llegaré a Santiago?

Beltrán suele caminar unos doscientos metros por detrás. Tan solo el sonido del silencio, y de tanta vida que me rodea. Repito tu nombre, en una letanía de pasos: Señor Jesucristo, ten misericordia de mí. Así he subido, y he bajado, el Alto del Perdón. Sudando la gota gorda.

Antes y después iglesias y pueblos de postal: Zariquiegui, Uterga, Monruzábal, Obanos, este último con una plaza medieval, engalanada para las fiestas, que nos transporta a otros tiempos.

En el Alto, una Virgen del Perdón. Le pido que nos alcance tu misericordia: Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.

El resto es mirar más al camino que al paisaje. El paisaje está dentro del camino. Es ir acumulando cansancio y sudor. Es preguntarme, de vez en cuando viene la tormenta seca, qué hago aquí, cuanto voy a aguantar. Y empieza el montaje de la película un amino hecho trizas, tres etapas y un adiós, la tendinitis asesina…lo que demuestra que tengo una imaginación perniciosa y que no vivo el presente.

En mi presente, sin embargo, siempre estás tú, Señor.

A las seis y media me voy a buscar las llaves de la sacristía de la Iglesia del Crucifijo. Empezamos la misa tres, Beltrán, Sonia y yo. Cuando dos o tres estáis reunidos en mi nombre. Sonia te busca y no te conoce. Ayúdale a encontrarte. Se va sumando gente a la celebración.

El rato que paso, de acción de gracias prolongada, después de la misa es de suave presencia tuya y profundo silencio. Me viene la tentación de quedarme en el monasterio de Irache, una semana a rezar, dejarme de caminos. Siempre la contemplación como llamada y huída. Contemplarte en el camino, en medio del mundo. Aunque sea tan ruidoso, complicado, masivo y poco espiritual como este albergue donde escribo.



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Sillencio que escucha. El eco del bordón. Equipaje para el camino

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2º Etapa
Zubiri-Pamplona

Segundo día. Pasó una tarde, pasó una mañana. Y vió Dios que todo era bueno.

Hoy empezamos con una niebla navarra que hace muy agradable el tramo inicial, entre tanto verde. La neblina se queda enganchada de los árboles. Beltrán y yo vamos en silencio. Un silencio lleno de escucha. El sonido de los bordones. El mío, regalo de mis padres.

He dormido muy mal. Me desvelé pronto y, en la cama, en paz, he ido repitiendo la oración del corazón. No me ha preocupado excesivamente – ¿me habré despertado por ello?- el hecho de tener un día de marcha por delante. A las cinco y media, en pié. Con bordón.

Suena el bordón en la piedra de la calle, en las piedras del camino, en mi interior. Tú pones el eco, Señor. Suena el bordón en los bosques profundos, arañando la arena, acuchillando el charco.

Dicen que son los últimos bosques, casi los primeros, hasta Galicia. Dicen tantas cosas del camino… ¿Las escucho? Dicen que el camino dice. ¿Lo escucho?

Llegamos hasta el refugio de Trinidad de Arre, junto al río, tan bucólico y pastoril. El Arga canturrea su canción, para quien conmigo va. Seguimos hasta Pamplona por una calle larga e interminable.

Entro en Pamplona por la fronda, viendo en alto la catedral. Hace sol, hace calor. Una rozadura en la ingle me está martirizando, a cada paso un envite. Entrada medieval, el puente, las murallas, la calle que es camino francés. Suena el bordón de San Fermín.

La rozadura…¿me permitirá seguir mañana? No preocuparme. A cada día le basta su afán. Quiero seguir tu camino, Señor, que es el camino de cada día.

Nos abre una hospitalera alemana. Refugio de casi cien literas, en un polideportivo. Los espejos reflejan y amplían hasta el infinito el bosque de camas. El camino empieza a reflejar mi propia imagen.

El camino de Santiago tiene la virtud de afectar a toda la persona, desde lo más externo hasta lo más profundo de su yo. Paso a paso, a medida que avanzamos por las sendas y caminos, el espíritu del camino va calando en nosotros y modelándonos hasta convertirnos en auténticos peregrinos. Es bueno que seamos sensibles a estos cambios interiores, que los gustemos y cuidemos para que, como pretendemos, sea una experiencia que deje huella.

Silencio y soledad, en medio de una multitud, como equipaje para el camino. Tu presencia, Señor, alentadora. En tus manos.

Ahora, mientras escribo esto, me siento muy cansado. Hace calor pastoso, calor húmedo, calor de humanidad. Sesteo hasta las cinco de la tarde, con la imaginación bulléndome. Trato de hacer silencio a tanto pensamiento que danzan en mi interior.

Un peregrino me dijo que la limitación del cuerpo es la peor. Comienzas a notarlo en los detalle más mínimos. Requiere tu atención. Me doy cuenta: estoy asaeteado por las agujetas, como un sansebastián. Ando que parezco un imposibilitado. Tengo una rozadura que me tiene la rojo vivo. Aún así quiero seguir tus caminos.

Salgo con Beltrán a dar una vuelta. Compramos moscatel para celebrar la eucaristía. El pan y el vino. Tu cuerpo y tu sangre. Nada más. Nada menos.

Algunas personas reconocen el gesto de partir el pan. ¿Celebráis la eucaristía?

He venido con ganas de pensar mientras camino. Creo que se van a quedar el temario de mi vida, y los pensamientos, en la mochila. Me voy dando cuenta que en el camino se camina. El camino te camina. Ni más, ni menos. El camino aclara la vida, sin pensamientos.

Ando repitiendo tu nombre, acostado y levantado. Con el deseo de envolverme, de arroparme con tu misericordia.



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El hijo del trueno. LLuvia de mis pecados. Sin preguntas.

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25 de julio
Santiago Apóstol
Roncesvalles-Zubiri
1ª etapa

Inicio la peregrinación, en tu nombre, Señor.

Salimos de Roncesvalles a las seis de la mañana. Muy nublado. Amenaza lluvia. Resuena en la piedra el bordón, y mi corazón hace eco.

Al llegar a la cruz de Roncesvalles, relámpagos y truenos. Santiago, Bonaerges, se nos hace presente al inicio del camino, en su solemnidad.

Al pasar por Burguete comienza el diluvio universal. Poner delante los tiempos míticos de la creación, el pecado, el arca…Parece que las cataratas de Iguazú se han venido a pasar el día, oscuro como la boca del lobo, hasta estas lindes de los Pirineos. Si la lluvia es una bendición hoy nos bendices copiosamente.

En Espinal, al entrar en el bar para desayunar, estoy empapado hasta el tuétano. Ya me he preguntado mil veces que hago yo bajo tanta, tantísima, lluvia. Lluvia de mis pecados. Lluvia en la oscuridad, en los hayedos, los robledales, en un bosque que se hace profundo y vaporoso. Me doy cuenta que no hay que pensar, ni quejarse, si resignarse, sino tratar de vivir el momento presente del camino, tal y como viene. Con los pies chapoteando de incertidumbre y barro.

Alto de Mezquiritz, una vista hermosísima, niebla y verde de Escocia. Tímidamente quiere rasgar el cielo el sol. Una lápida: “Aquí se reza a nuestra señora de Roncesvalles”. Rezo: Alégrate, María. Hágase en mí según tu Palabra. Y Habitó entre nosotros.

Solo miro el camino. Los interrogantes escampan.

Al llegar a Zubiri estoy agotado, con calambres, no puedo dar un paso. Llegamos los primeros al albergue, una clase de escuela. Al minuto aparece una norteamericana, con toda la ropa empapada. Le animo. Estar atentos a las necesidades de los otros.

Te vas haciendo presente. En el otro. Cada vez que…

Terminamos de comer, lluvia, frío, ambiente desapacible. Empiezan a llegar peregrinos calados pro la lluvia temprana y tardía.

Mejor no hacerme preguntas. Quizá esa sea la respuesta. En este momento, como respuesta, empieza a salir definitivamente el sol.

Como los caracoles sacan los cuernos empezamos a sacar, para secar, botas, calcetines húmedos, pantalones…y personas al sol. Se desvela un valle verde y hermoso, una verde pradera donde nos haces recostar.

En el albergue estamos casi treinta personas, en la misma sala. Hay dos. Ambiente de cordialidad agradable. Van apareciendo las historias, los planes, las expectativas.

Celebramos la eucaristía en la parroquia del pueblo. Tu mesa y tu palabra.

“Todo es para vuestro bien”, nos dice hoy la carta a los Corintios.

En tus manos, Señor, mi peregrinación. Celebrar la eucaristía me reconforta. Te haces presente en el camino. Te reconocemos al partir el pan.

A las ocho cena. A las nueve y media, ya en la cama, hablo con un oculista catalán. Cerramos los ojos.

En tus manos, Señor.



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De Madrid a Roncesvalles. Inicio la peregrinación. La tentación de tenerlo todo calculado.

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Madrid-Roncesvalles
Etapa prólogo

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Sea lo que sea, te doy las gracias.

Escribo este primer episodio en Roncesvalles.
Esta mañana, al salir de casa, en Madrid, me he hecho la señal de la cruz. Acompáñame, Dios mío, en mi peregrinación. Peregrino hacia ti, con deseo de ti, porque te amo. Peregrino porque quiero hacerme consciente del camino de mi vida. Tú eres el camino. Tú eres mi camino.

Siempre quiero controlar y también quiero controlar el camino. Es mi tentación. Tengo ya calculadas las etapas; dentro de 29 días he tenido que terminar. Por eso, como siempre, me centro en mis posibilidades, en mis fuerzas, en mi…en vez de abrirme al camino, como me han aconsejado. Quizá aprenda estos días.

Dame, Señor, la gracia de centrarme en tí. Dame la gracia de caminar hacia la conversión. Te deseo y este deseo es el que me pone en camino. A pesar de mis pecados, desde ellos, tengo sed de ti, como tierra reseca.

Ayer recibí tu gracia y tu perdón sacramental. Dame tu amor y gracia para peregrinar. Que ellas me basten.

La noche pasada he dormido inquieto. A las 5.30 ya estaba despierto. No controlo lo que me va a pasar el próximo mes. Surgen fantasmas, neurosis, soy a veces tan neurótico, me imagino todo tipo de tragedias o calamidades; procuro desterrarlas de la imaginación. Han sido sueños, que me vuelven en el autobús, hacia Pamplona.

Voy recitando Señor Jesucristo, ten misericordia de mi.

Quiero hacer de esta oración del corazón mi compañera de camino, como el peregrino ruso. Quiero que me descienda a lo mas profundo de las entrañas, donde tu me tejes.

Acabo de pedir la credencial del peregrino.

Subimos Beltrán y yo hasta el alto de Ibañeta, dando un paseo vespertino. Hace un sol espléndido. La panorámica que se divisa es muy hermosa. Una carretera de serpentina baja a Saint Jean Pied de Port. Teníamos que haber salido desde allí, pero…

Te alaba la creación.

“El que me ofrece acción de gracias ese me honra. Te han explicado, hombre, el bien que Dios quiere de ií: simplemente que respetes el derecho, que ames la misericordia y andes humilde con tu Dios.”

Que andes humilde con tu Dios. Que andes como peregrino.

Participo en la eucaristía en la Colegiata. Antes he rezado el rosario. La Virgen de Roncesvalles me acerca a ti.

Me impresiona un señor mexicano, con más de 65 años, que no sabe ni lo que es la fecha amarilla. No se si es un insensato, o que confía demasiado en ti. ¿Demasiado?

A las diez se apaga la luz.
Unos pies cercanos apestan.
¿Qué me espera? ¿Llegaré a Santiago?
En tu paz; aunque no me duerma.



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