La sed sedienta. Reconstruir flechas. Un regalo insólito.

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Sahagún-Reliegos
16ª etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre.

Hoy comenzamos el camino una hora antes. A las cinco de la madrugada todas las estrellas en el cielo, toda la oscuridad en la tierra. No hay ángeles que digan: Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres que Dios ama.

Queremos hacer una marcha de casi treinta kilómetros y, siempre amenazante, el calor. Nos hemos puesto al retortero de siete varones atléticos, un pequeña legión romana. Caminan a muy buen ritmo, van bien pertrechados, se les ve preparados, hacen del camino un ejercicio físico. Llevan varias linternas .Cuando salió la luz les dejamos continuar a su ritmo, más veloz. Llegaremos al mismo tiempo a Reliegos.

Salieron de Sahagún, un tanto legionarios, contando chistes. Violaban lo sagrado de la noche espléndida, del silencio ensordecedor. Seguirles nos ha ayudado a continuar el camino, a orientarnos, nos ha dado luz. Y ruido.

En varios cruces nos hemos despistado. En uno he esperado a Beltrán. En otro nos han respondido a las llamadas de auxilio con haces de luz. Principio de etapa en oscuridad, con solidaridad. En un momento dado me he parado a reconstruir una flecha de piedras, pues en otra encrucijada se prestaba a equívocos y la gente se iba por otro lado.

Reconstruir flechas, restaurar direcciones, señalar. Juan el Bautista. Es preciso que él crezca y que yo disminuya. La dinámica es clara.

Teníamos miedo al calor y el calor ha hecho bravo el miedo. Etapa aridísima, de calora apocalíptico Desde Burgo Ranero hasta Reliegos no hay palabras para describir la planicie eterna sin horizontes, tan solo paja y tierra. Mucho más que ayer, un continuum. El camino recto, con árboles raquíticos, penachos de hojas a medio secar. Si no secan, con el paso del tiempo, este sendero será una sombra. Hoy por hoy es un desierto. Con alguien que ha plantado futuro. Y gente que trata de que el presente no lo ahogue. Pasa un camión cisterna, en medio de esta nada, regando cada árbol. Pura poesía.

A partir de las once un infierno de calor. Paramos varias veces para tratar de exprimir la más mínima sombra. Seguir andando, andando, andando. La mente en blanco, blanca de sol y luz. Absorbida por el camino de polvo. En el corazón una atmósfera de oración, con tu nombre que se hace esparto en la boca.

Nunca llegaba el pueblo. Tenía que estar al doblar, y no estaba. Tenía que estar más allá, y no estaba. Al final, como siempre, apareció. Uno se mueve sabiendo que llegará, aunque no sabe cómo, ni cuándo. Siempre está. Como tú.

Llegamos al refugio, asediado por el fuego, y recibimos un bienvenidos y un vaso de agua fresca: dar de beber al sediento, dar posada al peregrino. Cada vez que lo hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis. Puro evangelio, que refresca, en medio de un calor de juicio final.

El pueblo no tiene nada más que calor. El refugio es un horno de calma chicha y condensada. En la tienda compramos para una ensalada, pan y vino para el banquete…

Celebramos en lo alto del pueblo, en la zona de las bodegas, en medio de un algo carcomido por el tiempo. Ofrecemos la eucaristía por la paz en el país vasco: ayer mataron a uno, hoy a otro. Una irracionalidad. Tú nos das tu vida entregada. Para que construyamos la paz.

Un regalo insólito: primeras ampollas. Después de 16 días caminando. Fruto del calor. Cuando uno creía controlar, brotan ascuas en los pies. Pongo mis pies en tus manos. Dame fidelidad al camino, que eres tú.



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Santa María del Camino, del Consuelo, del Refugio. Melodías. Ver al Salvador

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Calzadilla de la Cueza-Sahagún
15ª Etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

Hoy entraremos en otra provincia: ya hemos pasado por Navarra, Rioja, Burgos y Palencia. Hoy nos abrirá sus fauces calurosas León.

Vuelve hacia atrás la vista, caminante,
verás lo que te queda de camino; desde el oriente de tu cuna, el sino
ilumina tu marcha hacia delante.

Era cierto que en el horizonte se vislumbraba, a media mañana, Sahagún. En vez de torres de iglesias, tan advertidas, se veía un silo enorme de grano. Y mucho sol. De pronto el camino se desvió y nos hizo pasar por la ermita de la Virgen del Puente. Allí, a la sombra dela propia ermita, descansamos. Bajo la protección de Santa María.

María, que acoge con cordialidad a Dios y a los hombres. María, en quien se resume el ansia y la búsqueda de Dios de la humanidad. Como Ella queremos comprometernos plenamente con las exigencias del misterio de nuestra vocación. Como Ella quiero llegar a ser un hombre de fe que consideran todo a la luz de la revelación y descubrir cómo actúa Dios en la historia de los hombres y en los acontecimientos de nuestra vida diaria. Para ello me está ayudando la presencia de María, tan discreta, en este camino. Hoy la traigo hasta aquí.

María del consuelo, del refugio. María, en esta experiencia de auxilio, protectora con su sombra, pues hoy hervía el campo.

Ahora estoy tumbado en la cama. Hemos sido los primeros en llegar a este refugio, magníficamente montado en lo que fue la nave central de la Iglesia de la Trinidad, en las alturas. Son las cuatro de la tarde y sigue llegando gente, que ha hecho una etapa de casi el doble de kilómetros que nosotros. Vienen destrozados por el sol. Algunos caminan peor que los paralíticos que intentan andar. Así cada día: levántate y sígueme. Por ellos te pido, Señor. Por todos los peregrinos, por lo que van buscando, para que de alguna manera te encuentren.

A las seis de la mañana estamos caminando dentro de una noche enorme, llena de estrellas. Sin parar, en una recta infinita, una más, pero algo más ondulada que ayer, vamos atravesando pueblos pobrísimos: Ledigos, Terradillos de Templarios, Moatinos, San Nicolás del Real Camino (tanto nombre para tres casas de adobe y una fuente con sabor a lejía), así hasta llegar a Sahún. Camino bien, rápido. Si me paro y me enfrío, me cuesta mucho arrancar, Como todos los días, voy repitiendo tu nombre con los labios, esperando que descienda hasta el corazón, que me transforme la mirada tanta oración.

A veces me asalta la aridez, pero sigo andando y repitiendo, Señor Jesús. Aquí es fácil hacerlo. Más difícil, sin duda, en las arideces de cada día en el trabajo, en…

Beltrán va cantando cánones de Taizé. La música me alegra el corazón. Para ti es mi música, Señor. Tañe tú mi melodía.

Hago un acto de fe, tan desnudo como todo lo que estoy contemplando estos días. En la nada, todo. Atravesar el vacío en la sencillez. Don tuyo. Dejarme hacer.

Continuar, contemplar, poner voluntad y constancia sabiendo que nada depende de uno, ni el tiempo, sol o fresco; ni el dolor de los pies o de las espaldas; ni la distancia que hay que recorrer. ¿Ponerse pequeñas metas en el gran horizonte?¿Hacer del horizonte una pequeña meta?

Salimos por la tarde y el calor es abrasador. Las calles del pueblo son un horno. Bajamos hasta la residencia San José, donde a las siete y media tiene lugar la eucaristía. Es una residencia de ancianos, de las hijas de la caridad. Cada día, celebrar la eucaristía en una comunidad distinta, en un pueblo distinto, en una circunstancia distinta, me habla de la universalidad de tu Iglesia. Tú siempre el mismo.

Hoy asisten muchos simeones, que desean sin duda decir ahora señor puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu salvador. Cuánta mirada de fe. Cuántos ancianos que te ven como salvación, con su fe sencilla, con su vida entregada y aparentemente oculta. Cuánta comunión delos santos, cuánto caudal de Gracia. Te pido por ellos, para que en su ancianidad vivan abandonados en tu misericordia y en la ternura de tu amor.

El crepúsculo es bellísimo. El sol, rojizo, enorme. Hacía él vamos. El sol, el que guía nuestros pasos por el camino de la paz.



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Línea recta. Una encrucijada. El negociante de estrellas.

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Villárcazar de Sirga-Calzadilla de la Cueza
14ª etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

Hacia Itero de la Vega, antes de ayer, fue una línea horizontal. Hoy es vertical, y rasga el cuaderno de arriba abajo. De Villarcazar de Sirga a Calzadilla de la Cueza una recta. Nada más. Y una sola encina.

El paseo se hace eterno. Sólo el conocimiento de que es un tramo de camino original anima a seguir…Por ponerse metas es bueno fijarse en el horizonte. Es el juego de las ilusiones. Llenar de futuro un paisaje que parece haberlo perdido.

La guía, como siempre, es precisa, muy descriptiva. Pero le falta, es una guía, no un abecedario ni un itinerario espiritual, una mirada de fe, un ir un poco más allá de lo que se ve, de lo que se intuye, de lo que se desconoce. Es una línea recta, que une dos puntos por el trayecto más corto. Línea sencilla, sin dobleces, clara.

En mi cuaderno, línea vertical. Unir lo humano con lo divino. La horizontal y la vertical se juntan en la cruz: la cruz del camino, la propia cruz de cada día, la encrucijada. La encrucijada de la cruz es tu corazón abierto, dándose. Solo el conocimiento de que tú eres el camino, de que el camino conduce hacia ti, invita a seguir.

Líneas rectas. Es evidente que seguimos en la Castilla del autor de “el camino”, por cuya tierra, más al sur, capital castellana, no pasa el de Santiago.

Hasta llegar a Carrión de los Condes, y un poco más, he cojeado con mucho dolor. Me da miedo el estar forzando excesivamente, el no llegar. ¿A dónde? Tu me llegas cada día. ¿Por qué no aprendo de una vez por todas el ritmo de lo cotidiano, lo lento, lo callado? ¿Por qué no respeto el ritmo que tú me marcas?

Siempre haciendo los cálculos de que dejan perplejo al principito cuando se encuentra al negociante de estrellas. “Yo poseo las estrellas porque jamás, nadie antes que yo, soñó con poseerlas. ¿Y qué haces tú con las estrellas? Las administro, las cuento y las recuento”

Hoy calculo que estamos atravesando el ecuador del camino. Un cálculo. ¿Qué quiere decir? Contar kilómetros es como contar estrellas. No sirve para nada si no hay dentro una poesía susurrando que no sirve para nada contar sino admirar.

En cualquier caso, gracias, Señor, porque me has traído hasta aquí, porque vas a mi vera; gracias por hacerme, y hacerme peregrino. Gracias por hacerte tú caminante por nuestra tierra. En tus manos estoy, entre el cielo y la tierra, en silencio y soledad, en compañía. Gracias, Señor, por esta peregrinación, en la que tu nombre me acompaña. Por amor a tu nombre.

Desde Carrión a Calzadilla una línea recta, desnuda, despojada, un horizonte que no avanza. Nosotros sí avanzamos. Un solo campo que lo envuelve y lo invade todo. Los pasos, el camino, el polvo, un no parar de andar sabiendo que siempre se acaba llegando.

El albergue, en medio de esta nada, son los jardines del generalife. Después de la recta interminable, jaima de oasis. Un edificio alargado, sencillo, con literas, sin apenas espacio: 50 camas, un barracón Una bendición, tu pan de cada día, para quien no tiene nada y es recibido siempre. Amabilidad del hospitalero.

Celebro la eucaristía en el patio del albergue, en un lugar que, de astroso, podría ser perfectamente el pesebre de Belén. Y me quedo embobado, contemplando tu gloria. Es actualizar, en la encrucijada, el misterio de la encarnación y de la eucaristía. La creación y la pasión. El nacimiento y la muerte. Todo unido, unificado en ti.

Realmente es un don tuyo poder celebrar la eucaristía en estas condiciones, y luego estar un rato hablando de la importancia de vivir la fe en comunidad, de llevar la fe a la vida y la vida a la fe.

Estuve mirando al infinito castellano, repitiendo Señor Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Me respondía con una paz infinita y un silencio sobrecogedor.

En tus manos.



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Sacias de favores a todo viviente. Inmensidad. Meseta, cielo y tierra

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Hornillos del camino-Itero de la Vega
12ª etapa

Sacias de favores a todo viviente, inmensidad, meseta, cielo y tierra

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo.

Se juntaban el cielo y la tierra en un inmenso horizonte.

A las seis nos ponemos en camino, atravesando la calle de Hornillos, en medio de un silencio que anuncia el alba. Dejamos nublado a la espalda, las últimas estrellas al frente. Comenzamos a subir una ladera que, en lo alto, nos abre a la inmensidad de la meseta.

Si cabe, mas sensación de infinito que ayer. Paro y contemplo admirado. En medio de los trigales, el camino, una raya de pasos y siglos, surcada en la tierra, con el arado de Santiago.

Hace fresco, un día espléndido para caminar. Nos estas regalando una temperatura deliciosa. Peyo comenta que hace dos años estuvo a punto de morir abrasado de calor en estos mismo parajes. En la provincia de Burgos nos has mostrado tu frescor, Señor. Gracias.

Hacia Castrojeriz, por un valle en el que aplauden los árboles del bosque y las colinas se orlan de alegría; las laderas se visten de mieses que aclaman y cantan: bendito sea el Señor, Dios nuestro. Mientras voy caminando te alabo con la oración del corazón, fuente que mana incesantemente durante toda la etapa, en el camino. Unas veces con la boca, otras con los ojos, con los pies, con el corazón, “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí”. Siempre contigo.

Llegamos a Castrojeriz y seguimos hacia Itero de la Vega. Es mediodía, tenemos una brisa en las horas de fuego que nos permite avanzar, y subir a la meseta, que desde el pueblo parece un himalaya de zigzag. Desde arriba, el paisaje incomensurable que no me canso de describir. En el valle, dorado, Castrogeriz. En la meseta, cielo y tierra, y un mar de trigo.

Sin parar, paso a paso, desde Roncesvalles, ahora comiéndonos Burgos, vamos avanzando. En varios momentos siento desfallecer el ánimo, pero sigo avanzando. Un espejismo, o un mareo: las nubes moviéndose, como un tornado, absorviéndome desde el horizonte.

Ponte Fitero, con el hospital de peregrino, bajo la tutela de los caballeros de la Orden de Malta. Los hospederos lavan los pies a los peregrinos, que se alojan allí.

¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, vuestro maestro y Señor, os he lavado los pies, lo mismo debéis hacer vosotros unos con otros. Os he dado ejemplo: debéis portaros como yo he hecho con vosotros. Seréis dichosos si lo ponéis en práctica.

Por primera vez hoy me niego a hacer un cálculo de kilómetros de la etapa de mañana, de vivir pendiente de la guía, de las etapas, de los posibles albergues. Caminar…y Dios dirá. En tus manos.

Celebramos la eucaristía en la parroquia de San Pedro, frente al albergue. Albergues e iglesias, juntos. Dios con nosotros, dando reposo, posada, y alimento al peregrino. Preparas un banquete, reparas nuestras fuerzas. Tu presencia, Señor, permanente.

No solo en el corazón, si no al alzar la vista, cada tarde. Hoy suenan los tres toques de campana, nos convocas. Preside el párroco, un venerable anciano. La sacristana nos lo enseña todo, y está encantada de ver que algunos peregrinos vienen a misa. La eucaristía renueva las fuerzas.

El hospedero, un alcohólico, violento. Por la noche cierra la puerta, con llave, por fuera, y nos deja encerrados. A las cinco y media de la mañana tendremos que salir por la ventana, como si juanes de la cruz fuésemos. Me gustaría estar tan enamorado de ti.

Acaba de sonar el primer toque de campana para la eucaristía. Abres tú la mano y sacias de favores a todo viviente. En tus manos.



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Homo viator. Belleza sencilla. Unión.

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Villafranca Montes de Oca-Hornillos del Camino
11ª Etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

A las 6.30 dejamos Olmos de Atapuerca, iluminados por la linterna que lleva Marlon en la cabeza, como un minero que desciende a las entrañas de la tierra, como un faro que rompe la noche y abre el día.

A las 3.15, hora del calvario, llegamos a Hornillos del Camino, y atravesamos su espina dorsal de piedra y siglos.

Desde Tardajos no tengo palabras para describir. El dicho señala: “De Tardajos a  Rabé, libéranos, Domine”. Menos mal que no me has liberado, que nos hemos decidido a seguir caminando hacia Hornillos y no nos hemos quedado, como pensábamos, en el hospital de peregrinos de esa localidad; hemos avanzados unos kilómetros más, a medio día, sin excesivo calor y….

…blanco de nube, azul intenso de cielo, trigales, inmensidad del mar castellano, olas de lomas, espuma de cúmulos y algodonales. Belleza sencilla de lo visto, en una soledad y un silencio plenos, que resuenan al describirlo y hacen callar las palabras.

…campos granados, penachos de oro, gasas de albañales, cal viva, brochazos de cielo, infinito abierto y envolvente.

Solo por el camino. Con la seguridad de que los demás venían detrás, amparado, con las espaldas cubiertas por la compañía cierta, por la amistad que va haciéndose profunda y hundiendo sus raíces a la vera del camino.

Dos horas y media de una hermosísima experiencia de plenitud, en medio de los campos castellanos. La luz va con la luz. El sol con el sol. La nube con la nube. El viento arrastra la luz, el sol, la nube y al peregrino. Dicho sea parafraseando al poeta, que hace música con las piedras y con el viento, del que líneas más allá pondré unos versos. Soledad entre camino y el cielo, que me da una sensación de unión suave contigo, en tu creación, que se mueve en el aire. Sin parar de caminar.
Todo había comenzado subiendo una ladera, continua, muy de mañana, con fresco. Robles y olmos. A lo lejos, divisamos Burgos, y dejamos atrás todo un horizonte andado, con los Montes de Oca como telón de brumas. Iba andando, muy fastidiado de la rodilla, con fuertes dolores. La sigo forzando demasiado para no cojear, y es peor el remedio que la enfermedad. Apenas me pregunto ya, ¿dejaré el camino?. No hay pregunta, hay caminar.

Llovizneaba, al igual que en mi corazón, la oración del peregrino: “Señor Jesús, hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador”. Tu Palabra desciende y me hace germinar. Cuando tú quieras.

Ante la puerta de la catedral, en el parteluz, me entran escalofríos de emoción. En Burgos. Ante ti y contigo, Señor. En tus manos.

En tus manos, Señor, nuestra vida peregrina. Nuestro camino, que eres tú. Cada día me anticipas, me  haces entrar en el pórtico de la gloria. Gracias.

Sin mayor misterios me estás educando en el camino de la vida. Enseñándome a vivir. Enseñándome cómo vio. Homo viator. Por amor a tu nombre. Por eso peregrino. Porque te amo.



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Calma infinita. Orígenes de la humanidad. Historia de salvación.

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Villafranca Montes de Oca-Olmos de Atapuerca
10ª Etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras.

En Olmos de Atapuerca; muy cerca, un cráneo de más de hace 300.000 años. Hay cifras que te dejan con un vértigo de tiempo en la boca del estómago y un asombro parecido al mirar las estrellas de Abrahán más la Vía Láctea, en una noche despejada y profunda.

Creó Dios al ser humano a imagen de suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Les bendijo y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos.

Desde entonces, historia de salvación. Que también llega a este pueblo pequeño, como llegó a Nazaret, a Belén a cada uno de nosotros. Veinte habitantes en invierno, nos dice el cura, que se encarga del albergue, en nombre del pueblo, y que nos recibe barnizando la puerta del hospital de peregrinos, no digáis albergue, por favor.

No hay tienda; la comida y la cena en la taberna, auténticamente de pueblo. Unas lentejas cocidas en puchero de barro. Deliciosas. Eso sí: hemos tenido que esperar a que viniera el panadero con el pan; sin pan no hay comida, y menos para unos peregrinos. El que coma de éste pan vivirá para siempre. Una taberna con sabor a muerte reciente, según nos cuentan, un cambio de dueños, un emigrar a la ciudad…muerte rural.

Escribo en la plaza. Una calma infinita. Pasan peregrinos (nos hemos juntado unos cuarenta en un pueblo tan pequeño, antiguo paso de peregrinos, hoy fuera de las guías y de los itinerarios establecidos). El horizonte, abierto, cruzado por la autovía que lleva a Burgos, por la vía del tren, a lo lejos. Atravesado por el Camino de Santiago. Veo la torre de la Iglesia, que hoy es espadaña. Otro ritmo, otra vida, Señor.

La salida de Villafranca Montes de Oca es un bosque continuado, tres horas de pasos cojos, hasta llegar a san Juan de Ortega. Pinos, robles, monte bajo.

Dice la guía que los grandes bosques de roble y la ausencia total de ruidos sumergen al caminante moderno en un mundo cercano al que debieron de vivir y sentir los primeros peregrinos.

Sí y no. Sí porque tú sigues caminando con el hombre desde Atapuerca, pasando por Abraham y por los que siguieron a Jesús en Palestina, y por este camino de Santiago, hasta nuestros días. Y a la vez que uno avanza en el camino interior, ahí estás tú, en el silencio. No porque por mucha ausencia de ruidos estamos con móviles, con tarjetas de crédito, y no hay ni la inseguridad del silencio de los que amas, a los que puedes llamar en cualquier momento, ni la soledad medieval, ni el miedo a los mil peligros que acechaban a los primeros peregrinos. Siempre hay sopa de ajo en el hospital de San Juan de Ortega. Sí porque sus ojos, como los nuestros, vieron el bellísimo capitel, milagro de luz.

Me siguen diciendo que ando cojo. Pongo cara de ser cojo de nacimiento. Ando. Tú en el camino.

Hago la marcha en silencio y soledad. Soledad y compañía.

Celebramos la eucaristía con Pedro, el cura, algunos peregrinos y gente del pueblo. Josune, con la que venimos coincidiendo desde Grañón, nos dice que ha sido un regalo tuyo entrar en la Iglesia (la natividad de la Virgen) y encontrarse con que estábamos celebrando la eucaristía. Leemos la plegaria eucarística de Jesús nuestro camino. Cada vez que leo la palabra camino la hago especialmente mía. Tú eres mi camino, Señor. Me enseñas el camino de la Vida. Prolongada acción de gracias.

Paseamos por las lindes del pueblo. En la conversación las vidas que llevamos en Madrid, en …los horarios de locos, el ritmo de taquicardia, el ir y venir y no tener presente sino un futuro que te atropella el presente…Estos días nos das una hora de sesenta minutos en presente, un camino desde que sale el sol hasta el ocaso, la luz, la mirada, el ritmo renqueante, cada uno el suyo. Adagios de una existencia consumada.

Sale el sol que te acaricia la espalda, cada mañana, mientras caminas; si está nublado simplemente descubre los perfiles de la oscuridad y los va atravesando de contornos reales. Caminas hacia el ocaso. Llega el ocaso y entras en la muerte del día, para resucitar cada mañana. Vida y muerte. Un paso. Una pascua.

Al regresar al hospital de peregrinos veo Venus. Cae la noche. Hasta de noche me instruyes internamente, Señor..



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Edades del hombre. En la oscuridad más completa. El egoísmo.

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Grañón-Villafranca Montes de Oca
9ª etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

Me he levantado con pocas ganas, más bien con mucha desgana. ¿Da lo mismo?.

Crear hábitos de camino ayuda a seguir adelante. A la media hora ya estaba con la mochila en los hombros, tras haberme lavado, purgado, doblado en bolsitas las escasas pertenencias, tomado dos yogures azucarados, hecho una parodia de calentamiento…dispuesto a caminar, en la oscuridad más completa de la noche. Si no llega a ser porque delante de nosotros iban unos peregrinos con linterna, y nos hemos puesto a seguir su rastro, hubiéramos tenido que esperar a que aclarara algo. La oscuridad impide ver las flechas amarillas, y va uno como ciego…a pesar de que tu luz nos hace ver la luz.

Entramos en Castilla, por la puerta de Redecilla del Camino, con su pila bautismal del s.XII, que no vemos. Dice la leyenda del caminante que Los Pirineos son la infancia, verde y fresca, Navarra la adolescencia, verde que pica, La Rioja la juventud verde de exuberantes de viñedos y jugosas frutas, tan suculentas como prohibidas, y Castilla, tan árida, tan llana, tan mesetaria, es la madurez, que empieza a adquirir otro horizonte, otras tonalidades, más secas y doradas, otros ritmos y dinámicas, y mucha monotonía. . Etapa en la que entro por edad y por el camino; entrada bautismal.

Toda la mañana ha estado nublado el cielo, con nubes bajas y frescas, no amenazantes. Día delicioso para andar, cojo; sin temor del ciego sol, la sed y la fatiga, consustanciales a esta tierra castellana. De alguna manera tu mano salvadora me protege, nos protege. En el momento en que escribo estas líneas, tumbado en una tienda de campaña militar, obsequio de la Junta de Castilla y León, que pone estas zonas de acampada, con buenas instalaciones, el horizonte es trigo y sol. En las lomas por las que hemos pasado hoy, grano por cosechar.

En la marcha más conscientemente que otros días, si cabe, he estado diciéndote todo el
tiempo, Señor Jesús, hijo de Dios, ten misericordia de mí. He procurado la soledad. Me tienes, Señor, bastante sereno de pasiones ocultas, que aprovechan cualquier resquicio para hacerse presentes con toda la fuerza, y la realidad sonora dela imaginación.

Y el egoísmo. Esta mañana, al salir, una chica me dijo que tenía miedo de andar sola. Le dije que no temiera, y no la esperé. Me sorprende esas muestras de egoísmo feroz. No dejo de asombrarme del lobo que llevo dentro. ¿Estamos en luna llena? Perdóname. Me duele todavía no haber dejado la cama en Zubiri al mexicano, después que anduviera perdido por el monte, que llegara empapado. Me descubro más egoísta de lo que pensaba, anteponiendo mi seguridad, mi comodidad, mi plan establecido. El egoísmo, mi propio bien antes que el de los demás. ¡Qué lejos estoy de amar hasta el extremo! ¡Qué lejos estoy de amar de la manera más sencilla, más cercana, más verdadera! En tus manos, Señor, pongo todo mi mal. Purifícame tú. Y no me dejes recrearme en mi pecado.

Estos últimos días la presencia permanente de Santa María en todas las iglesias.

A estas alturas de la peregrinación, por primera vez, descubro que tengo ganas, y voluntad, de llegar andando a Santiago. Peregrino por amor a tu nombre. Tú sabrás que grano de mostaza has puesto en mí. Parece increíble, pues salí de Madrid con una mochila y un mes por delante, llevo andados más de doscientos kilómetros en nueve días, y solo hoy me he dado cuenta que voy a llegar, que quiero llegar, que me has transformado en peregrino. Has instalado en mí el deseo. Y el deseo tiene una fuerza indomable e irrefrenable.

Desde la tienda de campaña se ve la torre de la iglesia, bañada de sol, rematada por las nubes, que juegan con las campanas. Irrumpe un sonido de hojalata, toque tristísimo que rasga el viento, lamento que cruza los campos y anuncia la muerte en los Montes de Oca. El pueblo se va congregando en la puerta, esperando al difunto y sus familiares. Todo el pueblo. Cierran las tiendas, los vecinos se agolpan, tiñen los rostros de luto, piensan, quizá, en su propia muerte, con una toque semejante, que taladre el propio corazón de difunto y lo devuelva a la vida antes de que le acuesten para el sueño eterno en el camposanto. Vida y muerte en tus manos, Señor. Bendita la pila bautismal y el agua que bendice el féretro antes de que abras las puertas del paraíso.

Celebramos la eucaristía en la tienda de campaña. Hace frío al caer la tarde. Nos dices que el reino de los cielos se parece a un tesoro escondido. Un hombre lo encuentra y, lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene para comprar el campo. Nos regala esta parábola en el camino. Gracias. Si es tu voluntad, dame la alegría propia de quien te ha hallado, y las ganas de comprar el campo vendiendo todo lo que tengo.

Charlas con los peregrinos. Hace nuevas y profundas amistades. Abrir la tienda y el corazón.

Son, tierra, calma, tu presencia, que lo traspasa todo. En todo.
Gracias.



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Ser visitado. ¿Turista o peregrino? Tú mi camino, mi verdad mi vida.

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Nájera-Grañón
8ª etapa

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo.

Dimos una vuelta casi a la redonda para encontrar la puerta del albergue, en la torre de la iglesia, en Grañón, con un calor de alferecía. A veces la solución más sencilla, la puerta en nuestras narices, es la que más rodeos nos hace dar. Gracias, Señor, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has manifestado a los sencillos.

En el albergue hay silencio y cuidado exquisito en la relación.
En la cartelera un lema: la diferencia entre el turista y el peregrino es que el turista visita y el peregrino es visitado. Con esto ya tengo para toda una contemplación de tu amor. Visítame tú, Señor, desde el seno Virginal de María. Que mis entrañas salten de gozo. Proclama mi alma…

Salimos de Nájera a las seis. Campos de paja. Solo se ve camino. Voy repitiendo con el corazón, con los labios, con los pies, señor, ten misericordia de mi. Solo veo camino, camino; y los pies al andar.

Marlon me cuenta su búsqueda, el por qué de su caminar. No es religioso. Quiere encontrarse. Hasta ahora no hablaba castellano. Hoy me habla, en portuñol, de su soledad después de sus varios matrimonios…que su camino le recupere. Muéstrale tú, Señor, lo que tiene oculto en su corazón.

Llegar desde Santo Domingo a Grañón nos ha hecho para momentos duros de calor. Junto al cementerio, un nogal, ha sido la bendición de tu sombra. Hemos optado por empezar a frecuentar albergues pequeños, donde haya dos o tres reunidos en tu nombre y no los ciento cuarenta y cuarto del Apocalipsis, que te alaban con demasiada algarabía.

En tus manos, Señor. Se tú camino, mi verdad, mi vida. Se tú el camino que me desvela sin mostrarme nada en particular. Contrasta mi vida. Hazme disponibilidad.

Después de las liturgias diarias, sacras y profanas, pues todo de todo se hace un culto agradable a ti, intento dibujar en mi cuaderno la ventana gótica de la sala, geminada, con su ojiva, traspasada por mi bordón. Dibujar no es lo mío, pero pone un toque artístico a tanta letra de bitácora. Colgamos la ropa recién lavada en las vigas del campanario. Deliciosa estampa de contraluces. Gracias.

Tengo las rodillas hechas polvo y cojeo excesivamente. Me admira que no se me ocurra ir a un médico, con lo aprensivo que soy. Igual el médico me dice que deje el camino, y prefiero continuar mientras el cuerpo aguante. ¿No quiero aceptar la realidad? ¿Quiero forzarme para descubrir el verdadero límite? ¿Me intento demostrar algo? Preguntas que aletean, e incordian, como las moscas. El hospitalero me dice que si quiero me puedo quedar un día más. Le digo que por la tarde no puedo con los pies, mientras que por la mañana, en cuanto me caliento, camino.

Tú verás. Pero no vas a llegar muy lejos. ¿Llegaré a Burgos? Ya has llegado hasta Grañón.

Mis pies, todo mi ser, en tus manos.

Miro por la claraboya, la torre, el cielo, el anochecer. Gracias por el día.



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Brisa en las horas de fuego. Bastan el amor y la Gracia. Peregrino, ¿quién te llama?

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Logroño-Najera
7ª Etapa

Dadme vuestro amor y gracia, que ellas me bastan. Valga hoy, en la onomástica del santo de Loyola, una de las frases de los ejercicios espirituales que más rezo. Otro mantra.

Salimos a las seis en punto del albergue, con los yogures en el estómago y un farmatón que me pone las pilas. Promete ser un día de calor invencible. De hecho, a esta hora tan temprana, los termómetros de las calles marcan un infierno.

Debían ser las siete de la mañana, ya clareado, y por el pantano de la Grajera el calor era sofocante. Quedan tan solo 600 kilómetros hasta Santiago. Me parece mentira haber caminado ya casi 150. Llegamos a Navarrete empapados de sudor.

El día se promete horrible, caluroso, un horno abierto sobre La Rioja. No defrauda. A tres horas de Nájera, subiendo hacia el alto de San Antón, por monte bajo, lleno de matorrales y de piedras puestas una encima de otra, como pirámides tibetanas, (seguro que algún significado esotérico tiene), empieza a sentirse un ligerísima brisa, como la de Elías junto a la cueva. Pues a pesar de tan ligera y vaporosa, como una gasa transparente, airea las entrañas y da una esperanza de frescura. Como un regalo que nos haces para no sucumbir a la asfixia. De pronto me viene el verso el Veni Sanctus Spiritus, “brisa en las horas de fuego”, y se me abre la inteligencia a la realidad. Tu Espíritu da la vida así, permite seguir avanzando en medio de las tórridas realidades de la vida, anima, reconforta, imperceptiblemente. Unas chicas norteamericanas que deben añorar el fresquito de Arizona escuchan mi traducción al inglés. No me entienden, pero ven que eso del Holy Spirit debe ser algo delicioso, porque se me ha mudado la expresión.

En la pared de una vieja fábrica de harinas, unos versos: ¿peregrino, quién te llama? ¿Qué fuerza oculta te atrae?. Dos flechas amarillas y una bandera de España.

Hoy he dejado que el sonido de las pisadas, tan rítmico, con cojera incluida, fuese el respirar de mi oración: Señor, paso, Jesús, paso, ten misericordia, paso, de mí, paso. Arrastrar la planta del pie por el asfalto, por el sendero, por la tierra, por la piedra, por la vida, tú eres el camino.

He sentido en algunos momentos tanto cansancio que me daba rabia. Dejaba de respirar la oración y, al faltarme el aire, era peor. Aquí deben entra los orgullos, las soberbias, y todos sus campos semánticos.

La mochila. Tres camisetas, tres calzoncillos, tres calcetines, una sudadera, la capa de lluvia, media pastilla de jabón lagarto, el cuaderno que me compró Giovanna en Venecia, la guía, el bañador, un pijamilla, una toalla mínima, unos pantalones de pintor, el nuevo testamento en hoja de papel de fumar, el saco, poco más. Parece mentira vivir con tan poco, estando habituados a tanto consumo, tanto cacharro inútil. Como el cargador del móvil, que es de lo más pesado. Todos los días con la casa acuesta. Un aprendizaje de sobriedad. Gracias, Señor, por esta llamada a la pobreza.

A pesar de los días que llevo andando, cuando paro, voy como un auténtico zombi. Dolor que es también penitencia. Me cuesta dar un paso, dos pasos, diez pasos. Parezco un patizambo, un tanto ridículo.

Vamos a misa a una parroquia cercana al refugio. Parábola del grano de mostaza. Así se está haciendo el camino para mí.

Antes de entrar en el albergue, en el marco incomparable de la plaza, un convierto de canto medieval. Melodías que nos transportan a los primeros peregrinos. Todos por amor a tu nombre. Hasta en esos pequeños detalles me regalas. Mañana es un concierto de los coros del ejército ruso. Que silencio. El del peregrino ruso.

Sea lo que sea te doy las gracias.



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La primera caída. Velando medito en Ti, Señor. Acumular tesoros.

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Los Arcos-Logroño
6ªetapa

Padre, me pongo en tus manos, sea lo que sea, te doy las gracias.

Me desperté dos veces por la noche. Brotó espontáneamente la oración de Jesús. Velando medito en ti, Señor.

Bajando el camino, desde Torres del Río, con su maravilla octogonal, Beltrán tropieza con una piedra y cae cuan largo es. A los ángeles he dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Ahí estaba yo, como ángel tuyo, pues en ese momento caminábamos juntos, no como habitualmente, que camino sin verle. Durante unos instantes se quedó como aturdido, mareado, no respondía a la pregunta tan boba, pero tan necesaria, ¿te has hecho algo?, y a las caricias que si no merman el dolor al menos consuelan pues uno entiende que no está solo, que hay alguien caminando con él.

Gracias, Señor, pues un peregrino que iba delante, al ver lo que pasaba, vino dispuesto a socorrernos. Camina con su hijo autista, muchos veranos realiza el camino con él, dice que es una buena terapia, por las noches el autista pega alaridos en el albergue, la niña tonta de los santos inocentes, llena de ternura recibida y compasión.

La primera caída. Esto es lo que pasó. Para qué pensar lo que podía haber pasado, lo que puede pasar.

De pronto me dices que no acumulemos tesoros en la tierra, no te agobies por el futuro, (sigo pensando en Santiago, en las etapas, en los kilómetros…) A cada día le basta su propio afán: levantarse, los dos yogures azucarados, caminar mirando el camino interior, de vez en cuando una panorámica, sudar como un guarro, vencerse, llegar, ducharse, sentir la lluvia de la ducha que te hace revivir, lavar la ropa, comer, descansar, escribir, hablar con los peregrinos, pasear en medio de calambres, agujetas y tirones, participar en la eucaristía, cenar, dormir…abiertos a ti.

Una francesa me dice que hace el camino porque es cristiana. Un italiano que quiere encontrar lo que lleva buscando desde hace años, tu rostro, Señor. ¡ Misterio de la fe! Tú entre nosotros, con nosotros, Emmanuel.

Al salir, por la tarde, me acerco hasta la parroquia de Santa María. Casualmente, en tu Providencia, me encuentro con el párroco; al verme peregrino me abre el templo – ¡abrid las puertas, no veis que estoy a la puerta y llamo! –. Puertas que se cierran, puertas que se abren, puertas que se entornan. Siempre en la puerta.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos –respondía–,
para lo mismo responder mañana!

¡Cuántas puertas en el camino…! ¡Cuántas llamadas!

En la Iglesia me quedo un rato contemplando la imagen de Santa María del Ebro. Un rato en tu paz, con María, haciéndome disponible para ti.

Vuelvo al albergue. Desde la terraza veo la torre románica, las cigüeñas, el cielo. Repito tu nombre siguiendo la danza de las cigüeñas. Tu nombre que me enciende el corazón. Gracias, Señor.

Sigo caminando. Tú en mi camino. Te vislumbro también en los caminos de Madrid, en las aceras, en las líneas de metro, en los pasos elevados, en los túneles. En el camino de cada día.



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Oración en el corazón, cojera en el pié. Unificación. Nada de nada.

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Estella-Los Arcos
5ª Etapa

Oración en el corazón cojera en el pie

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

Me he vuelto a despertar pronto, con el primer canto del gallo. Estuve un rato con la oración en la boca. Oración del corazón que me ha acompañado hoy, muy particularmente, a lo largo de toda la marcha.

Salimos por la calle mayor, o la calle Santiago, o la calle principal, siguiendo la flecha amarilla. Siempre hay una flecha que guía, que muestra, que evita perderse. Una fecha anónima, pintada por sabes tú quien. Una flecha como don que muestra el camino. La flecha de tu Palabra, la flecha del hermano, la flecha de la comunidad. Siempre, en los lugares más recónditos, al principio y al final. Los ojos la buscan, el corazón la desea, los pies la siguen, los miedos desaparecen.

Salimos y voy cojeando. Me entran los siete males ¿Me tendré que parar? Me fuerzo, y a medida que me caliento parece que el pie responde, o al menos no se para.

Hoy estaba cubierto y la luz del amanecer estaba tamizada, si cabe aún más.

La verdad sea dicha, camino y no pienso. Y viene: me sigues llamando, ¿cómo?, a una aceptación disponible del futuro, sin manipularlo, sin organizarlo, sin preverlo, sin querer controlarlo. Como venga, con disponibilidad total. Abierto a ti, como María. Receptivo. Ay, ese pecado de intentar disponer todo según mi voluntad y no la tuya.

Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten misericordia de mí.

La marcha ha tenido un momento particularmente unificado. Un largo paseo entre trigales segados, todo el horizonte un campo dorado a cepillo. Yo solo en el camino. Ni rastro de nada. Nada, nada, nada. Nada de nada. Ni rastro de n, ni rastro de a, ni rastro de d, ni rastro de a. Ni rastro del mudejarillo. Y sin embargo, tú presente con una dulzura infinita, tú presente en la inmensidad sencilla de tu creación. He parado un momento para dejar serenarse a tanta consolación regalada, un infinito. He parado, he alzado las manos, te he alabado.

Apoteosis barroca en la Iglesia de Santa María. En un pueblo tan pequeño, con unas casas de adobe, hace siglos , entrar en una iglesia así sería entrar en el paraíso del oro. En lo sagrado. Gozo estético. Sobrecogimiento. Admiración. Desde el coro el espectáculo es increíble. Adorar…

Participamos en la eucaristía. Al final, la oración del peregrino:

Oh Dios, que sacaste a tu siervo Abraham de la ciudad de Ur de los caldeos, guardándolo en todas sus peregrinaciones, y que fuiste el guía del pueblo hebreo a través del desierto; te pedimos que nos guardes a nosotros, siervos tuyos, que por amor a tu nombre, peregrinamos a Santiago de Compostela:

Se para nosotros
Compañero en la marcha
Guía en las encrucijadas
Aliento en el cansancio
Defensa en los peligros
Albergue en el camino
Sombra en el calor
Luz en la oscuridad
Consuelo en los desalientos
Y firmeza en nuestros propósitos

Para que, por tú guía, lleguemos sanos y salvos al término del camino, y enriquecidos de gracias y virtudes, volvamos ilesos a nuestras casas, llenos de saludable y perenne alegría.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Por amor de tu nombre.

Por amor.



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Despertarse el mundo. Respetar la realidad. El Alto del perdón.

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Pamplona-Puente la Reina
3ª Etapa

Aprendo que cada día tiene su propio afán. Dejar de lado las ansiedades. No agobiarse por el mañana. Mirad los lirios del campo, y las avecillas, herrerillos, pinzones, gorriones y colorines. Me cuesta mirarles.

Procuro vivir cada momento del camino, respetando la realidad. Tomar conciencia de mí en ti, de tú en mí, Señor y Creador de tantas maravillas que estoy contemplando, de mi ser.

Habremos visto despertarse el mundo mil veces, pero siempre resulta distinto y maravilla aún más. Al principio el alba lo baña todo con una claridad que se parece mucho a la leche en la que se hubiera vertido mucha más agua, y no hay ningún ruido. Es como si el campo contuviera por unos minutos la respiración, y eso es lo que hace que las cosas se sumerjan en una claridad subacuática, escribe el diarista y su lectura mientras transcribo este diario del camino me permiten rendirle este mínimo y desapercibido triduo de homenaje.

Me parece increíble que con lo deshecho que estaba ayer, casi descuartizado por dentro, hoy me ponga a caminar. Domino la tentación de aquí me quedo. Destierro la pregunta, dejo pasar la nube de ¿llegaré a Santiago?

Beltrán suele caminar unos doscientos metros por detrás. Tan solo el sonido del silencio, y de tanta vida que me rodea. Repito tu nombre, en una letanía de pasos: Señor Jesucristo, ten misericordia de mí. Así he subido, y he bajado, el Alto del Perdón. Sudando la gota gorda.

Antes y después iglesias y pueblos de postal: Zariquiegui, Uterga, Monruzábal, Obanos, este último con una plaza medieval, engalanada para las fiestas, que nos transporta a otros tiempos.

En el Alto, una Virgen del Perdón. Le pido que nos alcance tu misericordia: Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.

El resto es mirar más al camino que al paisaje. El paisaje está dentro del camino. Es ir acumulando cansancio y sudor. Es preguntarme, de vez en cuando viene la tormenta seca, qué hago aquí, cuanto voy a aguantar. Y empieza el montaje de la película un amino hecho trizas, tres etapas y un adiós, la tendinitis asesina…lo que demuestra que tengo una imaginación perniciosa y que no vivo el presente.

En mi presente, sin embargo, siempre estás tú, Señor.

A las seis y media me voy a buscar las llaves de la sacristía de la Iglesia del Crucifijo. Empezamos la misa tres, Beltrán, Sonia y yo. Cuando dos o tres estáis reunidos en mi nombre. Sonia te busca y no te conoce. Ayúdale a encontrarte. Se va sumando gente a la celebración.

El rato que paso, de acción de gracias prolongada, después de la misa es de suave presencia tuya y profundo silencio. Me viene la tentación de quedarme en el monasterio de Irache, una semana a rezar, dejarme de caminos. Siempre la contemplación como llamada y huída. Contemplarte en el camino, en medio del mundo. Aunque sea tan ruidoso, complicado, masivo y poco espiritual como este albergue donde escribo.



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