Está muy extendida la creencia de que el plan de Dios es una especie de rígida idea que Él tiene de cómo debe ser nuestra vida, y de que nuestra felicidad depende de nuestra correcta adecuación a ese plan. Pero creer esto de Dios es no querer reconocer que la libertad es el más grande regalo con el que nos ha dotado junto con el poder de ser co-creadores con Él. Nuestra vida, nuestra historia, la llegada de su Reino está en gran medida en nuestras manos. Obedecer a Dios no es asentir a un Plan preestablecido desde antiguo, es ejercer nuestra libertad de la forma más plena que se puede, eligiendo siempre la mejor de las opciones, y ésta se descubre teniendo al Señor Jesús por meta e inspiración de todos nuestros deseos y acciones.
La grandeza de lo pequeño, testimonio de Elena Pajuelo como prematura
Cristianismo, Testimonio de vida 5 Comentarios »Cuando tenía 11 años mi hermana Elena, que escribe en este blog, vino al mundo. Las circunstancias de su alumbramiento fueron complicadas, tanto ella como mi madre sufrieron mucho, Elena estuvo a punto de morir. En medio de dificultades inmensas el amor de Dios la rescató. Los médicos no daban crédito.
El curso pasado tras publicar una entrada en su blog relacionado con esto y el trabajo que desempeñaba como enfermera en neonatos sucedió lo inesperado, su testimonio tocó muchos corazones. Le pidieron que compartiera este testimonio en un congreso de medicina perinatal que hubo en Granada la semana pasada. Aquí os lo dejo. Vale la pena escucharlo y compartirlo.
Gracias Señor por la vida de Elena que nos ayuda a reconocer la grandeza de lo pequeño. Concédenos el regalo de vivir dando vida, en actitud agradecida por tanto amor como hemos recibido
La grandeza de lo pequeño
Elena Pajuelo Vázquez. Año 2010
Soy la pequeña de tres hermanos. Cuando mi madre se quedó embarazada, mi hermano Dani tenía ya 11 años y Sara 8. La noticia del nuevo miembro en la familia fue toda una sorpresa, y aunque inesperada, fue bien recibida por todos.
El embarazo fue controlado y sin incidencias, como cualquier embarazo. Un día 24 de Octubre de 1988, un mes antes de lo previsto, mi madre empezó con contracciones. Un tercer embarazo suponía un riesgo añadido, por haber sido los dos anteriores con cesárea. Así que tras consultar con su médico ingresó en el hospital, y después de monitorizarla decidieron practicar cesárea urgente, porque el feto estaba sufriendo.
Nací a las 21.30 de la noche, en el Hospital de la Salud de Valencia. Presentaba un Apgar de 3/7. Tenía distrés respiratorio que iba cada vez más en aumento, por lo que me pusieron oxígeno y me trasladaron de urgencia al Hospital de la Fe.
Mi madre al despertarse de la cesárea no me vio, y nadie le explicó dónde estaba ni qué me había pasado. Ella me cuenta que lloraba desconsolada porque no podía verme mientras estuviera ingresada en el hospital. Cuando llamaba preguntando por mí, las noticias eran pocas y no muy halagüeñas. Fue mi padre el que subió en la ambulancia cuando me trasladaron a la Fe, el que venía día a día a mirarme detrás de ese cristal de la unidad de Intensivos, el que esperaba pacientemente las horas de visita para poder asomarse a la incubadora y tocar esas manitas minúsculas que buscaban calor humano. Mis padres cuentan que estaba llena de tubos, tan pequeñita, tan indefensa.
Las noticias no eran buenas. La primera fue que mis pulmones no funcionaban en toda su capacidad, tenía Membrana Hialina, que vieron en una radiografía al tercer día de vida. Los primeros días 7 días estuve intubada con oxígeno con una FiO2 hasta el 80%.
Al 5º día detectaron un soplo sistólico con sospecha de ductus, pero que se cerró a los días con tratamiento.
Al 8º día comencé con una poliuria intensa, hiponatremia, hipercalcemia, aumento de la tensión arterial y signos de deshidratación. En dos días perdí un kilo y medio de peso. El riñón no funcionaba porque tenía trombosis aórtica en el riñón derecho. A mis padres no les dieron muchas esperanzas. A pesar de que me rehidrataron en altas dosis el pronóstico no era favorable.
Los días que estaba ingresada en la Salud estaba casualmente la Virgen de los Desamparados en la capilla del hospital, la sacan una vez cada cincuenta años. Mi madre y mi padre iban cada día a rezarle, a compartir la oración y el sufrimiento, la incertidumbre de no saber que va a pasar. A veces por mucho que queramos, hay cosas que no dependen de nosotros. Dejarlas en manos del Señor nos da tranquilidad y confianza, él provee y vela por nosotros en cada momento.
Los que creemos en Dios le llamamos milagro, los médicos dicen que fue simplemente fascinante. Sacando fuerza de no sé sabe de dónde, comencé a tolerar la alimentación vía oral a los 10 días. El trombo persisitía pero parecía que yo iba mejorando, a pesar de seguir con tiraje y polipnea. Fui ganando peso y al mes de estar ingresada pesaba 2960, peso y estado de salud adecuado para el alta hospitalaria. El trombo seguía en el conducto de mi riñón derecho, pero parecía estar controlado, así que me mandaron a casa. El recibimiento fue por todo lo alto, para mis hermanos fue toda una fiesta recibir a la hermanita que había estado malita y que habían visto a través de un cristal durante un mes.
Cada semana iba al hospital para radiografías, pruebas, analíticas…para que los médicos comprobaran que mi crecimiento era normal. Estaban realmente asombrados. El trombo desapareció con el tiempo. Y crecí como cualquier niña, entre risas, calidez y rodeada de mi familia.
Abril del 2009. Me levanto por la mañana con algo de nervios, ilusionada, pensando cómo será la sala del hospital dónde voy. Cómo serán las enfermeras, el funcionamiento de la sala, los bebés a los que voy a cuidar. Estoy nerviosa. Durante estos años de prácticas me he ido reafirmando de que esta es mi profesión, y que tengo vocación de cuidar, de dar, de estar cerca de las personas. Cuando empecé la carrera muchos me preguntaban que por qué no Medicina, si tenía nota, si podía aspirar a más. Y yo, sonriente, siempre les decía que no, que yo quería ser enfermera, que era mi vocación. Y que sería la mejor.
El corazón me da un vuelco al llegar a la unidad neonatal, y ver tantos bebés pequeños, cada uno aislado en la incubadora con sus tubos, sondas, sábanas… Me asomo viéndoles la carita, acariciando sus frágiles manos, y me dan ganas de cogerlos y abrazarlos; instinto protector.
Dentro de mí siento contradicción. No merecen sufrir, por qué tienen que estar llenos de tubos, luchando con la vida a cada minuto. Por qué les ha tocado a ellos, por qué… Nadie sabe qué calidad de vida les espera cuando crezcan, qué secuelas quedaran de su prematuridad, y si todo eso merece la pena. Y miro a Roxana, a Martina, a Jose, y me encantaría poder cuidarles hasta que salgan del hospital, verles crecer.
Al llegar a casa uno de esos días de abatimiento, llamo a mi madre, y le cuento mi desconcierto, la sensación de impotencia que siento al ver la fragilidad de la vida. Ella me dice que yo también fui uno de esos bebés, que cómo no acordarse. Sufrieron, pero nunca dudaron en que la vida me empujaría. Cuando cuelgo me quedo bloqueada, vaya sensación. Yo estuve ahí, hace 20 años, al otro lado, en la cuerda floja. Y casualmente ahora soy enfermera y estoy viendo mi imagen reflejada en los bebés, estoy viendo en los padres que pasan las horas allí a mis padres, estoy sintiendo una conexión y una afinidad increíble con todo lo que ocurre allí.
No puedo dejar pasar esto, tengo que escribirlo, tengo que contarlo a alguien. Así que nada más llegar a casa enciendo el ordenador. Las palabras brotan solas, escribo sin saber muy bien el alcance que puede tener y la gente que lo leerá.
El periodo de prácticas pasa volando, y cuando he conseguido asimilar el día a día allí, ya me tengo que ir. Una de las últimas tardes en el hospital, abro el blog en un rato tranquilo de silencio, y descubro varias respuestas, entre ellas las de mi padre y mi hermano. Y me emociono. La enfermera con la que pasaba esa tarde me preguntó qué me pasaba. Le miro, y le señalo el ordenador.
Lo demás vino solo. El blog lo leyó más gente de la que nunca hubiera pensado, y mi testimonio sirvió para padres de prematuros, como un chorro de esperanza, de vitalidad.
Hago balance de este tiempo, de mi corta vida, 21 años. Y me reafirmo en que hay que luchar por todo, dar vida a raudales, sacar lo que llevamos dentro, que es mucho. Descubro a cada paso la grandeza de lo pequeño. Y sé que dentro de mi profesión puedo dar mucho, y ser instrumento de cuidados y paz.

Adaptación del cuento de José Luis Martín Descalzo “Sólo semillas” tomado de “Razones para la esperanza”
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Cuando ingieras esa pastilla que calma tu ansiedad, olvidarás el motivo de esa desazón, apagarás el grito doloroso de tu ser por ser amado y liberado. Cuando ingieras esa pastilla echarás más tierra sobre el cadáver de tu existencia.
Cansados y agobiados, ¡venid a mí!.mp3(Jesús)
Dios es mi mejor ansiolítico (Juan Luis Guerra)
Desde el principio se apuntaba y finalmente se ha confirmado, la serie de televisión Perdidos, que en el último mes se ha hecho mundialmente famosa, iba más allá de contar una historia trivial de aventuras y misterio. Personalmente me parece un gran éxito que 12 millones de personas hayan recibido ansiosos un mensaje como este: La muerte no tiene la última palabra, la tiene el amor. (El dato de espectadores está tomado al vuelo de internet, la cifra exacta no se puede saber si tenemos en cuenta descargas y futuros espectadores)

“Lost” con este final confirma lo que ya venía ofreciendo: la preocupación por las relaciones humanas lleva a la apertura a la cuestión creyente. Este tema sigue siendo recurrente en las narraciones audiovisuales contemporáneas que en alguna medida tienden a sustituir a la práctica religiosa. El problema estriba en que los guiones ofrecen simplificaciones al servicio de la historia y la implicación del espectador, por mucho que llegue a fans, no deja de ser bastante efímera. El relato si actúa como provocación debe ser bienvenido aunque si termina en la sustitución es claramente insuficiente.
Planteada especialmente como una añoranza de la comunidad en tiempos del individualismo, “Lost” aspira a recuperar la confianza en los otros y en la posibilidad de unas relaciones fundadas en el encuentro y la bondad.
Para los espectadores de “Lost” se a llegado al final de su serie aunque seguirán visitando los 121 capítulos de las seis temporadas. Sin embargo, sería de desear que la actitud de espectador pasara a protagonista, que la interrogación reemplazara a la pasividad de la recepción.
Leer el artículo completo en Periodista Digital de donde está sacada esta cita
Otras referencias en Nova Bella sobre la evangelización en los medios
La serie Perdidos (Lost)
Ver para creer
Nuevos Medios. El Evangelio según Hollywood
Battlestar Galactica. Serie completa
¿Lo “nuevo” es una amenaza o una oportunidad?
Cuando pidas a Dios que se haga su Voluntad, no te sorprendas si se lleva cosas o personas de tu vida. Estate listo para lo que tenga que venir †

Tim es un bebé abandonado por su madre, un niño maltratado por su padre, un adolescente violado en las calles de París. Su objetivo: “matar a mi padre a puñetazos”. Su odio y su coraza contra el dolor, le convierten en campeón nacional de boxeo y en líder de una banda que siembra el caos. Pero en la cima del éxito, el rencor le asfixia. Sólo respira el día en que descubre el amor de Dios Padre, el “Big Boss”.
El árbol entero está contenido en la semilla. Basta con cuidarla de la forma adecuada para que llegue a desarrollarse y mostrarse en todo su esplendor, de lo contrario morirá sin dar fruto.
Lo mismo pasa con muchas otras cosas de la vida, por ejemplo con aquello que llevamos todos dentro desde que nacemos… aquello que sembró en nosotros el que nos dio la vida, aquel que sólo puede amar.
También esa semilla necesita un cuidado especial, no basta con dejarla ahí y esperar.
¿Qué fue de aquella se milla? ¿Qué será de aquella semilla?

¿De qué me sirve decirle a alguien que estoy cambiando? Si estoy cambiando, entonces ciertamente ya no soy la persona que era y, si soy algo que antes no era, entonces está claro que no tengo conocidos. Y no hay forma de que yo pueda escribir a personas extrañas, que no me conocen.

El bautismo, antiguamente, suponía un cambio radical. Para Jesús fue el punto de inflexión que lo lanza al anuncio de la Buena Noticia, dejándose en manos del plan de Dios, con la posibilidad de cambiar en cada instante en función del soplo del Espíritu. Hoy ese cambio hay que hacerlo durante la vida pues al nacer es imposible percibir estas cosas.
Y bien: ¿Seguir a Cristo te ha cambiado la vida, o aun te reconocen a ti en vez de a Él?
Es muy fácil acomodarse en las seguridades, en el pasado, en una reputación. Crear mi avatar, mi personaje en el mundo y vivir desde él, y no cambiar, hacer oídos sordos al Espíritu para no perder a mis conocidos, los que esperan algo concreto de mí, los que saben cómo voy a reaccionar porque es “mi estilo” MI forma de ser. ¿Dónde queda pues la forma de Dios?
En el final de mis días me presentaré ante ti sin nada, sin nada más que un corazón lleno de heridas, son las heridas que tú también las amas, y cuando abras este corazón, sólo deseo Padre que en él encuentres los rostros de aquellos a quien amé, de aquellos a quienes me enviaste.
Canción ‘Gracia tras gracia’ (smdani) – Descargar
Dios nos ha dado un precioso don, la libertad de negarle o amarle, somos los más favorecidos ¿lo sabías?
Dogma VS Constantine. Un precioso don from Sergio Miguel Martín on Vimeo.
La redención y el amor de Dios, es algo que nos presentan dos películas: Dogma y Constantine de una forma muy similar planteando una fantasía en la que los ángeles envidian al hombre y constatan su condición de privilegiado ante Dios.
Es hora de empezar a reaccionar ante el amor, en lugar de ante el horror. No seamos esclavos del sufrimiento.
Un hermano se llegó a Abba Poemen y le dijo:
“Abba, me asalta una multitud de pensamientos y estoy en peligro”.
El anciano le sacó fuera, al aire, y le dijo:“Abre tu hábito y agarra el viento”.
Él le contestó:“No, no puedo”.
Entonces repuso el anciano:“Si no puedes, tampoco puedes evitar que esos pensamientos entren dentro. Pero has de hacer una cosa: enfrentarte con firmeza a ellos”.
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¿Puedes tú solo? – leer “Te necesito, aunque no te lo diga” – alumno problemático”
¿Te parece difícil? – leer “No nos dejes caer en la tentación”
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“Entonces fue llevado Jesús por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.”








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