Se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo

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El juez más justo que la historia haya conocido jamás se encuentra un día con estas palabras, venidas de un asesino al que acaba de condenar:

No eres un juez sino un ignorante, pues tan solo sabe del golpe quien lo siente en carne propia y no quien lo asesta; solo aquel que ha sufrido puede medir el sufrimiento. Tu orgullo osa castigar a los culpables y tú eres el más culpable de todos, pues yo he quitado la vida en un arrebato de cólera, mientras que tú me quitas la mía a sangre fría y me aplicas una medida que tu mano no ha sopesado para descubrir su propio peso.

Los ojos del hermano eterno. Stefan Zweig

A partir de aquí el protagonista decidirá renunciar a su categoría y experimentar el castigo que había impuesto, empezando así un camino de redescubrimiento de la relación con el prójimo.

Leyendo este fragmento y gran parte del libro, no puedo evitar hacer un paralelismo con el fundamento del cristianismo que se expresa en la carta de Pablo a los Filipenses, un Dios que se hace hombre para poder decir algo a los hombres:

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

(Flp 2, 6-8)

Javi Sanz ya comentó este mismo libro aquí: Los Ojos del Hermano Eterno. Sin embargo, tras leerlo yo, no puedo evitar retomarlo.



Escrito por Sergio Miguel Martín Bio de  Sergio Miguel MartínEntradas escritas por Sergio Miguel Martín

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