Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto

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“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto” Benedictus Lc 1, 68-79



Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez Bio de  Daniel Pajuelo VázquezEntradas escritas por Daniel Pajuelo Vázquez

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La grandeza de lo pequeño, testimonio de Elena Pajuelo como prematura

Cristianismo, Testimonio de vida 5 Comentarios »
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Cuando tenía 11 años mi hermana Elena, que escribe en este blog, vino al mundo. Las circunstancias de su alumbramiento fueron complicadas, tanto ella como mi madre sufrieron mucho, Elena estuvo a punto de morir. En medio de dificultades inmensas el amor de Dios la rescató. Los médicos no daban crédito.
El curso pasado tras publicar una entrada en su blog relacionado con esto y el trabajo que desempeñaba como enfermera en neonatos sucedió lo inesperado, su testimonio tocó muchos corazones. Le pidieron que compartiera este testimonio en un congreso de medicina perinatal que hubo en Granada la semana pasada. Aquí os lo dejo. Vale la pena escucharlo y compartirlo.

Gracias Señor por la vida de Elena que nos ayuda a reconocer la grandeza de lo pequeño. Concédenos el regalo de vivir dando vida, en actitud agradecida por tanto amor como hemos recibido

La grandeza de lo pequeño
Elena Pajuelo Vázquez. Año 2010

Soy la pequeña de tres hermanos. Cuando mi madre se quedó embarazada, mi hermano Dani tenía ya 11 años y Sara 8. La noticia del nuevo miembro en la familia fue toda una sorpresa, y aunque inesperada, fue bien recibida por todos.

El embarazo fue controlado y sin incidencias, como cualquier embarazo. Un día 24 de Octubre de 1988, un mes antes de lo previsto, mi madre empezó con contracciones. Un tercer embarazo suponía un riesgo añadido, por haber sido los dos anteriores con cesárea. Así que tras consultar con su médico ingresó en el hospital, y después de monitorizarla decidieron practicar cesárea urgente, porque el feto estaba sufriendo.
Nací a las 21.30 de la noche, en el Hospital de la Salud de Valencia. Presentaba un Apgar de 3/7. Tenía distrés respiratorio que iba cada vez más en aumento, por lo que me pusieron oxígeno y me trasladaron de urgencia al Hospital de la Fe.

Mi madre al despertarse de la cesárea no me vio, y nadie le explicó dónde estaba ni qué me había pasado. Ella me cuenta que lloraba desconsolada porque no podía verme mientras estuviera ingresada en el hospital. Cuando llamaba preguntando por mí, las noticias eran pocas y no muy halagüeñas. Fue mi padre el que subió en la ambulancia cuando me trasladaron a la Fe, el que venía día a día a mirarme detrás de ese cristal de la unidad de Intensivos, el que esperaba pacientemente las horas de visita para poder asomarse a la incubadora y tocar esas manitas minúsculas que buscaban calor humano. Mis padres cuentan que estaba llena de tubos, tan pequeñita, tan indefensa.
Las noticias no eran buenas. La primera fue que mis pulmones no funcionaban en toda su capacidad, tenía Membrana Hialina, que vieron en una radiografía al tercer día de vida. Los primeros días 7 días estuve intubada con oxígeno con una FiO2 hasta el 80%.
Al 5º día detectaron un soplo sistólico con sospecha de ductus, pero que se cerró a los días con tratamiento.

Al 8º día comencé con una poliuria intensa, hiponatremia, hipercalcemia, aumento de la tensión arterial y signos de deshidratación. En dos días perdí un kilo y medio de peso. El riñón no funcionaba porque tenía trombosis aórtica en el riñón derecho. A mis padres no les dieron muchas esperanzas. A pesar de que me rehidrataron en altas dosis el pronóstico no era favorable.

Los días que estaba ingresada en la Salud estaba casualmente la Virgen de los Desamparados en la capilla del hospital, la sacan una vez cada cincuenta años. Mi madre y mi padre iban cada día a rezarle, a compartir la oración y el sufrimiento, la incertidumbre de no saber que va a pasar. A veces por mucho que queramos, hay cosas que no dependen de nosotros. Dejarlas en manos del Señor nos da tranquilidad y confianza, él provee y vela por nosotros en cada momento.

Los que creemos en Dios le llamamos milagro, los médicos dicen que fue simplemente fascinante. Sacando fuerza de no sé sabe de dónde, comencé a tolerar la alimentación vía oral a los 10 días. El trombo persisitía pero parecía que yo iba mejorando, a pesar de seguir con tiraje y polipnea. Fui ganando peso y al mes de estar ingresada pesaba 2960, peso y estado de salud adecuado para el alta hospitalaria. El trombo seguía en el conducto de mi riñón derecho, pero parecía estar controlado, así que me mandaron a casa. El recibimiento fue por todo lo alto, para mis hermanos fue toda una fiesta recibir a la hermanita que había estado malita y que habían visto a través de un cristal durante un mes.
Cada semana iba al hospital para radiografías, pruebas, analíticas…para que los médicos comprobaran que mi crecimiento era normal. Estaban realmente asombrados. El trombo desapareció con el tiempo. Y crecí como cualquier niña, entre risas, calidez y rodeada de mi familia.

Abril del 2009. Me levanto por la mañana con algo de nervios, ilusionada, pensando cómo será la sala del hospital dónde voy. Cómo serán las enfermeras, el funcionamiento de la sala, los bebés a los que voy a cuidar. Estoy nerviosa. Durante estos años de prácticas me he ido reafirmando de que esta es mi profesión, y que tengo vocación de cuidar, de dar, de estar cerca de las personas. Cuando empecé la carrera muchos me preguntaban que por qué no Medicina, si tenía nota, si podía aspirar a más. Y yo, sonriente, siempre les decía que no, que yo quería ser enfermera, que era mi vocación. Y que sería la mejor.
El corazón me da un vuelco al llegar a la unidad neonatal, y ver tantos bebés pequeños, cada uno aislado en la incubadora con sus tubos, sondas, sábanas… Me asomo viéndoles la carita, acariciando sus frágiles manos, y me dan ganas de cogerlos y abrazarlos; instinto protector.

Dentro de mí siento contradicción. No merecen sufrir, por qué tienen que estar llenos de tubos, luchando con la vida a cada minuto. Por qué les ha tocado a ellos, por qué… Nadie sabe qué calidad de vida les espera cuando crezcan, qué secuelas quedaran de su prematuridad, y si todo eso merece la pena. Y miro a Roxana, a Martina, a Jose, y me encantaría poder cuidarles hasta que salgan del hospital, verles crecer.
Al llegar a casa uno de esos días de abatimiento, llamo a mi madre, y le cuento mi desconcierto, la sensación de impotencia que siento al ver la fragilidad de la vida. Ella me dice que yo también fui uno de esos bebés, que cómo no acordarse. Sufrieron, pero nunca dudaron en que la vida me empujaría. Cuando cuelgo me quedo bloqueada, vaya sensación. Yo estuve ahí, hace 20 años, al otro lado, en la cuerda floja. Y casualmente ahora soy enfermera y estoy viendo mi imagen reflejada en los bebés, estoy viendo en los padres que pasan las horas allí a mis padres, estoy sintiendo una conexión y una afinidad increíble con todo lo que ocurre allí.

No puedo dejar pasar esto, tengo que escribirlo, tengo que contarlo a alguien. Así que nada más llegar a casa enciendo el ordenador. Las palabras brotan solas, escribo sin saber muy bien el alcance que puede tener y la gente que lo leerá.
El periodo de prácticas pasa volando, y cuando he conseguido asimilar el día a día allí, ya me tengo que ir. Una de las últimas tardes en el hospital, abro el blog en un rato tranquilo de silencio, y descubro varias respuestas, entre ellas las de mi padre y mi hermano. Y me emociono. La enfermera con la que pasaba esa tarde me preguntó qué me pasaba. Le miro, y le señalo el ordenador.

Lo demás vino solo. El blog lo leyó más gente de la que nunca hubiera pensado, y mi testimonio sirvió para padres de prematuros, como un chorro de esperanza, de vitalidad.
Hago balance de este tiempo, de mi corta vida, 21 años. Y me reafirmo en que hay que luchar por todo, dar vida a raudales, sacar lo que llevamos dentro, que es mucho. Descubro a cada paso la grandeza de lo pequeño. Y sé que dentro de mi profesión puedo dar mucho, y ser instrumento de cuidados y paz.



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El milagro del amor

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A ti Daniel, y a tus padres Sara y Sergio.

Milagro del amor

[Intro]
Lunes 18 de mayo de 2009
mi hermana ha ingresado,
su esposo junto a ella aferrado está su mano
esperan al que viene, el hijo que da patadas en su vientre

En la puerta del quirófano todos esperan
los abuelos, su hermana, ansían que se abra y por fin verla.
Es la hora. Has llegado
//Daniel// por primera vez has respirado.
Su madre sale en la camilla con la cara desencajada por el daño,
tres días de contracciones,
al final el vientre le han rasgado.

[Estribillo]
El corazón nos late al ver el tuyo palpitar
toda una vida por delante para ensancharlo y aprender a amar
y escucha, y escucha,
Dios estará siempre contigo, su amor no te abandonará. (bis)

Al verla salir la miran fijamente,
dar la vida con la vida duele y llora intensamente
Se mezcla en todos la alegría y el dolor,
cuando sale el pequeño brilla luz ya no hay temor.
Daniel envuelto entre sábanas ya sale,
secándonse las lágrimas el corazón les late
milagro del amor es dar la vida con la vida,
el misterio de vivir amar siendo semilla.

[Estribillo]
El corazón nos late al ver el tuyo palpitar
toda una vida por delante para ensancharlo y aprender a amar
y escucha, y escucha,
Dios estará siempre contigo, su amor no te abandonará. (bis)

Hola Daniel, ¿qué tal?
abres los ojos y los cierras,
extraño es todo para ti y empiezas a llorar.
Son tus primeros días en este valle,
hay que luchar vivir no es fácil para nadie.
Crecer es aprender a renunciar a lo de antes,
marcar nuevas fronteras y vivir para entregarse.
Eres frágil y pequeño,
ahora todo lo recibes, por amor tus padres pierden sueño,
te sostienen y vigilan,
sus cuidados son cimientos que dan fuerza a tu vida.
Aunque al final tú sólo te tendrás que levantar
recuerda esto, amor nunca te faltará

[Estribillo]
El corazón nos late al ver el tuyo palpitar
toda una vida por delante para ensancharlo y aprender a amar
y escucha, y escucha,
Dios estará siempre contigo, su amor no te abandonará. (bis)

[Poema]
Cuando el ser viene a este valle
se abre la vida, un vasto mar
con una sed infinita de amor, que es hambre
somos hambrientos desde el inicio
y lo seremos hasta el final
después de mucho luchar
y brevemente amar, a ratos
saboreamos la inmensa eternidad
la vida tiene un principio
pero puede que no un final
y que el suspiro definitivo
sea de una madre un nuevo alumbrar.
Si el corazón aprendió a amar
abrazaremos la eternidad.

Título: Milagro del amor
Año: 2009
Autor: smdani :: http://smdani.marianistas.org
Base: She left home – Coldman producciones



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