Cada domingo en mi comunidad pasamos el comienzo del día en oración, meditando las lecturas y compartiendo nuestra oración. La comparto con vosotros

Las lecturas de hoy nos hablan de un hombre que tenía un espíritu inmundo. Jesús fue a enseñar a la sinagoga y al ver el mal arraigado en ese hombre lo liberó con su palabra: “¡Cállate y sal de ese hombre!”
Me he detenido en un detalle, ese hombre, aunque esclavizado por el mal, fue a la sinagoga. Había en él una sed profunda, aun en medio de su cegera, de su mala vida, buscaba a Dios. Hubiera podido pasar que algunos judíos piadosos al verlo entrar en la sinagoga y reconocerle como el poseido hubieran decidido expulsarlo, entonces nunca hubiera podido encontrarse con Jesús, entonces le hubieran privado de su salvación.
Soy profesor, conozco algunos alumnos problemáticos, que es como llamamos hoy a los alumnos con espíritus inmundos, a esos jóvenes que han empezado a fumar algo más que tabaco, que pasan las tardes desocupadas intimidando a los débiles, robando en el corte inglés o el mercadona, que sacan malas notas, que tienen mal comportamiento…
La tentación es expulsarlos. Con toda la buena intención de proteger al resto los arrojaríamos lejos de nuestra vista para que no hirieran más nuestros sentimientos, para que no agotaran de nuevo nuestra corta paciencia. Pero, ¿y si estamos cerrándole la puerta para siempre?, si aun viene a clase, si aun es capaz de reconocer su error, si aun en su mirada se lee esa llamada muda de socorro: TE NECESITO, no podemos expulsarlo de nuestra sinagoga, de nuestro colegio, de nuestro lado. Jesús quiere sanarlo, pero necesita que tú y yo le acogamos.
Intentaré no olvidarlo, cada vez que me encuentre con mis alumnos problemáticos, recordaré que es el preferido de Jesús, intentaré escuchar la voz aplastada por su dolor: “Te necesito, aunque no te lo diga”.
Ayúdame Señor
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 29 de Enero de 2006 |


