Hemos pasado millones de años sin saber pronunciar su nombre ni comprender qué era esa espera profunda que llevamos en el corazón. Eso se acabó.

El Señor cuando nos hizo se construyó una casa en nuestro ser. Él la habita. Hemos pasado millones de años sin saber pronunciar su nombre ni comprender qué era esa espera profunda que llevamos en el corazón. Desde que Cristo vino hemos aprendido a invocar su nombre y sabemos que quienes lo pronuncian con fe ven escuchadas sus súplicas más sinceras y profundas.
La fe es recibir este mensaje con confianza: la espera que habita tu corazón, la presencia que da sentido a tu vida es Cristo mismo, nacido de María, muerto por nosotros en cruz y resucitado por su Padre al tercer día.

Señor

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