Hondura de tu misterio

Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme totalmente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquilo, como si ya mi alma estuviera en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio. Pacifica mi alma, haz de ella tu cielo, tu morada de amor y el lugar de tu descanso. Que en ella nunca te deje solo, sino que esté ahí con todo mi ser, todo despierto en fe, todo adorante, totalmente entregado a tu acción creadora.

Beata Isabel de la Trinidad

AULA-DEI

Advertencia amorosa

Aprenda el Espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco, y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y la paz con admirables y subidas noticias de Dios, envueltas en divino amor. Y no se entremeta en formas, meditaciones e imaginaciones, o algún discurso, porque no desasosiegue el alma y la saque de su contento y paz, en lo cual ella recibe desasosiego y repugnancia. Y si, como habemos dicho, le hiciere escrúpulo de que no hace nada, advierta que no hace poco en pacificar el alma y ponerla en sosiego y paz, sin alguna obra y apetito, que es lo que nuestro Señor nos pide por David (sal 45,11), diciendo: aprenderos a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber, interior y exteriormente, y veréis cómo yo soy Dios ( 2S 15,5)

san Juan de la Cruz

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Silencio VII

Señales que ha de haber el espiritual

La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad –a lo menos discursivos, que si es ir de uno en otro—sino sólo con la atención y noticia general amorosa, sin particular inteligencia y sin entender sobre qué (2S 13,4)

San Juan de la Cruz

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Silencioso

           La redención del género humano es una decisión tomada en el silencio eternode la vida interior de Dios. Y la encarnación del Salvador se realizó en la oscuridad de una casa silenciosa de Nazaret, cuando la fuerza del Espíritu Santo descendió sobre la Virgen silenciosa, solitaria y orante. Luego, reunida entorno a la Virgen silenciosa,  la Iglesia naciente, en oración, esperaba la nueva efusión del Espíritu que le había sido prometido para darle vida, darle claridad interior, fecundidad y eficacia…

santa Teresa Benedicta de la Cruz

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