Desierto II

“Pero no se trata del desierto físico con su arena y sus rocas. El desierto existe dondequiera que uno ora y escucha la Palabra de Dios en lo más profundo de su corazón. Es por esto que cada cual tiene que encontrar su “propio desierto”, ya sea en plena ciudad, en la cárcel, en el hospital o en los sufrimientos corrientes de la vida ordinaria.”

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