El laicismo nos ha inculcado la idea de que testimoniar abiertamente nuestra fe es una agresión para los que no creen

El laicismo nos ha inculcado la idea de que testimoniar abiertamente nuestra fe es una agresión para los que no creen. De esta manera acorralan cada vez más la fe, relegándola a lo íntimo y privado. Este siglo está lleno de cristianos de boca cerrada.

Pero una lámpara no se enciende para ser puesta debajo de la cama, si no para estar en alto y dar luz. Si Cristo encendió tu luz ¿por qué la escondes?

Hoy puede ser un buen día para defender la fe, para hablar de ella a alguien que necesite luz, rezar por quiénes nos odian, portar un signo que la manifieste, invitar a otros a superar prejuicios… Feliz Año de la Fe

Vía http://smdani.marianistas.org/testimoniar-fe/

2 comentarios en «El laicismo nos ha inculcado la idea de que testimoniar abiertamente nuestra fe es una agresión para los que no creen»

  1. La letra del articulo es enteramente cierta. Testimoniar abiertamente nuestra fe nunca es una agresión para los que no creen. Las fotos revelan que testimoniar abiertamente nuestra fe se traduce para el autor en participar en las JMJ o concentrarse miles de personas con velas y cánticos. Siendo esto algo muy respetable existen muchas formas de testimonio abierto que no son así. Los apóstoles y el mismo Jesús curan a las personas (no solamente hablan) Hay una tarea sanadora que hace preguntarse al no creyente: ¿quienes son estos?

  2. Posiblemente los católicos somos los menos comprometidos a la hora de testimoniar nuestra fe. Muchas sectas y hermanos separados dedican parte de su tiempo a la predicación y a la difusión de sus ideas, sin hablar del fundamentalismo a ultranza de algunas religiones y Movimientos. Un cristiano debe ser un “discípulo que lo gicamente se transforma en apóstol”. Cuando no se da esta transformación, nuestro cristianismo no es más que un nombre, a la manera del título de propiedad de la acción de un Club. Algunos movimientos hasta hablan del “Orgullo tal o el orgullo cual”… ¿Dónde queda el orgullo del discípulo de Cristo?.

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