Bienaventurado…

Esta mañana cuando el sacerdote ha terminado la homilía, he sacado una libretilla y un bolígrafo de mi bolso, y he apuntado algo que me ha encantado.
Hablando sobre el mensaje de las Bienaventuranzas, que era el Evangelio de hoy, decía:

El Evangelio no es una comida recalentada, es algo actual, cercano, que nos puede hacer vibrar por dentro y muy profundamente, si nos acercamos con fe y confianza a Él.

¿Hasta que punto vivo ese mensaje en mi vida? Me ha dado que pensar…

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El tren de la plenitud

perder el tren
Aun hoy tengo miedo de haber perdido muchos trenes y de perder los que vengan, por eso aun hoy trato inconscientemente de ir corriendo a la estación para llegar a tiempo, sufriendo por ello, por un concepto infantil de inseguridad y desconfianza ante la vida.
Sin embargo, hoy Álex nos vuelve a sorprender con unas magníficas reflexiones, fruto de un viaje, que no puedo menos que recomendar:
De Flores a Chisec, pasando por Sayaxché: cuatro enseñanzas

Blog “el barro del alfarero” de Álex Segrelles
tren infantil

La elección

Debe sonar extraño decir que la alegría es fruto de nuestra elección. Con frecuencia nos imaginamos que hay personas más afortunadas que otras y que su alegría o su tristeza depende de las circunstancias de la vida, las cuales quedan fuera de nuestro control.
Y, sin embargo, elegimos; no tanto las circunstancias de nuestra vida cuanto la manera de responder a estas circunstancias. Dos personas pueden ser víctimas de un mismo accidente. Para uno, este se convierte en fuente de resentimiento; para otro, en fuente de agradecimiento. Las circunstancias externas son las mismas, pero la elección de la respuesta es completamente distinta. Hay gente a la que se le agria el carácter cuando se van haciendo mayores. Otros, en cambio, envejecen con gozo. Esto no significa que la vida de aquellos cuyo carácter se va amargando haya sido más dura que la vida de los que viven contentos. Significa que se han hecho opciones diferentes, opciones íntimas, opciones del corazón.

Henri J. M. Nouwen- Aquí Y Ahora

Vía Esperanza que construye mientras espera

La Sagrada Familia = la familia es sagrada.

«No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (Gn 2, 18), dijo Dios mirando al hombre que no encontraba compañía entre las cosas y los animales. Allí comenzó la aventura de la familia, compañera de toda la historia humana. En esta aventura humana se sitúa el Señor, Jesús de Nazaret, que nació en una familia Galilea e hizo de la familia una célula vital del nuevo pueblo de Dios. El Eterno no prescinde de la pequeña familia. Para Jesús la familia ha sido la cuna -o mejor dicho, el pesebre- de la vida y del amor. Esta es la familia cristiana.

Sin la familia, la vida no tiene casa. Esto es verdad para los niños concebidos cuyas lágrimas que piden vivir ni siquiera escuchamos, es verdad para los discapacitados a los que se les niega el derecho a nacer, es verdad para todos los niños, para el hombre y para la mujer. Sin la familia, la vida no tiene casa.

En un mundo donde se tiene la ilusión de elegir, donde todo se compra y se vende, donde todo es precario y está sujeto a las leyes de la competencia, la familia es el espacio de la gratuidad: algo escandalosamente gratuito, pero no precario sino bien sólido porque está fundado sobre la fidelidad del amor. El mundo necesita más familia porque necesita gratuidad.

Intervención de Andrea Riccardi fundador de la Comunidad Sant Egidio, en la Celebración «por la familia cristiana» tenida hoy en Madrid.

¿Sufrir? ¿Para qué?

La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. (nº 38)

Sufrir con el otro, por los otros; sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo. Pero una vez más surge la pregunta: ¿somos capaces de ello? ¿El otro es tan importante para que, por él, yo me convierta en una persona que sufre? ¿Es tan importante para mí la verdad como para compensar el sufrimiento? ¿Es tan grande la promesa del amor que justifique el don de mí mismo? (…)
El hombre tiene un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder compadecer Él mismo con el hombre. (nº 39)

BENEDICTO XVI, Carta encíclica Spe salvi

Carta para quien quisiera seguir al Cristo

En el Evangelio, escuchamos la llamada de Jesús: « ¡Sígueme! » ¿Es posible responderle con un compromiso para toda la vida?

En todos nosotros, hay el deseo de un futuro feliz. Pero teniendo la impresión de estar condicionados por tantos límites, a veces nos sorprende el desánimo.

No obstante, Dios está presente: « El Reino de Dios está cerca » (Marcos 1, 15). Percibimos su presencia asumiendo las situaciones de nuestra vida tal como son para crear a partir de lo que hay.

Nadie quisiera sumergirse en los sueños de una existencia idealizada. Aceptemos eso que somos y también lo que no.

Buscar un futuro feliz implica elegir.

Algunos toman decisiones valientes para seguir a Cristo en su vida de familia, en la sociedad, en un compromiso por los demás. Hay también quien se pregunta: ¿cómo seguir a Cristo eligiendo el camino del celibato?

Quisiera animar tanto a los como a las que se hacen la pregunta por una opción para siempre:

De cara a un compromiso semejante, puede surgir una duda en ti. Pero, profundizando, encontrarás la alegría de darte enteramente. Feliz quien no se entrega al miedo, sino a la presencia del Espíritu Santo.

Quizás apenas puedas creer que Dios te llama personalmente y que Él espera ser amado por ti. Pero tu existencia importa ante sus ojos.

Llamándote, Dios no te indica lo que deberías hacer. Su llamada es ante todo un encuentro. Déjate acoger por Cristo, y descubrirás el camino a tomar.

Dios te invita a la libertad. Él no hace de ti un ser pasivo. Por su Espíritu Santo, Dios habita en ti, pero no te sustituye. Al contrario, despierta energías insospechadas.

Joven, puedes tener miedo y ser tentado para no elegir, y mantener abiertas todas tus posibilidades. ¿Pero cómo encontrarás una realización si te quedas en la encrucijada?

Acepta que hay en ti una espera no realizada e incluso algunas cuestiones no resueltas. Confíate desde la transparencia del corazón. En la Iglesia hay algunas personas para escucharte. A través del tiempo, ese acompañamiento permite un discernir para darte enteramente.

No estamos solos al seguir a Cristo. Somos sostenidos por este misterio de comunión que es la Iglesia. En ella, nuestro sí llega a ser alabanza.

Alabanza balbuciante, que sube desde nuestra miseria, pero que se convertirá poco a poco en fuente de alegría caudalosa para toda nuestra vida.

H. Alois de Taizé

Esperar…

Estamos en tiempo de Adviento. Tiempo de preparación, de ilusión, de esperanza…
TIEMPO DE ESPERAR al que ya nos ama hasta el extremo.

El término alemán «esperar» (warten) significa en realidad, vivir en el punto de observación. Warte es el lugar de observación, la torre de vigilancia. Esperar significa por lo tanto: observar alrededor, para ver si viene alguien, mirar el entorno para ver qué se nos acerca. Esperar puede significar también: poner atención a algo, cuidar algo, así como el guardián (wärter) vigila a una persona y pone atención sobre ella. Esperar provoca ambas cosas en nosotros: la amplitud de la mirada y la atención en el instante que vivimos en ese preciso momento, en las personas con las que precisamente hablamos. La espera ensancha el corazón. Si espero siento que yo mismo no me soy suficiente. Cada uno de nosotros conoce la sensación de esperar al novi@. Mira el reloj a cada instante para saber si no es hora de que llegue. Está expectante en el momento en que el novi@ descienden del tren o tocan timbre a la puerta de casa, ¡y qué grande la decepción si en lugar del novio se encuentra otra persona frente a la puerta! La espera genera una tensión burbujeante. Sentimos que no nos somos suficientes. En la espera nos extendemos hacia aquello que toca nuestro corazón, que lo hace latir con mayor intensidad, que colma nuestro anhelo

Anselm Grün – ¡No olvides lo mejor!

Vía Esperanza que construye miestras esperas

Diálogo entre Dios y el hombre

HOMBRE: ¿Cuánto me quiere Dios?

DIOS: Mucho más que la vela quiere al viento, más el mar quiere al agua y la sal, mucho más que el cristal quiere a la lluvia, te quiero mucho más.

Mucho más que el espacio quiere al tiempo, que el calor necesita del sol, mucho más que la huella quiere al suelo, te quiero mucho más.

HOMBRE: Y yo sin saberlo casi…

DIOS: y tú casi sin saber

HOMBRE: los dos somos más que todo, los dos, mucho más

DIOS: Mucho más que te ames a tí mismo

HOMBRE: mucho más que me quiero yo a mí

DIOS: más que el fin puede amar a su principio, te quiero mucho más,

HOMBRE: te quiero mucho más.

Derechos del niño

Vivimos en el año 2007, a punto de comenzar el 2008, y aunque parezca mentira, en muchos lugares del mundo continúa existiendo la explotación infantil, la pornografía infantil, el abuso de niños…

Luchar por lo derechos de un niño es trabajo de todos: padres, familias, educadores, amigos y cualquier persona del mundo. Démosle a nuestros niños, a los niños del mundo, los derechos y el bienestar que nosotros hemos tenido.

DERECHOS DEL NIÑO

1. Derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.

2. Derecho a una protección especial para que puedan crecer física, mental, espiritual y socialmente libres y sanos.

3. Derecho a tener un nombre y una nacionalidad

4. Derecho a una alimentación, vivienda y atención medica adecuada.

5. Derecho a la educación y atenciones especiales para los niños física o mentalmente disminuidos.

6. Derecho a comprensión y amor por parte de las familias y de la sociedad.

7. Derecho a una educación gratuita. Derecho a divertirse y jugar.

8. Derecho a atención y ayudas preferentes en caso de peligro.

9. Derecho a ser protegido contra el abandono y la explotación en el trabajo.

10. Derecho a recibir una educación que fomente la solidaridad, la amistad y la justicia entre todo el mundo.

Declaración de los derechos del niño