Orar es mirarTE y adorarTE hasta en lo más insignificante.

Contemplándolos jugando alegremente en el agua. Entregados a su existencia sin más, simplemente disfrutando del momento, del sol, del agua fresca, de la amistad. Te contemplo también a Tí Señor, en el reflejo de la vida que brota por todas las partes, en tus creaturas humanas y animales, en el paisaje y en la arena que moja mis pies. Orar es mirarte y adorarte hasta en lo más insignificante. En todo está tu presencia. (Sejo, foros de Ágora Marianista)