El cielo, este cielo azul

Roma. Sus calles están llenas de papeles y plásticos, las aceras son casi inexistentes, el tráfico caótico, lento, contaminante, y en cada semáforo, en las puertas de cada iglesia, de cada universidad hay un pobre pidiendo. A diario vengo al centro, donde todo esto se multiplica, se suman las hordas de turistas con sus cámaras, los pícaros buscándose la vida, los camareros a las puertas de los restaurantes reclamando tu atención…

Cada día cargo mi mochila y camino durante 40 minutos hasta clase o hasta casa, para contemplar que en Roma, esta vieja y enferma ciudad, sigue saliendo el sol para buenos y malos.

Vivimos agitadamente sin guardar recuerdo de que tu mano nos sostiene. Mientras paseo te encuentro de nuevo al contemplar este cielo azul, y hago memoria de tu amor por nosotros, de nuestra historia de amistad. Hoy no he podido contener las lágrimas.