Jesús, evangelio y lugares solitarios

Los lugares solitarios del evangelio son en la naturaleza, en el monte, en el desierto. También a Jesús le gustaba hacer escapadas en barca, se retiraba de la orilla para introducirse en el interior del mar y tomar distancia de la tierra,  y así estar solo.

En nuestro mundo hay muchos lugares solitarios, silenciosos o sonoros: la orilla del mar con el ritmo de sus ruidos; el silencio plateado de la nieve en invierno; el monte en primavera con los pájaros enamorándose; las riveras de los ríos en invierno ensordeciendo los oídos; la alameda en otoño, hojas que se levantan y chocan sin silencio. Y unos más frecuentes para la vida corriente de la ciudad: la mesa de trabajo con los ruidos del teclado o sin ellos, papeles anotados y en la estantería un montón de recuerdos; el parque al amanecer; la cocina con sus aromas y sabores; la calle de madrugada al ir a trabajar; la soledad del coche envuelta en los ruidos de la ciudad; y el instante de uno solo en el vagón del tren. Todos pueden ser lugares solitarios, ruidosos o no, pero lugares para que fluya el silencio en Dios guardado en el corazón.

Lugares solitarios que faciliten la actitud de retirada del mundo para llegar a la profundidad del contacto con Dios desde lo más íntimo de uno mismo, con la esperanza de que la bondad de Dios abrase el corazón.

Busquemos, como Jesús, el lugar solitario para intentar entrar en la Presencia, y así recibir vida para vivir con la libertad de Jesús practicada por  María, su madre.

Isabel Cano en su blog Orar con una Palabra

Sólo cultivando la propia interioridad nuestros Tweets tendrán profundidad

En la esencialidad de breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad. (Benedicto XVI, Mensaje para la 46ª Jornada de las Comunicaciones Sociales http://bit.ly/ze8GdW).

The last Airbender. Material para trabajar la interioridad de la oración

Es en el corazón donde se ganan todas las guerras

¡Entonces, entrenemos el corazón!. Cultivando nuestro interior, conociendo nuestro mundo interior, podemos darle forma y dirigir todo aquello que sentimos y pensamos, no para refrenarlo, sino para sacar el máximo rendimiento a nuestras capacidades.

Esta es la idea que pretende reflejar la película “The last airbender” o “Airbender: El último guerrero”. Una película a mi juicio bastante floja donde la dirección y sobre todo la interpretación no hacen justicia a los efectos especiales. Sin embargo, puede servir para recoger, del budismo en que está inspirada la película, aspectos referentes a la meditación, interioridad, oración, espiritualidad… comunes en el cristianismo.

Dejo un pequeño guión empleado para hacer los ecos del vídeo en una dinámica.
Descargar guión del vídeo.

¿Qué sembraste en mi interior?

El árbol entero está contenido en la semilla. Basta con cuidarla de la forma adecuada para que llegue a desarrollarse y mostrarse en todo su esplendor, de lo contrario morirá sin dar fruto.

Lo mismo pasa con muchas otras cosas de la vida, por ejemplo con aquello que llevamos todos dentro desde que nacemos… aquello que sembró en nosotros el que nos dio la vida, aquel que sólo puede amar.

También esa semilla necesita un cuidado especial, no basta con dejarla ahí y esperar.
¿Qué fue de aquella se milla? ¿Qué será de aquella semilla?