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Señor, desde el seno materno me llamabas; desde las entrañas de mi madre pronuncibas mi nombre.
(Is 49, 1)
Tú amor Señor es el que me santifica. No son mis obras, ni mis esfuerzos los que me hacen digno, sino tu amor gratuito. ¡Qué pueda abrazar tu amor y darlo con la misma generosidad con que tú me lo das!
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez el 1 de Noviembre de 2007 |

