Las bienaventuranzas no son ningún programa de vida

Cristianismo, Justicia, Paz e Integridad de la Creación, Meditación 2 Comentarios »
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Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Mt 5,1-12

Una mala comprensión de las bienaventuranzas ha hecho que muchos predicadores las presenten como un programa de vida, dando a entender que la pobreza, el sufrimiento, la persecución… son cosas buenas. Para ello han espiritualizado los términos, haciendo un flaco favor a los pobres y a los que sufren, al evangelio, a Dios. Nada más lejos de la intención de los evangelistas, nada más lejos del mensaje de Jesús.

La pobreza, el llanto, la persecución no son nada deseable, no son cosas buenas de por sí, es más, destruyen la dignidad del hombre. Las bienaventuranzas son una declaración del compromiso que Dios ha tomado con los pobres, los perseguidos, los que lloran… para rescatarlos de esta situación. La vida y las palabras de Jesús nos muestran como Dios se ha puesto del lado de los hombres y mujeres a los que se les ha arrancado la dignidad. No se es bienaventurado por ser pobre, si no porque Dios ha tomado partido por el pobre.

En otras palabras, las bienaventuranzas no son los nuevos ‘mandamientos’ del pueblo cristiano, como algunos han querido ver en un Jesús que parecía ser presentado como un nuevo Moisés. El mensaje de Jesús es su persona misma entregada por los ‘perdidos, enfermos y alejados’, y no un manual de conducta.

Sin duda, comprender vitalmente esta presencia de Dios en mi vida, en mis pobrezas, sufrimientos, debilidades, alejamientos, me puede abrir a la respuesta de amor que Dios espera de un hijo. Jesús inaugura para nosotros una nueva forma de relación con Dios: la de hijos, y ya no más la de siervos. La primera responde al amor con amor, la segunda responde con sumisión al miedo.



Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez Bio de  Daniel Pajuelo VázquezEntradas escritas por Daniel Pajuelo Vázquez

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