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Dialogar no es imponer, es sobre todo escuchar y, por eso, saber y entender lo que dice el otro. Dialogar es aceptar de entrada que el otro no haga lo que yo quiero: y que si logro convencerle habrá que llegar a un consenso hecho de mutuas renuncias.

De la Revista Cristianismo y Justicia

Artículo:Tormenta en un vaso de agua

Publicado por María Arias Cabello el 7 de Octubre de 2006
Categoría: Meditación
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