Sígueme

“Si queréis conocer el mundo de la magia y de los sueños, venid conmigo”, nos dice Martin Scorsese por boca de Georges Méliès, en “La invención de Hugo”, hermosísimo y fantaístico homenaje al cine, en sus inicios, recreado hoy.

La magia del cine. Su luz en la oscuridad: Venid conmigo, al mundo de la fantasía.

Sígueme, le dice Jesús en el evangelio de hoy a Mateo. E inmediatamente, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Y entró en el mundo del que quiera ganar su vida la perderá, y el que pierda su vida por Jesús y el evangelio la llevará a la plenitud.

La fuerza de la Palabra. Su luz en la vida, iluminando mi oscuridad.

Sígueme en tu realidad.

Las tres caídas

 

Ahora que se acaba de celebrar la feria de las vanidades del arte, siempre minúsculo, llamado  Arco, esta vez valga la mayúscula del absurdo, donde se exhiben tantas astracanadas caras, tantas mamarrachadas bajo el pomposo nombre de instalaciones, tantas vaciedades de vaciedades, tantos “sustos baratos”, en palabras de Ramón Gaya,  cultos fatuos al valor impuesto por el mercado, conviene, de vez en cuando, contemplar la naturaleza y dejarse de zarandajas pretenciosas.

Contemplar la naturaleza nos brinda el deseo de que nuestra alma se anegue dulcemente en este mar. Como el propio Leopardi, en su infinito poema que hace vibrar las cuerdas más sutiles de nuestro deseo de trascendencia en la realidad. Una pequeña colina, un horizonte sin límites, la belleza interior en la profundidad, desde el silencio, alcanza a despertar el sentimiento más real y sincero que puede manifestarse, al ser humano: el deseo de entablar relación con lo que trasciende, con Dios.

Vo comparando: e mi sovvien l’eterno,
(…)Cosí tra questa
Inmensità s’annega il pensier mio:
E il naufragar m’è dolce in questo mare

Voy comparando: y me acuerdo de lo eterno,
(…).Así en esta
Inmensidad mi pensamiento se hunde:
Y el naufragio me es dulce en este mar.

Contemplar la naturaleza, la más cercana, la que tenemos a mano, sin necesidad de soñar espacios lejanos en los Himalayas, o en playas de Caribe, publicitariamente llamadas paradisíacas, que también podemos encontrar en tantos mares que rodean la península Ibérica, o en  sus islas.

Contemplar la naturaleza y ser recreado por ella. Un atardecer en el Parque del Buen Retiro, de Madrid, nos puede brindar una sencilla y habitual puesta de sol, que por obra de la mirada enamorada se convierte en un momento espectacular, de intensidad inaudita. En sí y en la mirada del que mira dispuesto a dejarse asombrar por el propio asombro.

Contemplar la naturaleza, en ese instante, este día concreto, me hace ser consciente de una triple caída, como las de Jesús camino del Calvario.

Caída del sol, atardecer hermoso, la luz se adentra en la noche dejando en tanta belleza de luz iluminada, la promesa del amanecer, de la resurrección, llena de matices y de luces arreboladas.

Caída del ángel. Contemplar mi naturaleza caída, que quiere ser como Dios, creadora y potente, y que en ese acto de soberbia me hace caer en el lodo del pecado. Caigo en la cuenta al contemplar al Ángel caído, la única estatua al Demonio en un parque público, monumento que siempre me atrae con su fuerza.
Infiel a su naturaleza santa, celestial, el ángel cae y  se condena a no permanecer en la hermosura de la luz liberadora,  ofrecida. Ya no alcanzará la luz de Dios, alejándose cada vez más del ser amor gratuito. Caída en el pecado, tan frecuente y para tana gente tan desesperanzadora si no se abren a la Gracia de Dios.

Caída de nuestro ego ante tanta belleza y tanta realidad esclarecida. Caída liberadora, purificadora.

Con estas  tres caídas que me brinda la naturaleza, en este paseo vespertino, vuelvo a la comunidad lleno de Arte.Al entrar en la habitación cojo de la mesilla “El libro  de la misericordia”, de Leonard Cohen, y rezo

A los ojos de los hombres cae, y a sus propios ojos también. Cae desde su alto lugar, tropieza con su éxito. Cae hacia ti, cae para conocerte. Es triste, dicen. Mira su desgracia, dicen los que le pisan los talones. Pero el cae radicalmente hacia la luz que cae. Ellos no pueden ver al que le alza mientras cae, o cómo cambia su caída, ni a él mismo perplejo hasta que su corazón grita para bendecir a quien le sostiene en su caída. Y en su caída oye a su corazón gritar, su corazón le explica porqué está cayendo, por qué tenía que caer, y él se entrega a la caída.
Bendito seas tú, sostén de la caída. Cae hacia el cielo, cae hacia la luz, nadie puede hacerle daño mientras cae. Bendito seas tú, escudo de la caída. Envuelto en su caída, oculto en su caída, encuentra el lugar donde es recogido. Mientras el pelo ondea y sus ropas se desgarran al viento, es sostenido, consolado, entra en el lugar de su caída. Bendito seas tú, abrazo de la caída, fundamento de la luz, señor del accidente humano.

Martin Garzo y las vírgenes suicidas

No tiene desperdicio el artículo de Martín Garzo el El País de hoy, titulado Las vírgenes suicidas. Como siempre da gusto leerle y acompañarle en la reflexión: el sentido de la cultura, el vacío actual, e sentido de la vida, la función de la literatura…

Recojo solo una cita de esta últma sección

Los hombres y las mujeres actuales viven sin apenas poner límites a sus deseos, y sin embargo pocas veces han tenido menos cosas que contarse. La ausencia de relatos define su convivencia, y la política actual es el ejemplo más visible de esta dolorosa carencia. La crisis de la cultura del relato oculta, una crisis más honda: esa pobreza de la experiencia de que habló Benjamin. Y la experiencia tiene que ver con la palabra y el relato, pues vivir es encontrar cosas que contar y compartir: el cuento de nunca acabar. La literatura es el trabajo de la ostra: toma un instante en apariencia banal y lo transforma en algo que tiene el poder de revelar lo que somos. Por eso dice Proust que “la verdadera vida, la única vida realmente vivida es la literatura. Gracias a ella se nos revela el mundo. Sin la literatura, nuestra propia vida nos sería desconocida”.

 

 un mundo cuyas historias nadie recuerda, es todo lo que tenemos. Para volver a hablar necesitamos recuperar la memoria de los bellos relatos

El hombre no puede alimentarse sólo de realidad. Necesita relatos que le permitan transformar las pequeñas circunstancias de su vida en algo significativo y precioso que pueda compartir con sus vecinos. Por eso es tan decisiva la cultura. Si la comparamos con una hoguera lo que importa, como decía Benjamín, no es hablar de la madera que la alimenta sino del misterio de la llama que la hace arder. Sólo ella “custodia un enigma: el de la vida”. Avivar esas llamas es lo que necesitamos

La pascua de Wislawa Szyborska

Tiene un nombre difíclmente pronunciable en castellano, pero su poesía, que es el verdadero lenguaje, es transparente, cristalina, sencilla y pura como la luz tamizada que baña las llanuras de su tierra natal, Polonia. Murió el primer día de febrero de este año: Wislawa Szyborska.

Había nacido en 1923 y recibido el Nobel de literatura en 1996. Uno de esos nóbeles que todo el mundo ve como un regalo del cielo. Hace ya unos cuantos años nos dieron un poema suyo en una vigilia de Pentecostés. Su primer verso decía

Es urgente inventar nuevos atajos

e iba recorriendo urgencias llenas de poesía:

descubrir nuevos horizontes, abrir sendas al viento, habitar otras noches pobladas de luciérnagas.

Siempre la luz iluminando la oscuridad, la anchura en el aprieto, el camino del viento susurrado, el camino del Espíritu. Quizá por eso fue un poema que me enamoró de esta poetisa.

Eran tiempos, los de mi lectura, en que andada empeñado en la renovación de la vida religiosa, en odres nuevos para un vino nuevo, en novas bellas, y me cautivó leer:

Es urgente izar nuevos versos, escalar nuevas metáforas y traer esperanzas reprimidas por la angustia.

Siempre he pensado que la vida religiosa tiene que ver con la poesía, con el tenue vibrar de una emoción que conmociona al escuchar la llamada, sígueme, y caer rendido, sin remisión posible, en los brazos del Amado. La vida religiosa, metáfora del amor más radical. La vida religiosa, la vida cristiana, que nos pone en movimiento, pues somos homo viator, hombres caminantes, que van hacia donde nacen los sueños, esculpiendo la vida con nuevas y bellas artes, al igual que el Artesano que siempre nos recrea. Origen y Destino, Alfa y Omega, principio y fin en Cristo.

Es urgente partir sin miedo, sin miedo y sin demora, hacia donde nacen sueños, buscar nueva artes de esculpir la vida.

Seguro que la escritora, llena de poesía, estará donde nacen los sueños de la eternidad.

Años después escribí a mano esta poesía en una postal de “La mañana de Pascua”, de Caspar David Friedrich. Y desde entonces la tengo en mi breviario. La mañana de Pascua, obra que también tiene enormes resonancias. Tuve una reporducción, tamaño poster, enmarcada en mi despacho, delante de la mesa de trabajo.

La mañana de Pascua, la luz está en plenitud, resucitada, aunque las mujeres estén en todavía en la noche. Está vivo quien creen muerto en el sepulcro.

La mañana de Pascua es un óleo muy pequeño, 43,7×34,4cm, que podemos admirar en el Thyssen de Madrid. Nos dicen de él:

“Silencioso y de honda quietud, contiene un simbolismo, alusivo a la vida y a la esperanza, marcado por la personal interpretación religiosa del pintor. Unos personajes de espaldas se disponen en un sendero como pequeñas figuras en la inmensidad de un paisaje invadido por la luna, visible todavía en lo alto del firmamento, que se contrapone con su resplandor al amanecer. Esta contraposición se ha interpretado como un signo alusivo a la muerte y resurrección.”

Muerte de la poetisa, que renace en sus versos, ahora, aquí, en este momento en que escribo esto. Vida que me acerca a la Vida del Espíritu cuando leo sus poemas, tan llenos del luz:

Es urgente inventar nuevos atajos,
encender nuevas antorchas
y descubrir nuevos horizontes.
Es urgente romper el silencio,
abrir sendas al viento
y, paso a paso,
habitar otras noches
pobladas de luciérnagas.
Es urgente izar nuevos versos,
escalar nuevas metáforas
y traer esperanzas
reprimidas por la angustia.
Es urgente partir sin miedo,
sin miedo y sin demora,
hacia donde nacen sueños,
buscar nueva artes
de esculpir la vida.

Amén.

 

 

Tàpies, con minúscula

Como siempre pones un cuadro en tus comentarios a la Palabra de Dios quería compartir contigo la pena que me produce la muerte de Tàpies. La semana pasada pasé con mis hijos por el Reina y como siempre me quedé extasiada delante de sus cuadros. Siempre me producía una profunda impresión ver la cruz en todos ellos entre tanta materia y revoltijo (detallito que nadie ha señalado hoy, por cierto) signo de un hombre profundamente enamorado del Absoluto, tomara la forma que tomara… y después de Tàpies, o delante, o al lado estaba mi admirado Manolo Millares, otro personaje cuyos cuadros me transportan siempre más allá de lo conocido.

Esto me escribe mi amiga Beatriz, a la que tanta belleza debo.
La fuerza del arte: el arte que transporta, sin explicación posible, más allá de lo racional, y trasciende. El arte como puerta abierta a al misterio de la vida. El arte que hace vibrar, que conmueve, que nos pone delante del Misterio.

Escribo arte con minúscula, pues a Tàpies – a pesar de tantos elogios como recibe tras su muerte, esta semana- no lo considero poseedor de la mayúscula en el Arte. Reconozco la fuerza primigenia de sus obras, la carnosa presencia de la tierra, el poder de su materia hecha lienzo, la ruptura con lo habitual…es verdad que su obras me atraen y suscitan asombro…pero el arte es más sencillo. En el Arte el artista desaparece, y en los cuadros de este artesano siempre veo a Tàpies, no la Pintura.

Poeta de la materia, la interioridad secreta de las cosas, buscador de lo inesperado…son títulos que le han dado en los periódicos…títulos que han resonado en el camino hacia el Absoluto.

La cruces de sus cuadros siempre me han interrogado. ¿Qué son estas cruces en medio de la materia, del óleo, del barro, de las vendas? ¿Qué tienen que ver con la cruz de Cristo? Como no encuentro respuesta, callo y contemplo. Tratando de acercarme al misterio que las obras de Tapies encierran…puertas que se abren al más allá, donde el Absoluto, Dios mismo, se habrá desvelado para este pintor que acaba de fallecer. Descanse en paz.

Mano vacante

Comienzo a escribir en Nova Bella y me gustaría que los post estuvieran escritos con una mano vacante, como la mano del pintor Ramón Gaya. Desaparece el pintor, entra la Pintura. Desaperece el artista, se accede al Arte. Desaparece el yo, se vislumbra intuitivamente al Absoluto.

Mano vacante

La mano del pintor –su mano viva–
no puede ser ligera o minuciosa,
apresar, perseguir, ni puede ociosa,
dibujar sin razón, ni ser activa,
ni sabia, ni brutal, ni pensativa,
ni artesana, ni loca, ni ambiciosa,
ni puede ser sutil ni artificiosa;
la mano del pintor –la decisiva–
ha de ser una mano que se abstiene
–no muda, ni neutral, ni acobardada–,
una mano, vacante, de testigo,
intensa, temblorosa, que se aviene
a quedar extendida, entrecerrada:
una mano desnuda, de mendigo.

Ramón Gaya